Transformar estructuras y valores

La transformación de como concebimos la realidad y como funcionamos en ella es un proceso permanente; hace a los ciclos de la vida y de la historia y en ese sentido es inevitable, lo cual no implica que la direccionalidad de los cambios esté pre-determinada. Si bien existen condicionantes paramétricos (que a su vez cambian con los tiempos) y una diversidad de circunstancias aleatorias, también se abren espacios en los que nuestras elecciones y la determinación para llevarlas a cabo pesan fuerte. Esto es, que en un mayor o menor grado tenemos la capacidad de incidir en la evolución de los procesos transformadores. Transformación que incluye a las estructuras socioeconómicas que sirven de sustento a un cierto rumbo y a una cierta forma de funcionar de nuestras sociedades.

Igualmente importante es reconocer que los intereses hegemónicos que prevalecen en una comunidad suelen estar consagrados en los valores que consciente o inconscientemente profesamos y, por ende, para poder impulsar una transformación que se sostenga en el tiempo también debemos revisar los mensajes y orientaciones que nos llegan encriptados en el seno de los valores.

Esta apreciación es válida tanto para países del mundo en desarrollo que encaran fuertes y turbulentos procesos de cambio como para aquellos que detentan posiciones dominantes en el escenario global. En este número de Opinión Sur abordamos algunas de estas críticas cuestiones.

Cordial saludo,

Los editores

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