Reducir la vida al propio ombligo

Es posible definir soluciones que favorezcan al conjunto social pero las complejidades de las relaciones humanas, la enorme diversidad de intereses, las confrontaciones étnicas y políticas que aun producen consecuencias, las diferencias ideológicas, de información y de tradiciones, tiñen la búsqueda y la viabilidad de esas soluciones. Cada iniciativa que implica transformaciones sociales orientadas al bien común moviliza a quienes ven afectados sus privilegios; utilizan las fuerzas de que disponen (económicas, mediáticas, políticas, judiciales, ideológicas) para resistir y evitar los cambios. En ese contexto se azuzan los antagonismos y se crean situaciones que permiten sostener arteramente posiciones que sería muy difícil de defender a campo abierto. En lugar de erguirse por sobre la mezquindad de intereses que atentan contra el medio ambiente, la cohesión social y la resolución pacífica de las diferencias geopolíticas, los humanos somos empujados hacia antagonismos que nos llevan a desaprovechar el enorme potencial que entraña la diversidad. El privilegio cuenta con la desinformación que controla y la complicidad del pensamiento hegemónico, a lo que suma su habilidad para gatillar miedos ciertos o irracionales que anidamos en nuestro interior. Pero si esto fallase, es decir si la democracia manipulada no fuese capaz de preservar sus intereses, queda la fuerza para doblegar a los que no son o piensan o sienten de la misma manera.

Es cierto que no son pocos los desafíos a enfrentar y, sin embargo, encararlos hace al camino de superación que toca recorrer. Es una marcha de antigua data que sustenta el desarrollo -y en algunos caso el colapso- de las civilizaciones. No es casualidad que ante la magnitud de los miedos y de la desorientación tantas personas se atrincheren sólo en lo suyo y acudan a soluciones alienantes como las adicciones, el consumismo sin sentido, el ninguneo de sus semejantes, el demoledor «no te metás». Reducir la vida al propio ombligo no construye bienestar ni reduce un ápice la ansiedad y los temores que nos son fogoneados día y noche.

Cordial saludo.

Los Editores

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