¿Equidad, justicia, solidaridad, siquiera compasión o misericordia?

Ninguna persona, ningún grupo económico, ningún país puede acumular desaforadamente riqueza (y el consecuente poder decisional) tan sólo con su esfuerzo. Siempre, de forma abierta o encubierta, lo hace aprovechándose de otras personas, otros grupos económicos, otros países. Es imposible explicar las enormes, no las moderadas, desigualdades sin considerar algún grado, alguna modalidad de apropiación de lo que “otros” han generado. Esto es, el abuso de poder de unos se materializa en la postergación, el rezago de muchos. Unos viven en la opulencia a expensas de mantener a enormes mayorías en la pobreza, la indigencia o, cuando menos, en niveles de bienestar abrumadoramente inferiores a los del privilegio y la prepotencia.

Hasta dónde avanzará la codicia sin fin, el afán de poder, la alienación mental y existencial de quienes dominan el mundo, los países, los territorios. Es conocido que las desigualdades llevan a recurrentes crisis de inestabilidad sistémica, donde muchos sufren y unos pocos las sortean de tal forma que emergen aún más poderosos. Se sabe también que ese mismo proceso de irresponsable codicia está golpeando al planeta comprometiendo la vida de la humanidad; ignoran que el planeta es de respuestas contundentes y que ni siquiera los privilegiados podrán aislarse de sus consecuencias. En verdad, cada vez se angosta más el margen social y ambiental para sostener esta marcha destructiva; los diques de contención de la frustración de pueblos enteros nunca resistieron eternamente. Cuando el planeta reacciona no hay forma de ignorarlo.

Las pandemias sanitarias muestran el desborde de virus, gérmenes y bacterias. Hubieron en el pasado y gran parte del mundo las ignoró como si fueran accidentes momentáneos. Hoy asalta a todos los países una nueva variedad de coronavirus, el temible Covid 19. ¿Cómo reacciona el mundo? desde la improvisación y la esforzada protección que brindan como pueden los valientes de la salud y quienes los secundan. Las medidas de cuidado y prevención más las vacunas que se producen a la carrera señalan un camino. Medidas preventivas que practiquen todos y vacunas que reciban todos. ¿Todos? ¿Por qué todos?, dicen los poderosos. Primero nosotros, como siempre, el resto que espere y que mueran “los que tengan que morir”. Por cierto “ellos” son los ya castigados por la concentración; “nosotros” los dominadores encubriremos nuestro egoísmo y acumularemos todas las vacunas que podamos. ¿Equidad, justicia, solidaridad, siquiera compasión o misericordia? Qué significa ese “palabrerío”, preguntan.

Duele, duele mucho y profundo esas conductas.

A pesar de todo, cordial saludo a nuestros lectores. Nadie baja los brazos.

Los Editores

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