Desmontar los motores de la concentración

Frente a la destructiva dinámica que impone el proceso de concentración de la riqueza y del poder decisional, deviene crítico comprender lo que sucede y, en particular, porqué los procesos se desarrollan como lo hacen. El esclarecimiento social no debiera rezagarse ante los cambios de circunstancias y la capacidad de los opresores de generar nuevos y diversos mecanismos de sometimiento. Los motores que impulsan la concentración hacen al núcleo duro de la realidad contemporánea que es necesario transformar.

 

La tremenda concentración de la riqueza que existe en el mundo es realizada por pequeñas minorías de la población a expensas de enormes mayorías. Mayorías  castigadas, dejadas atrás, olvidadas, ninguneadas por quienes se hicieron con el timón de la marcha del planeta: poderosos capitales trasnacionales que operan globalmente.

Toca dilucidar qué hacer frente a la concentración económica y del poder decisional. En principio todos los esfuerzos son necesarios porque, de una forma u otra, procuran poner un límite a la inmisericorde trayectoria que se le ha impuesto a la humanidad y al planeta. De ahí que no corresponda desalentar la diversidad de esfuerzos desarrollados, incluyendo aquellos que, alejados de transformar los factores que sostienen y reproducen la concentración, procuran encarar sus peores efectos. Es que no admite dilaciones la crítica situación de personas abandonadas al hambre, la enfermedad y la inseguridad. Sin embargo, es de importancia estratégica distinguir entre esfuerzos orientados a atender la gravosa emergencia social de aquellos que procuran desmontar motores que generan y reproducen la concentración económica y decisional. Si no se apuntase a desmontar esos motores y sólo nos dedicásemos a compensar lo más nefasto de sus resultados, seguiríamos atrapados en un proceso casi fútil de correr tras las consecuencias de la concentración sin eliminarla o reducirla a una mínima expresión.

Quede claro que desmontar los motores de la concentración no sólo involucra acciones económicas sino también ambientales, geopolíticas, culturales, educativas, tecnológicas, de salubridad, entre otras. De ahí que la acción transformadora deba desarrollarse con la especificidad que requiere cada frente de actuación pero situándola en una perspectiva comprehensiva.

Un gravoso fetichismo: la primacía del dinero

El planeta y la humanidad no son máquinas para hacer dinero. Eso es un fetichismo que ha causado inmenso mal y en buena parte explica que no podamos vivir nunca en un mundo pacífico, no represivo, de generalizado bienestar y responsable cuidado ambiental. Los motores que reproducen la concentración hacen parte de esa extendida alienación con la que nos han procurado convencer que está bien que la economía reine, conduzca, organice a la humanidad. Por el contrario, la economía debiera ser un instrumento, de los varios que existen, al servicio del bienestar general y el cuidado ambiental, propósitos muy diferentes a los del lucro de poderosos codiciosos.

Aquel dogma de dejar los lobos financieros avasallar al mundo porque de allí surgiría un derrame que mejoraría la situación de todos no se ha cumplido; sólo sirvió para sostener y reproducir los privilegios de unos pocos. No ha sido el salvajismo financiero fuente de bienestar para las mayorías del mundo ni tampoco ha detenido sino agravado el deterioro ambiental. Incluso las poblaciones de países centrales que en tiempos de colonización de otros pueblos se beneficiaron de la extracción de valor que sus países impusieron a sus colonias, hoy también son asfixiadas por un proceso de concentración que no se detuvo en sus fronteras; inmensos segmentos de sus sociedades van cayendo unos tras otros al despojo que antes sólo era aplicado a las naciones que sometían.

Por cierto que este proceso desbocado e inhumano de concentración no es algo inevitable ni está allí para perdurar indefinidamente. Quienes acumulan prebendas señalan que el mundo es así y no hay mejores opciones. Algo semejante a otras épocas cuando se consideraba a la esclavitud, a los esclavos, como un hecho natural que duraría para siempre. O cuando autoritarismos de toda clase procuraban instalar la creencia que serían eternos; sin embargo y a pesar de los poderosos instrumentos que dispusieron para imponerse, han ido desapareciendo.

Otros rumbos y formas de funcionar

 Hoy el desafío pasa por establecer otro rumbo global y local y otras formas no alienadas de funcionar que protejan al planeta y favorezcan al conjunto de la humanidad. Claro que esto se logrará con otros timoneles sujetos al escrutinio público y que cuenten con un firme y esclarecido apoyo popular. No sirve reemplazar una dominación por otra, un sometimiento por otro.

Sin embargo, el mundo ha cambiado velozmente y ha dado lugar a nuevas hegemonías ahora globales. La concentración del poder económico dio paso a una clase capitalista trasnacional que, con vergonzosas complicidades locales, va logrando capturar una a una a nuestras imperfectas democracias. A través de falsos equilibrios macroeconómicos que no consideran desigualdades e injusticias sociales ni tampoco la destrucción ambiental que provocan, subordinan por completo los intereses de enteras naciones a su desaforado afán de lucro sin fin ni límite. Para lograrlo utilizan diversas combinaciones de control social; moldean subjetividades, amordazan el albedrío o van por la represión directa de modo de contener y dividir reacciones. Necesitan mantener fragmentadas nuestras sociedades.

Estrategias para desmontar algunos de los principales motores de la concentración 

  • Desmontar mecanismos de acumulación de poder económico

Esto incluye (i) abatir actividades de especulación financiera gravando con firmeza la renta financiera y controlando movimientos desestabilizadores de los capitales golondrinas; (ii) fortalecer entidades financieras públicas y comunitarias de modo de retener el ahorro local y asegurar que se canalice en apoyo a la economía real, muy particularmente de pequeños y medianos productores asociados en organizaciones económicas de buen desempeño socioeconómico; (iii) eliminar la tremenda evasión impositiva y la fuga de capitales que desfinancia la acción del Estado y perjudica a quienes cumplen con la ley; para ello habrá que reforzar el accionar de los entes recaudadores y aplicar una efectiva legislación penal tributaria focalizada en los grandes evasores; (iv) transformar la matriz productiva nacional de modo de avanzar hacia un crecimiento orgánico e inclusivo del sistema económico; esto es, impedir que sigan ocurriendo recurrentes estrangulamientos como son los del sector externo al tiempo que se promueve la plena movilización de la capacidad productiva nacional, eliminando estructuras oligopólicas que succionan valor de otros actores y afectan su formación de capital; (v) establecer instancias de concertación de intereses al interior de las cadenas de valor de modo que quienes las lideran no sean los únicos favorecidos en detrimento del conjunto de pequeños y medianos emprendimientos productivos, crítico componente del mercado interno; (vi) impedir el sobre endeudamiento soberano limitando el endeudamiento externo al financiamiento de insumos y bienes de capital no producidos internamente que sean necesarios para expandir la infraestructura social y productiva del país.

  • Desmontar trincheras mediáticas y judiciales resistentes a las transformaciones

El poder económico impone instituciones que luego perduran en el tiempo y sirven para preservar la dinámica económica, mediática y judicial que protege y sustenta sus privilegios. El marco legal presenta ambigüedades que sectores de la justicia interpretan sesgadamente para favorecer a los grupos concentrados de los cuales son cómplices. El Poder Judicial suele ser el menos democrático de los poderes del Estado con camadas de jueces y fiscales elegidos por pares que son afines al poder económico; conforman un sistema que no se renueva y ajusta a las transformaciones que se presentan en todas las sociedades. De igual modo, el control que ejerce el poder económico sobre los medios de comunicación les permite manipular la opinión pública imponiendo agendas y perspectivas; someten la voluntad popular colonizando mentes y demonizando a opositores. Este control decisional se completa con la influencia que los grupos concentrados ejercen sobre pronosticadores y calificadoras de riesgo.

Será necesario entonces (i) establecer procedimientos para transparentar la composición y el accionar del poder judicial; (ii) adoptar legislación que impida la concentración mediática posibilitando que una diversidad de voces, intereses y perspectivas puedan expresarse y mantenerse sustentables; (iii) adoptar otro tipo de calificadoras de riesgo no sometidas al interés de quienes las contratan sino del conjunto social en el que operan inversiones y proyectos; (iv) promover el funcionamiento de una variedad de usinas de pensamiento estratégico de modo que puedan contrastarse diferentes perspectivas y proyecciones.

  • Desmontar mecanismos de sometimiento cultural

El poder concentrado procura instalar la noción que la defensa de derechos básicos atenta contra el desarrollo nacional. Por eso se oponen, por ejemplo, a aumentar, o cuando menos preservar, la capacidad adquisitiva de los salarios o asegurar transferencias para cubrir la emergencia social. Aducen escasez de recursos y problemas de déficit fiscal mientras no cesan de capturar ingentes montos financieros a través de reducciones de cargas tributarias y desregulaciones de todo tipo que les permiten aumentar sus tasas de ganancia. No tocan la renta financiera, la minera, los enormes beneficios de exportadores que son subsidiarias de multinacionales, lo que obtienen los monopolios proveedores de electricidad, gas, agua o comunicaciones. Ese tipo de argumentos desubican al pueblo mal informado, apuntan a la propia culpa, a paralizar voluntades.

El desafío cultural y político orientado a esclarecer a las mayorías poblacionales hace a un permanente y no ocasional esfuerzo por (i) comprender lo que sucede facilitando que organizaciones sociales, centros universitarios y la población en general accedan en pie de igualdad a información relevante y a diferentes perspectivas explicativas; (ii) impedir que los cuantiosos recursos que controla el poder económico puedan decidir elecciones; es inadmisible que elijan a quienes conducen los asuntos públicos desvirtuando las normas que regulan el financiamiento de la política; (iii) habrá entonces que controlar mucho más allá de lo aparente y formal los aportes financieros a los partidos políticos, como es la extendida modalidad de favores cruzados (es el caso, entre otros, de obras públicas concedidas a empresas que luego financian las campañas de quienes les favorecen);  (iv) cada medio de comunicación puede sostener una línea editorial pero, dada la tremenda concentración de medios que prevalece en el mundo, no cabe que concedan mayores espacios a sus favoritos políticos aparentando equidad de cobertura; esto necesita ser regulado y firmemente supervisado; (v) dada la asimetría de recursos que existe entre quienes financian a sectores políticos afines con el orden concentrador y quienes respaldan proyectos de transformación, es imprescindible nivelar con recursos públicos tan disímiles fuentes de financiamiento.

  • Mecanismos electorales que permiten manipular la voluntad popular

 En los procesos electorales, el debate político es una instancia crítica para conocer posiciones, propuestas, personalidades y las trayectorias de los candidatos. Sin embargo, el debate que nos es impuesto hace del proceso electoral una operación de marketing. En lugar de contrastar visiones, programas, proyectos, la preferencia electoral se sustenta en empatías impostadas, teatralidades, consignas, escenarios de fantasía donde cortinas musicales, gestos y sentimientos prefabricados remedan situaciones de alegría y felicidad que se presentan como informales y espontáneas. Un equipo de vendedores de imagen y de ilusiones vacía de significación a la política reemplazándola por spots publicitarios que ocultan indefendibles intereses. Sólo partidos políticos afines al poder económico son privilegiados por los medios y financiados por los grupos concentrados.

Lo que resulta gravísimo es que la estructuración actual de las redes sociales hace posible el robo o adquisición de millones de perfiles de usuarios para atrapar votantes con mentiras y engaños. Con esas ventajas, el poder concentrado utiliza modelos de marketing directo personalizado (microtargeting), basados en algoritmos para segmentar grandes masas de información que complementan con psicología cognitiva y así actuar selectivamente sobre esas específicas personalidades. Se practica una comunicación individualizada, conociendo de antemano qué mensaje quiere escuchar cada uno de los receptores.

Este moderno instrumental aumenta exponencialmente la manipulación electoral, no sólo de incautos sino de enteros segmentos poblacionales cuyas subjetividades son arteramente moldeadas por quienes controlan los medios, la TV, las redes sociales y otros formadores de valores y opiniones. Cuando el proceso electoral está así trastocado por los grupos de mayor poder se transforma en instrumento de protección de los intereses y la reproducción de ese poder.

  • Mecanismos post electorales de sometimiento

Una vez establecidos, los gobiernos electos son sometidos al permanente lobby de poderosos grupos de presión que procuran extraerles políticas públicas y contratos que les favorezcan. Estas presiones abren enormes y encubiertos espacios que atentan contra los intereses del conjunto de la sociedad y del cuidado ambiental. Esto incluye diferentes tipos de corrupción, entre otras, pagos ilegales para ganar licitaciones, amiguismo o nepotismo al establecer regulaciones ambientales y designar funcionarios y empleados públicos, así como, algo mucho más grave, la imposición de políticas públicas que atenten sin defensa posible contra un desarrollo justo y sustentable favoreciendo a los grupos concentrados.

Tampoco existen sistemas de monitoreo de las promesas, mentiras o engaños que suelen pulular en las campañas electorales. La impunidad por engañar a los votantes es casi total al punto que algunos políticos que han ganado elecciones en base a mentiras han admitido que de haber sincerado las políticas y medidas que pensaban aplicar no hubiesen triunfado. Quedan permanentemente sin sanción engaños e incumplimientos.

Para eliminar estos mecanismos post electorales habrá que desenmascarar las influencias y eventuales dádivas que reciben legisladores, funcionarios ejecutivos, judiciales y medios. Esta es responsabilidad primaria de las entidades que auditan el accionar público junto con organizaciones sociales independientes que persiguen toda forma de corrupción.

Por su parte, organizaciones sociales, centros universitarios y asociaciones defensoras de derechos procuran reforzar los seguimientos que ya realizan para confrontar el accionar de gobiernos, y también de opositores, con sus promesas y compromisos electorales. Esta información enriquecería el debate político y alimentaría el proceso de esclarecimiento de la entera sociedad. Hasta tanto pudieran encontrarse soluciones profundas y bien pensadas al menos, por ejemplo, se podría confrontar a los candidatos con no menos de 10 cuestiones fundamentales para la sociedad y dejar constancia de las respuestas; y al final de esa consulta preguntarles (i) que castigo merecerían si traicionasen una respuestas y (ii) qué castigo merecerían si traicionasen cinco o más de esas respuestas.

El poder y lo político

Liberar democracias capturadas por grupos concentrados exige conformar un contra poder ciudadano que sea capaz de conducir estos nuevos procesos contemporáneos de liberación. No se ignora que el tema del poder, quiénes y cómo lo ejercen, en qué se sustenta y, por cierto lo más importante, cómo se lo transforma, es una cuestión determinante para el destino del planeta y la entera humanidad.

Sociedades con cada vez mayor nivel de esclarecimiento y organización devienen el principal sustento de democracias verdaderamente plenas, diferentes a las apañadas democracias que predominan en el mundo. Liberar democracias capturadas en un contexto de creciente esclarecimiento no es un esfuerzo ocasional o esporádico sino permanente. Es peligrosísimo creer en mecanismos neutros que arreglarían por su cuenta los problemas que nos aquejan. Confiar en algún mágico “control remoto” o descuidarse en prolongadas siestas son actitudes que preanuncian gravosos naufragios. El accionar de sociedades que cuidan de la Madre Tierra y de todos sus habitantes sin exclusiones ni inequidades necesita ser sostenido, renovado y profundizado en el tiempo.

Toca explorar nuevas o reforzar existentes modalidades de organización social, ampliar la participación popular (nadie silenciado o prejuiciosamente desvalorizado), respetar el escuchar y aunque no sea sencillo, absorber todo lo mucho que la diversidad social tiene para ofrecer.

Cerramos estas líneas reflexionando sobre la soberbia (siempre en acecho) de creer que somos portadores de la única trascendental verdad. Ya demasiados fundamentalismos han venido amenazando lo mucho y diverso que anida en la humanidad. Vale pues insistir que la diversidad es fuente de otras verdades, conocimientos y perspectivas que ameritan ser consideradas, en especial voces y lenguas silenciadas que no disponen de plataformas para ofrecer su contribución y mucho menos de altavoces para hacerla llegar a otras latitudes.

Mi saludo al lector.

 

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