Novedades
  • Salir de la encerrona

    El proceso de concentración del poder decisional, que viene de la mano con la desaforada concentración de la riqueza, nos ha llevado a una asfixiante encerrona. Hay sometimientos y peligros por doquier; prebendas para unos pocos y castigos para inmensas mayorías. La trayectoria impuesta se ha tornado social y ambientalmente insostenible. Habrá que cambiar el rumbo y la forma de funcionar para bien del planeta y de la humanidad. Es un momento que exige precaución ante maliciosos cantos de sirenas y trabajar, en cambio, por establecer sustentables opciones. Identificar nuevas circunstancias que amenazan al mundo, desmontar motores que generan concentración, ...

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  • Desmontar los motores de la concentración

    Frente a la destructiva dinámica que impone el proceso de concentración de la riqueza y del poder decisional, deviene crítico comprender lo que sucede y, en particular, porqué los procesos se desarrollan como lo hacen. El esclarecimiento social no debiera rezagarse ante los cambios de circunstancias y la capacidad de los opresores de generar nuevos y diversos mecanismos de sometimiento. Los motores que impulsan la concentración hacen al núcleo duro de la realidad contemporánea que es necesario transformar.

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  • Un Mundo Amenazado

    La democracia verdadera está en amplio retroceso, a veces a la plena luz del día; otras veces, sin que casi nos demos cuenta. Se ve amenazada desde arriba por gobiernos despóticos y corruptos (muchos de ellos elegidos), y desde abajo por una población distraída y desinformada.  Es hora de despertar y luchar desde la sociedad civil y desde las  instituciones idóneas que todavía están en pie.

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  • Iniciativas

    Pepe Mujica – Imperdible Un genio político que habla el lenguaje del pueblo Leer artículo   Guerra de Malvinas: ¿Qué pasó con sus soldados? Por María Cristina Solano Leer artículo   Zamba de abril por Jorge Cafrune

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  • Reflexiones

    Acerca de la infamia Los propietarios de esa tierra trabajadora y de esas negradas eran ociosos y ávidos caballeros de melena, que habitaban en largos caserones que miraban al río –siempre con un pórtico pseudogriego de pino blanco. Un buen esclavo les costaba mil dólares y no duraba mucho. Algunos cometían la ingratitud de enfermarse y morir. Había que sacar de esos inseguros el mayor rendimiento. Por eso los tenían en los campos desde el primer sol hasta el último; por eso requerían de las fincas una cosecha anual de algodón o tabaco o azúcar. La tierra fatigada por esa ...

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