La humanidad no da más, la economía tampoco

La economía mundial castiga a la humanidad y destruye el medio ambiente generando situaciones social, económica y ambientalmente insostenibles. Son conocidas las razones que llevaron a este crítico presente. El desafío: cambiar el rumbo y la forma de funcionar.

Desde siempre poderosos grupos han concentrado la riqueza y el poder de decidir pero ahora, con la codicia institucionalizada y el rumbo global con timoneles inmisericordes, se traspasaron críticos límites sociales y ambientales.

Enormes mayorías sucumben castigadas; no hay margen para mantener el actual rumbo y forma de funcionar. Algunos cómplices de la concentración y el deterioro ambiental construyen bunkers en distantes islas sin comprender que nadie se salva solo y que los colapsos también los arrastrarán a ellos. No les interesa erguirse por sobre su egoísmo compensando el desastre que han generado.

Por más complejo que resulte el desafío, otro mejor rumbo es posible y otra forma de funcionar deseable.  Así como vamos no da más la humanidad, tampoco la economía.

La humanidad está plagada de tremendas desigualdades; minorías con opulento vivir y mayorías sumergidas en pobreza e indigencia. Inequidades e indignidades por doquier, la salud y la educación semejan mercancías, viviendas desocupadas y millones sin techo, inseguridad agigantada a pesar de muros y segregación social. Los victimarios miran para otro lado, las victimas acumulan frustraciones y rencores.

El planeta agredido reacciona con fuertes convulsiones ambientales, advertencias que devienen irreversibles realidades. Y, sin embargo, “científicos y opinantes” contratados por encubiertos intereses niegan el cambio climático, los deshielos, las inundaciones.  

El avance concentrador genera recurrentes crisis imposibles de ocultar y, a pesar de ello, es el poder económico el que interpreta, decide e impone perspectivas para proteger sus intereses; siempre lo hace. Los demás sin voz, amordazados.

La economía, mito o realidad

El funcionamiento económico es una dimensión ineludible del accionar social. Produce bienes y servicios para satisfacer necesidades y “des-necesidades”. Conforma sistemas productivos segmentados, mientras unos atienden requerimientos de bienestar, otros  responden a la codicia y el egoísmo de distintos tipos de canallas, como los que fabrican armamentos y agigantan conflictos para asegurarse compradores, los que depredan la naturaleza, quienes imponen espacios de especulación financiera, aquellos que inducen un inútil superfluo consumismo. Minorías que acumulan desaforadamente se apropian de valores que producen los demás; cuanto más se consolidan, más se acelera y agiganta la concentración.

El contexto de extremas desigualdades hace que el crecimiento de los países avance entre tumbos y desacoples. Un importante desacople refiere a que lo producido por el sistema económico no encuentra una demanda que crezca al ritmo de la oferta, no lo hace porque la concentración de riquezas e ingresos la asfixia. Esta situación estructural es insostenible; se resolvería si se desmontase la concentración y se distribuyeran con equidad riqueza e ingresos. En cambio los dominadores se aferran a sus privilegios y optan por acudir a “soluciones sustitutas” para extender su afán apropiador; saben que de esa forma no desactivan explosiones pero, “mientras dure”, lucran a mansalva.   

Las medidas sustitutas son varias y diversas. Una muy utilizada es aumentar la capacidad de compra de quienes tienen menguados ingresos otorgando créditos, o sea, endeudar a consumidores, empresas y países. El crédito serviría si permitiese a quienes lo toman mejorar sus ingresos genuinos; si eso no sucediese, esta solución sustituta no resuelve sino que agiganta el problema hasta el límite de insolvencia, una deuda imposible de cancelar y una dura dependencia con los acreedores. El riesgo es enorme, inyectar crédito sin recomponer la capacidad de repago genera temibles burbujas especulativas que, al explosionar, dan paso a crisis e inestabilidades.

Otra solución sustituta que utilizan los que acumularon enormes capitales es estructurar nuevos mercados alejados de la economía real, los mercados financieros. Espacios donde se compran y venden títulos que lejanamente representan productos reales. En la actualidad mueven varias veces más transacciones que las de mercados tradicionales. Son espacios artificialmente sostenidos de naturaleza esencialmente especulativa, con altas ganancias y rápida realización. Cuando por alguna razón los dueños de los capitales deciden retraerse e inducen corridas financieras, el mercado afectado colapsa.

Hay muchas otras medidas sustitutas que los dominadores no cesan de aplicar y crear, algunas consideradas en otros textos de Opinión Sur, siempre con el único propósito de mantener un rumbo que preserve sus privilegios.

¡Cómo cambiar!

Cambiar de rumbo implica enfrentar poderosos intereses. Muy difícil lograrlo sin contar con un Estado controlado por un gobierno de base popular, un gobierno asentado en una amplia coalición política que le permita conformarse como contra poder de la concentración hegemónica. De otra forma no estaría en condiciones de tomar las medidas necesarias para desmontar los motores que impulsan la concentración ni liberar las democracias capturadas por el poder económico. Es un enorme desafío ya que una mayoría de gobiernos ha caído bajo el control de grupos concentrados.

Ese poder económico predomina en todos los países, incluidos los centrales. El pasado mes de septiembre 2021, el presidente de Estados Unidos Joe Biden ofreció un increíble conjunto de datos. Señaló que en los últimos años los CEO pasaron de ganar 20 veces más que un empleado, a 350 veces más; que las 55 mayores corporaciones de su país ganaron U$S 40.000 millones en 2020 y pagaron 0% de impuestos y, para colmo, que el 1% de los más ricos evaden la friolera de 116.000 millones de dólares al año. Todas cifras oficiales. Inaudita e intolerable situación.

El enorme poder concentrado controla la toma de las principales decisiones, tanto en el sector privado como sobre las políticas públicas. Para ello cuenta con la complicidad de medios hegemónicos que les acompañan manipulando la opinión pública y sectores de la política y la justicia. Logran someter a segmentos poblacionales colonizando mentes y formateando subjetividades; imponen valores y sentido común que les favorecen y, lo más doloroso, consiguen que buena parte de sus víctimas apoyen encubiertos intereses y fechorías que les perjudican. De hecho desgastan y desestabilizan a todo gobierno de base popular. Con esa batería de intervenciones, imponen la opulencia de unos pocos y la agonía de cada vez más grandes mayorías.

Esclarecimiento, movilización, organizar

Superar esas duras encerronas exige encarar soluciones adaptadas a las singularidades de cada país y momento. Sin embargo, un común denominador refiere a la organización y al esclarecimiento social; avances en estos campos robustecen el rol preponderante de la política como catalizador de cambios sustantivos.    

El esclarecimiento ciudadano permite despejar la niebla ideológica y cultural impuesta por quienes desvían la atención de la opinión pública. El foco que es imprescindible no perder es que, con infinidad de medidas en múltiples frentes, el propósito central es cuidar a toda la población y al planeta que nos cobija. En ese esfuerzo, que es un trabajo permanente, habrá que desenmascarar lo encubierto en todos los ámbitos del accionar socioeconómico como, por ejemplo, el análisis realizado en relación al consumo y a la inversión.      

El esclarecimiento popular es una construcción abierta y colectiva, integrando y no castigando la diversidad de perspectivas, intereses, necesidades y emociones que coexisten en el mundo. Bien articulada, esa diversidad no es rémora a eliminar sino un principal activo humanitario a preservar y desarrollar. Cuidando de diferenciar lo esencial de lo accesorio, lo principal que protege y sirve a todos, de lo secundario que incluye intereses y perspectivas tanto legítimas que vale alinear como mezquinas a descartar. No caben reduccionismos ni ingenuidades porque en cada situación suelen mezclarse valores solidarios con intentos de corrupción y desinformación.

El esclarecimiento abre cauces de movilización, en las calles, en el trabajo, en los centros educativos, en los escritos, en los encuentros políticos, sindicales y corporativos. No una vez sino como actitud permanente de custodio de los derechos que se adquieran. Y, de importancia estratégica, no habrá democracia sustentable sin vigorosas organizaciones sociales.

Estos esfuerzos hacen parte de la épica de construir un proyecto de país que enaltezca a su población y cuide a su medio ambiente. Más aun, apuntan a la emancipación de la humanidad.

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One comment

  1. Susana Inés Benítez

    Excelente nota sobre Humanidad y Economía. La realidad es tan siniestra que da pánico. Y los responsables de ella parecen siempre venir por más. Muchas gracias

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