Demanda de transformaciones

En varios países surgen amplias movilizaciones populares en demanda de transformaciones políticas y económicas. Sin embargo vale no confundirse porque las diferencias entre países son tan marcadas como singulares resultan ser las circunstancias de cada proceso. Quizás uno de los pocos comunes denominadores fuese la existencia de cambios largamente represados y la inspiración que el impresionante desarrollo comunicacional logra trasmitir salteando todo tipo de barreras y fronteras. Claro que las chispas que así se propagan encienden muy diferentes fuegos.

Por de pronto hay que estar alerta porque fuerzas que defienden privilegios logrados a expensas de las grandes mayorías siempre procuran aprovechar las turbulencias para proteger sus intereses imposibles de defender a campo abierto: se infiltran en los movimientos de protesta, financian aquellos que les resultan funcionales para despejar riesgos que podrían en el corto o mediano plazo perjudicarlos. Para ello cuentan con medios, usinas de pensamiento estratégico y estamentos de la justicia que les son afines.

Por otro lado las explosiones populares terminan siendo inefectivas si no logran proyectarse en nuevas o renovadas organizaciones políticas, sociales, económicas. La protesta gatilla procesos pero el rumbo y la naturaleza de los mismos es algo que se construye y pelea día tras día, madura a fuerza de aciertos, errores y correcciones. Quienes se movilizan no conforman un espacio homogeneo sino, por el contrario, altamente heterogeneo; coexisten en mezclas muy diversas, personas de a pie, trabajadores organizados, movimientos sociales, académicos, pequeños productores, desocupados, algunos con clara consciencia de los objetivos que persiguen y otros ingenuos, confundidos, manipulados, intrigantes, pescadores de río revuelto.

Son vientos democráticos los que inflan las velas pero el rumbo de nuestros navíos lo fijan los capitanes y materializan los timoneles. Habrá que saber escogerlos y, quizás aun más importante, será también necesario sostenerlos para que puedan ejercer su liderazgo. Ese el riesgo y esa la esperanza.

Cordial saludo.

Los Editores

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