Canalizar constructivamente intereses y necesidades

Si pretendemos imponer nuestros intereses por sobre los intereses y necesidades de los demás, crearemos situaciones injustas y conflictivas. Esto no es díficil de entender pero cuesta aceptarlo. Cuando la imposición adquiere una virulencia que pone en riesgo los derechos o la seguridad del conjunto corresponde que actúe la justicia y las entidades encargadas de asegurar que las leyes se cumplan. Estamos en presencia de límites que son socialmente necesarios para asegurar la conviviencia; sin embargo no son suficientes para lograr el pleno desarrollo de personas y países. Esto requiere encarar una más extensa gama de diferencias que emergen al interior de los límites legales. Para abordarlas existen mecanismos establecidos en las democracias pero que lamentablemente utilizamos sólo parcialmente cuando convienen a nuestros personales o sectoriales intereses y necesidades.

¿Porque sucede esto? A veces por falta de cultura democrática. En estos casos las soluciones pasan por la educación, por un mayor ejercicio del debate y el diálogo, por una mejor y más creativa actitud negociadora que sepa generar espacios novedosos de conciliación y entendimiento. Todo esto se sustenta en una sólida salud social e individual, la que no siempre está presente. Hay traumas sociales, como los períodos de regímenes autoritarios y represivos, que mellan la salud social por períodos mucho más largos que los de su efectiva vigencia. Para superarlos es preciso explicitar y procesar esos traumas que enervan el convivir social.

Pero hay también otras razones por las que las diferencias se tornan en antagonismos en lugar de enriquecer soluciones; es cuando los canales de comunicación y entendimiento están bloqueados porque han sido apropiados por grupos privilegiados que los digitan y utilizan para su exclusivo beneficio. En esos casos la presión social que deriva de tantos intereses y necesidades no considerados se va acumulando hasta desbordarse y empantanar el convivir social. En casos extremos el descontento rompe diques de contención social con costos traumáticos que marcan a fuego la ulterior evolución de nuestra organización social.

En todo tiempo y lugar, pero aún más en períodos de fuerte turbulencia, vale preguntarse cómo logramos hacer prevalecer opciones constructivas; cómo nos movilizamos para lograr materializarlas utilizando los mecanismos disponibles en una democracia. Ojala que los artículos de este número de Opinión Sur contribuyan en algo a un mejor entendimiento.

Un cordial saludo hasta el próximo mes.

Los Editores

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