Brechas que se acortan, brechas que se agigantan

No sólo se reacomodan las placas profundas de la corteza terrestre (produciendo terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis) sino también los basamentos del poder mundial, lo cual genera todo tipo de impactos. Cada vez adquieren mayor importancia estratégica países emergentes como China, India, Brasil y algunos pocos otros, mientras que los países afluentes buscan formas de retener lo que pueden de su importante cuota de influencia. Entre esos viejos y nuevos polos sobreviven inmensas mayorías que no logran acompañar los tiempos que corren. Se acortan así algunas brechas mientras que otras se agigantan. Brechas entre países y brechas al interior de los países; brechas de riqueza, de calidad de vida y de conocimientos.

La pura dinámica del crecimiento económico no asegura por sí misma ni justicia ni sustentabilidad. Se impone cierto grado de concertación global para dar paso a un desarrollo más balanceado que no olvide a los rezagados. La «salvación» de unos pocos (aunque sean más que antes) termina no siendo solución porque las tensiones ambientales, migracionales, de conflictos por el control y acceso a recursos naturales cada vez más escasos, desestabilizan trayectorias y condenan a una vida indigna a la mayoría del planeta. No hay razones técnicas ni económicas para que esto deba ser así. Mientras nuestro egoismo, miopía o negligencia genera destrucción e inestabilidad, lo mejor de nuestra civilización procura reparar, prevenir y encontrar mejores senderos de desarrollo sustentable.
Cada generación ha hecho lo que pudo o quiso para mejorar o empeorar el destino colectivo. Hubo siempre necesidad de conciliar una enorme diversidad de intereses, de costumbres, creencias y valores.Ojala las generaciones presentes y, muy particularmente el liderazgo de las nuevas potencias emergentes, no olviden las lecciones del pasado, su propio origen y contribuyan para adoptar soluciones menos mezquinas, más solidarias e inclusivas. La ronda de Doha es uno de los más importantes frentes contemporaneos de negociación donde se tensan importantísimos intereses de las economías emergentes. Hay allí desafíos y oportunidades. Ojala no primen en ella la mezquindad de los afluentes ni la liviandad de los emergentes. Lo que está en juego -la distribución de los beneficios derivados del comercio internacional- supera varias veces la totalidad de la cooperación externa que el Norte ofrece a cuentagotas a los países del Sur.Debiéramos poder arribar a acuerdos comerciales que no comprometan negativamente el desarrollo del Hemisferio Sur. Es enorme el poder y la influencia que ejercen los países afluentes por lo que habrá que ponderar con cuidado cómo preservar o promover las ventajas competitivas dinámicas de los países del Sur, especialmente de los más pobres. Será necesario persuadir con firmeza y creatividad a quienes proponen acuerdos asimétricos.Desde Opinión Sur nos sumamos a esa búsqueda de justicia y sustentabilidad. Ojala nuestros artículos, con la modestia del caso, sirvan en algo para ello.

Como verán hemos también mejorado el diseño de esta edición; confiamos facilite su lectura.

Un cordial saludo hasta el próximo mes.

Los Editores»

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