Franquicias populares

¿Cómo puede la población de bajos ingresos aprovechar oportunidades económicas sustentables? ¿Cómo integrar a quienes están excluidos y desocupados en actividades promisorias? ¿Cómo promover actores social y ambientalmente responsables en la base de la pirámide? Los emprendimientos inclusivos ofrecen algunas respuestas a estos interrogantes y su implementación se logra utilizando diversas ingenierías de negocios entre las que destacan las franquicias populares.En artículos anteriores consideramos estrategias para abatir pobreza y desigualdad. Sus principales rasgos sirven de introducción al tema de este artículo:

(i) La pobreza y desigualdad son el resultado de un proceso concentrador de ingresos y activos que quiebra la organicidad de un desarrollo sustentable. No sólo generan graves penurias sociales sino también afectan el funcionar del sistema económico: desacople entre la producción de bienes y servicios y la demanda efectiva, preeminencia de la especulación financiera por sobre la economía real, consumismo superfluo al lado de una extendida pobreza e indigencia, deterioro ambiental que pone en riesgo el futuro del planeta, desmadre de las finanzas públicas, apropiación de excedentes por parte de organizaciones delictivas que afectan la trayectoria de los países, extendida corrupción que enerva valores y decisiones, pérdida de cohesión social que genera inestabilidad política e inseguridad ciudadana, entre otros efectos.

(ii) Abatir la pobreza y la desigualdad es posible pero no se logra con medidas aisladas sino actuando a nivel de las políticas macroeconómicas (alineando con ese objetivo el gasto público en infraestructura social y productiva, el sistema impositivo, la política monetaria), a nivel de las cadenas de valor involucrando a quienes lideran tramas productivas y a nivel de apoyar la formación de capital en la base de la pirámide social.

(iii) Abatir la pobreza, la desigualdad y las periódicas crisis que azotan a nuestros países requiere transformar nuestra forma de pensar y de funcionar; imaginar nuevas utopías referenciales; adoptar actitudes, liderazgos, acuerdos sociales y políticos que nos acerquen a desarrollos más justos y sustentables.

Sin ignorar ese contexto referencial, en las líneas que siguen nos concentramos en una de las varias dimensiones del esfuerzo para abatir pobreza y desigualdad: la formación de capital en la base de la pirámide social. Con ese propósito planteamos la generación de emprendimientos productivos que, desenvolviéndose con responsabilidad social y ambiental, permitan integrar poblaciones pobres en actividades promisorias.

Movilización productiva de los pobres: una respuesta que cruza desafíos

En países del hemisferio sur los sectores poblacionales de bajos ingresos no representan “bolsones” de pobreza sino que constituyen una enorme masa de rezagados, excluidos, marginados, muchas veces mayoritaria. Su existencia tiene severas implicaciones éticas, sociales, económicas y políticas, incluyendo un tremendo derroche de talento, energía y capacidad de trabajo. Sin embargo, con adecuadas medidas ese potencial groseramente desaprovechado puede ser movilizado productivamente y aportar a la transformación de las adversas circunstancias generando ocupación estable, mejores ingresos y formación de capital (social y económico).

Un costoso error de apreciación que suelen cometer los programas de apoyo a pequeños y micro productores es ignorar que las actividades económicas exitosas no se sustentan sólo en recursos financieros sino que requieren de una serie de factores “no financieros” como ser, efectiva gestión, conocimiento de excelencia, buenos contactos, acceso a información y a mercados. De contar con esos recursos se aumenta significativamente la capacidad de identificar mejores oportunidades comerciales y de organizarse para aprovecharlas. Poco de eso está disponible para la población de bajos ingresos.

En general, esa población encara actividades económicas de baja productividad de las que obtienen escasos ingresos que dedican a atender su precaria subsistencia; no tienen condiciones para acceder a procesos de formación de capital ni para integrarse a más amplias redes sociales y a promisorias tramas productivas. Los servicios que reciben en educación, salud, seguridad, transporte, salubridad ambiental, son de muy baja calidad. Sus voces son ignoradas por los medios de comunicación, los hacedores de políticas públicas y los partidos políticos que, en general, sólo los consideran clientela electoral.

Para la pobreza lo peor

Aunque hay meritorias excepciones que confirman la regla, las soluciones destinadas a encarar la pobreza suelen ser de corto alcance y pobre diseño. No debiera sorprendernos que así sea: es baja la prioridad asignada. Por lo general se trata de apoyos financieros a pequeñas unidades (microcréditos y créditos para PYMES), a veces acompañados con asistencia técnica en materia tecnológica y de gestión. Estos esfuerzos aportan lo suyo y no corresponde desvalorizarlos ya que constituyen un primer nivel de apoyo a sectores permanentemente postergados: son necesarios pero suelen ser insuficientes

Una crítica restricción de los pequeños emprendimientos es su ínfima escala que limita su acceso a oportunidades. Por su tamaño, el pequeño emprendimiento no dispone de áreas diferenciadas de gestión; su titular asume tanto la gerencia como las funciones de producción, comercialización, administración y finanzas. De ahí que resulte necesario concebir otras modalidades de apoyo para superar estas restricciones y posibilitar que los sectores de la base de la pirámide social accedan a la excelencia en materia de conocimiento, información, contactos y, muy particularmente, modernas ingenierías de negocios para poder estar a la altura de los otros actores económicos y asomarse a mejores oportunidades.

El apoyo de la moderna ingeniería de negocios: los emprendimientos inclusivos

Hoy en día existe moderna ingeniería de negocios que permite asociar un colectivo de pequeños productores con un socio estratégico que aporte conocimiento de excelencia, contactos, información, gestión, acceso a mercados y a financiamiento. Estas ingenierías incluyen los sistemas de franquicias, los conglomerados de cooperativas, los consorcios de comercialización y de exportación, las agroindustrias locomotoras, entre otras. Con esa base es posible establecer nuevos tipos de actores económicos, los emprendimientos que denominamos inclusivos.

Los emprendimientos inclusivos apuntan a conformarse como empresas de porte medio orientadas a negocios rentables en sectores promisorios que favorezcan a colectivos de personas de humilde origen sin afectar el medio ambiente. El objetivo es lograr incluir familias de bajos ingresos en actividades promisorias en lugar de enrumbarlas, como generalmente sucede, hacia las de bajísima productividad y pobres perspectivas.

Si bien algunos emprendimientos inclusivos surgen espontáneamente en los mercados contemporáneos, en verdad son pocos y suelen no estar bien estructurados. De ahí la necesidad de conformar pequeñas entidades especializadas en promoverlos capaces de identificar y aprovechar oportunidades que beneficien a sectores de bajos ingresos: las desarrolladoras de emprendimientos inclusivos.

Las desarrolladoras no son entidades burocráticas sino que están conformadas por muy pequeños equipos familiarizados con la identificación de oportunidades de mercado y, muy especialmente, con capacidad de organizar emprendimientos para aprovechar esas oportunidades. Las desarrolladoras pueden ser promovidas por gobiernos provinciales y municipales, agencias de desarrollo, ministerios nacionales, asociados con entidades empresariales, gremiales y de la sociedad civil.

Para atraer tanto a pequeños productores como al socio estratégico el emprendimiento inclusivo debe organizarse de modo que sea atractivo para ambos asegurando buena rentabilidad y trato equitativo. La desarrolladora de emprendimientos inclusivos debe asegurar ese balance y plasmarlo en la forma como se estructura el emprendimiento.

Las franquicias populares

Un ejemplo permite explicitar conceptos y actores. Tomemos el caso de una franquicia de hosterías familiares rurales. Consiste en organizar un emprendimiento que reúna un cierto número de familias rurales que estén dispuestas a integrarse a la actividad como propietarios-gestores de una pequeña o mediana hostería en zonas de atractivo turístico. Por hacer parte de una franquicia cada franquiciado tiene (i) derecho a recibir de la franquicia acceso a financiamiento y asesoramiento para construir, mejorar o equipar su establecimiento, comercialización de sus servicios, capacitación y asistencia técnica, etc y (ii) obligaciones contractuales que cumplir, como respetar normas y estándares que la franquicia establece en materia de infraestructura física, equipamientos, compra de insumos, atención al cliente, hacer parte del sistema único de reservas, entre otras..

La franquicia popular tiene tres tipos de participantes: los pequeños productores, el socio estratégico y quienes aportan el capital (inversión inicial y eventuales ampliaciones). En el caso de este ejemplo, los pequeños productores son las familias con sus hosterías; el socio estratégico es alguien con buena experiencia para gestionar operaciones turísticas; y los aportantes del capital pueden ser muy diversos actores comprometidos con el objetivo de inclusividad incluyendo, además de los propios pequeños productores y el socio estratégico, a fondos o fideicomisos públicos, mixtos y privados, agencias de desarrollo, organizaciones empresariales, gremiales y de la sociedad civil, entre otros.

La estructura de propiedad del emprendimiento inclusivo (en este caso quiénes fueren los aportantes a la franquicia de hosterías rurales) es determinante para poder asegurar que se concilia eficacia con equidad: esto es, tanto lograr atraer a un socio estratégico de calidad que gestione eficazmente como asegurar una justa distribución de resultados entre los participantes de la franquicia (hosterías, socio gestor y aportantes del capital).

La franquicia de hosterías familiares presenta dos niveles de inclusividad: (i) un primer nivel conformado por las familias que se hacen propietarias de hosterías agregando a sus ingresos una fuente de ingresos rurales no agropecuarios (aumentan ingresos y diversifican riesgo) y (ii) los microemprendimientos que proveen servicios a los clientes de las franquicias como ser productos frescos de huerta, paseos guiados, actividades artísticas y culturales, artesanías, cabalgatas, etc (se aseguran ingresos y una demanda estable por sus servicios).

Las franquicias populares, así como las demás ingenierías de negocios que pueden utilizarse para establecer emprendimientos inclusivos, son aplicables a una gran diversidad de sectores de actividad como comercializadoras de productos agropecuarios, cadenas de valor de ciertos productos (ejemplo: miel, olivos, vicuña), redes urbanas de establecimientos turísticos bed & breakfast, mercados concentradores de productos frescos y servicios, entre muchas otras.

Los gobiernos locales pueden ser excelentes promotores de las desarrolladoras de emprendimientos inclusivos aunque, dadas sus restricciones presupuestarias, no necesariamente deban aportar financiamiento y gestión. Salvo municipios con fuertes excedentes, su función es promover y catalizar iniciativas, no hacerlas por su cuenta. Estas cuestiones de interés municipal y provincial son abordadas en una de las jornadas de trabajo que realiza Opinión Sur que denominamos La explosión de lo local: nuevas formas de promover desarrollo local.

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