Una brújula ética

Disponer de una guía valorativa puede servir para orientarnos en este mundo de complejos acontecimientos signados por múltiples desarrollos personales y sociales. Aunque necesarias, no puede ignorarse que las brújulas éticas son construidas socialmente.Coexisten en el mundo miles de millones de individuos transitando trayectorias de transformación personal y social; esto implica una enormidad de decisiones diversas y simultáneas entre múltiples actores que se influencian entre sí. Cada actor avanza con sus motivaciones, propósitos y significados, sean explícitos o implícitos, conscientes o inconscientes, racionales o intuitivos. El hecho es que se superponen en el tiempo y en el espacio ideologías, intereses, creencias, lo mundano y lo trascendente, actores que toman consciencia que sus verdades son relativas y otros convencidos de poseer toda la verdad y para siempre.

De ahí que sea bien complejo el proceso de alinear intereses entre tantos y tan diversos actores. Algunos de estos intereses son de naturaleza antagónica y, por tanto, difíciles de alinear. Otros pueden eventualmente conciliarse de modo de facilitar un más pleno desarrollo social y personal. Todas las imperfecciones y perfecciones están presentes al procurar convergencias que, vale explicitarlo, inciden sobre el destino de todos. La tarea de alinear intereses, necesidades y emociones combina pragmatismo y creatividad; también requiere referencias valorativas que permitan dar sentido al encuentro de voluntades.

Los valores son elementos esenciales de cualquier proceso de transformación. Por un lado hacen parte de las condiciones paramétricas ya que el cuadro de valores socialmente establecidos pesa fuerte sobre la forma de funcionamiento prevaleciente. También afectan como encaramos las circunstancias aleatorias, sea que nos preparen para recibir sus consecuencias o para prevenirlas. Y lo que es particularmente importante, los valores que adoptamos moldean nuestra actitud y determinación para encarar la vida y sus cambios.

Disponer de una guía valorativa puede servir para orientarnos en este mundo de complejos acontecimientos signados por múltiples desarrollos personales y sociales. Asiste a la hora de desentrañar la racionalidad y la consistencia de hechos y procesos así como a encarar enigmas existenciales comunes a toda la humanidad que son movilizadores y, en más de un sentido, insondables.

Aunque necesarias, no puede ignorarse que las brújulas éticas son construidas socialmente y, si bien algunas creencias plantean un origen superior a ciertas normas y valores, lo cierto es que aun así su aplicación y administración está reservada a los humanos.

Frente a todos estos desafíos y a la inmensidad de los horizontes, inmersos como estamos en encrucijadas de senderos que pueden conducirnos a puertos bien distintos, avanzamos acumulando conocimientos y tradiciones, provistos de nuestro libre albedrío (aquella libre elección condicionada) y aferrados a una brújula ética que pueda orientar en algo nuestros pasos. No es mucho equipaje pero es el disponible para el viaje que hemos emprendido al nacer.

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