Un gobierno soberano necesita cortar el nudo gordiano del enorme drenaje de excedentes

El drenaje de excedentes vía sobre endeudamiento soberano y comercial, evasión impositiva, fuga de capitales mal habidos, mercados oligopólicos, operaciones delictivas de exportación e importación, especulación financiera, entre otros, genera encerronas que traban el desarrollo soberano. Constituye una enorme y constante pérdida de recursos realizada con la complicidad de sectores políticos, mediáticos y judiciales. Es un nudo gordiano[i] que las democracias necesitan resolver.

La leyenda del Nudo Gordiano pertenece a la civilización frigia que existió en lo que hoy es Turquía. Según el oráculo, se consagraría como rey a quien llegara en una carreta; el hombre así erigido líder se llamó Gordias. Siglos después, la carreta de Gordias, atada a una columna con un nudo formado por raíces de hiedra, se tornó leyenda porque se creía que quien pudiera desanudar el nudo sería quien dominaría toda Asia. En el año 334 ac Alejandro Magno encaró la situación cortando el nudo con su espada para luego conquistar el imperio persa y más allá, incluyendo ser reconocido como Faraón de Egipto. Luego de retroceder al intentar sin éxito avanzar en India, murió en Babilonia a los 33 años. Su legado no sobrevivió, sino que se repartió entre sus generales. Hay quienes relacionaron su temprana muerte con su actitud impaciente al cortar en lugar de desatar el nudo gordiano.

Lo que emerge de esta alusión al nudo gordiano es que, en contextos de graves y complejos desafíos, las soluciones parciales no los resuelven. En la actualidad, los esfuerzos necesitan orientarse a desmontar todo lo que castiga a la humanidad y agrede al planeta, pero hacerlo de tal forma que el legado de lo logrado pueda sobrevivir las transformaciones iniciales y ajustarse acorde con las cambiantes circunstancias de toda realidad.

En las líneas que siguen caracterizamos lo que sería un nudo gordiano contemporáneo y, luego, compartimos algunos comentarios sobre eventuales opciones para superarlo.

Un nudo gordiano que oprime a pueblos y países

La opresión de pueblos y países no es un hecho nuevo en la historia de la humanidad. Han existido permanentes luchas y todo tipo de tensiones entre minorías que acumulan poder y riqueza utilizando la fuerza o con artificios legales por ellas impuestas, y mayorías que son sometidas para posibilitar la apropiación. Historiados, antropólogos y otros especialistas han documentado la utilización de diversas modalidades de apropiación a través de los siglos. En épocas más recientes la apropiación de riqueza se materializó con la colonización de naciones que realizaron países centrales destruyendo sociedades, diezmando poblaciones y saqueando todo lo que pudieron; sus efectos aún perduran.

Con la liberación de las colonias, cambiaron las modalidades de apropiación, aunque sin afectar la marcha concentradora. Cómplices locales facilitaron el robo y drenaje de recursos. Los casos se sucedieron con infinidad de singularidades y con algunos comunes denominadores. En una fase primaron los golpes militares inducidos por civiles atrincherados en sus privilegios, luego aparecieron modalidades más sutiles centradas en cooptar ciertos sectores estratégicos de los medios, el poder judicial y la política. Con esa base logran perseguir, amedrentar o eliminar a quienes procuran resistir la apropiación. El resultado fue y es dramático, la concentración de la riqueza y el poder decisional se agigantaron a nivel global y al interior de los países. Vale reseñar las modalidades de apropiación que hoy prevalecen.       

El sobre endeudamiento soberano y comercial es un sangrante mecanismo de drenaje. Una parte significativa de ese sobre endeudamiento fue contratada en forma ilegal o ilegítima por actores locales asociados con quienes concentran la riqueza en el mundo. Cerrar este drenaje exige investigar y denunciar las deudas arteramente contraídas. Existen endeudamientos que se utilizaron para financiar proyectos de infraestructura social, ambiental o productiva necesarios para el desarrollo de los países; si fueron legítimamente contraídos toca honrarlos.

Otro enorme drenaje de excedentes se realiza a través de la evasión o la elusión de impuestos. Un ejército de profesionales, abogados, contadores y otros especialistas asisten a evasores, en particular familias opulentas y grandes y medianas corporaciones, para no pagar los impuestos que les corresponde. El impacto es demoledor, trastoca el funcionamiento económico. Por de pronto, este drenaje desfinancia al Estado que no obtiene los ingresos requeridos para atender sus prestaciones. Sin los recursos apropiados por evasores, emergen gruesas diferencias entre ingresos y egresos públicos, el déficit fiscal. Cuando ocurre, los dominadores exigen cerrar la brecha reduciendo gastos sociales (en realidad inversiones) como son jubilaciones, educación pública, salud, saneamiento ambiental, entre otros. No consideran combatir la evasión y elusión para resolver el déficit con los recursos robados al fisco, es decir, a la entera sociedad. Lo que consideran “su patrimonio”, encubriendo que fuera logrado por apropiación, no se toca. Así el peso de cerrar un déficit que ayudaron a generar termina recayendo en sectores populares y sectores medios en retroceso.

Sin embargo, esta no es la única consecuencia del drenaje por evasión y elusión impositiva. Ocurre que la totalidad o buena parte de esos recursos mal habidos se fuga a guaridas fiscales y otras jurisdicciones laxas en impuestos y en identificar quienes son sus propietarios. Lo grave es que esos excedentes son parte constitutiva del ahorro nacional que, al fugarse, reducen la capacidad del país de financiar de forma genuina sus inversiones, algo que no conmueve a los dominadores cegados por el criterio de maximizar su lucro a como dé lugar. El círculo se cierra porque al reducirse el financiamiento local de la inversión se induce contraer más deudas para sostener el funcionamiento económico. El drenaje delictivo de excedentes genera condiciones para volcarse en endeudamientos depredadores.

Ahora, ¿cómo se originan los excedentes que después se agigantan evadiendo y fugándolos?  Una buena parte resultan de la apropiación realizada por grandes corporaciones que operan en mercados oligopólicos. Utilizan su poder de mercado para abusar vía precios y condiciones comerciales a proveedores y consumidores. Logran extraer y retener para sí recursos que no les pertenecen, afectando el patrimonio de proveedores y el presupuesto de los consumidores.  

Existen otros mecanismos de apropiación de excedentes que terminan engrosando el enorme drenaje de recursos como son, entre otros, manipular precios de exportación (subfacturación de ventas) y de importación (sobrefacturación de compras) ambos en cohecho con subsidiarias basadas fuera del país, el contrabando de salida y de entrada de productos, modalidades de concentrar y fugar los resultados de la especulación financiera en connivencia con instituciones del sector. Buenos analistas han documentado estos drenajes que hemos utilizado en varios textos de Opinión Sur.

Opciones para desmontar el nudo georgiano

La envergadura de los drenajes de excedentes es monumental y, sin embargo, no se actúa para cerrar tamaña fuga de recursos. Más aún, se encaran dramáticos problemas como la pobreza, la indigencia, la inflación, la crisis fiscal, la salud pública, las restricciones presupuestarias, la manipulación de la opinión pública, el sometimiento cultural, entre tantos otros, sin considerar lo que sobre condiciona cualquier solución. Veamos un ejemplo que ilustra este despropósito, la forma cómo se propone resolver la inflación.

El neoliberalismo la enfoca como un problema financiero resultado de una emisión monetaria descontrolada. Sostienen que con baja o ninguna nueva emisión se resolvería la inflación, algo que se ha impuesto repetidas veces sin éxito. Otros más apropiados enfoques señalan que la inflación tiene un origen multicausal y, como tal, necesita ser abordada desde diversos frentes. Acuden a varias políticas complementarias entre las que destacan una política cambiaria con tasa de devaluación descendente, una política de ingresos con paritarias que aseguren un justo salario real y una prudente política tarifaria de servicios públicos que concilie buena prestación con la capacidad de pago de los usuarios. Destacan otros factores que si bien no generan la inflación la impulsan y agigantan. Es el caso del aumento en el precio de los alimentos, la permanente recomposición de márgenes de ganancia empresariales, el impacto de la inercia y las expectativas inflacionarias.

Todo eso es aceptable, pero corresponde preguntar por qué no se incorporan como decisivos factores inflacionarios los arteros drenajes de recursos. Poco se habla de desmontar el sobre endeudamiento, la evasión y elusión impositiva, la fuga de capitales, los delitos de comercio exterior, la concentración oligopólica que procura maximizar lucros a como dé lugar sin atender consecuencias, la gravosa especulación financiera. Es cierto que vale gestionar apropiadamente las políticas de ingresos, la cambiaria y la tarifaria, pero es inadmisible descartar los drenajes que sobre condicionan el funcionar económico, las desigualdades, la descapitalización del país. Quizás no lo consideren por ignorancia, por temor a enfrentar a poderosos intereses, o porque creen que lo de fondo sólo es abordable a mediano plazo y nunca en el presente que asfixia. Sin embargo, es hoy cuando se debe iniciar el recorrido de las decisiones de fondo que luego sí, en aquel mediano plazo permanentemente alejado pueden ampliarse y mejorarse.

Un aspecto crítico es asegurar la viabilidad de un programa transformador por más consistente que fuere. Es que sin sustento político no existen las condiciones para llevarlo a la práctica. Se requiere un gobierno que actúe con firmeza, determinación, no autoritario, un gobierno que sea fiel representante de un pueblo cada vez más esclarecido, movilizado y organizado. La base popular es imprescindible, también un liderazgo que no traicione ni desvalorice esa voluntad popular.   

Pueblo y gobierno son responsables de escoger opciones que movilicen el potencial que anida en el conjunto de la sociedad. Serán opciones nacidas de su propio torrente cultural orientadas al buen vivir general y el cuidado ambiental. Esa marcha cumplimentaría las expectativas de construir un país soberano donde primen equidad y justicia. Cualquiera sea la opción adoptada habrá que cuidar que lo nuevo no colapse por efímero o vulnerable. En el ideario de las simplezas quizás se vea más sencillo cortar el nudo con una espada (la violencia) que desanudarlo. En ocasiones, tajantes imposiciones no construyen porvenir colectivo por el riesgo de descolocar liderazgos y representados. Quizás, desanudando con firmeza lo que conforma el nudo gordiano pudiera servir para integrar a sectores diferentes fortalecidos en esclarecimiento.


[i] Problema o cuestión de solución imposible que solo se salva de forma tajante.

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