Toma de decisiones para salir de la crisis

¿Quiénes participan en la toma de decisiones para salir de la crisis, qué ideas sobre enfoques y medidas predominan, cuáles finalmente se adoptarán?Participantes en la toma de decisiones

En última instancia son los representantes de los gobiernos nacionales quienes toman las principales decisiones para salir de la crisis en función del peso político que cada país detenta en el concierto internacional. Los países de mayor peso se agrupan en el denominado grupo G-20 (ahora 22); ellos representan el 80% del PBI mundial y del comercio mundial y dos tercios de la población global. Sobre sus líderes convergen presiones de un sinnúmero de actores con diversos grados de influencia.

Está claro que las políticas que condujeron a la crisis beneficiaron al sector financiero de los países centrales y de las economías emergentes que acumularon enorme poder económico y gran influencia política. Por ejemplo, hasta 1982 los beneficios del sector financiero en los Estados Unidos eran similares a los de los demás sectores industriales; luego comenzaron a crecer hasta ser en 2007 85% mayores que el resto de la industria. Durante ese período, cualquier cambio de esas políticas fueron resistidos por el sector financiero con la complicidad de las usinas tradicionales de ideas y de los medios de comunicación relacionados con esos intereses. Consagrando esa influencia, banqueros de inversión de Wall Street pasaron a conducir la política económica desde la Secretaría del Tesoro y la Reserva Federal en Washington .

Si bien golpeados por la crisis que ayudaron a generar, los grandes grupos financieros aún conservan un enorme nivel de influencia ya que, de colapsar, arrastrarían en su caída a muchas otras empresas y familias. Otros importantes sectores económicos que han sido menos afectados por la crisis como comunicaciones, salud, alimentos, o que tienen un rol estratégico, como la industria de armamentos y de energía, petróleo y gas en particular, también mantienen una gran capacidad de influir sobre las nuevas políticas globales. Los ciudadanos comunes, los contribuyentes, si bien cuentan con ciertas organizaciones que pelean por sus intereses, no tienen más representación formal que la de sus gobiernos. Si estos careciesen de representatividad o les diesen la espalda, las inmensas mayorías (cientos de millones de personas) no tendrían quien defendiese en la mesa de negociaciones sus intereses y necesidades. La nueva arquitectura del sistema económico internacional y las nuevas políticas que orientarán su forma de funcionar estarán muy influídas por quienes sean los que se sienten a definirlas.

La crisis generó un cierto deslizamiento de la toma de decisiones desde lo económico hacia lo político lo que abre nuevos márgenes para considerar otros enfoques y medidas pero si esos márgenes no son debidamente aprovechados terminaremos reproduciendo con cambios sólo cosméticos los procesos que desembocaron en esta gran crisis global.

Ideas predominantes sobre enfoques y medidas

Si bien hay nuevas ideas y perspectivas, las usinas tradicionales siguen teniendo mayor peso debido a su posición en los más importantes nodos comunicacionales; por eso y no necesariamente por el mérito de sus análisis y argumentaciones son escuchadas más que otros grupos generadores de pensamiento estratégico.

Una de las ideas fuerza que las usinas tradicionales pregonan es enfatizar la necesidad inmediata de salvataje del sistema financiero existente. Juegan con la urgencia que la situación en verdad exige y evitan abordar la idea de una transformación a fondo de la estructura y de la forma de funcionar de la intermediación financiera. El eje de las propuestas es “recuperar” la solvencia y credibilidad de las instituciones financieras librándolas de los denominados activos tóxicos, “restablecer” el crédito sin afectar la estructura corporativa, ni asegurar el pleno acceso al crédito de los dos tercios de la población mundial, ni eliminar de raíz el delictivo despropósito de los paraísos fiscales, ni garantizar un efectivo monitoreo de todos los productos financieros incluídos los hedge funds.

Otra idea fuerza es la de expandir la demanda global a base de inyectar recursos fiscales en el mercado. Esto se lograría (i) habilitando líneas de crédito con financiamiento del sector público de modo de sustituir la menguante inclinación a prestar de las entidades tan golpeadas por la crisis y (ii) generando actividades a través de ambiciosos planes de obras públicas en infraestructura social y productiva. Otra vez, el diablo está en la letra chica y su cola solo puede ser advertida cuando se desagregan y detallan esas medidas.

Ideas que pugnan por ser consideradas

Una de las nociones principales que se desea incorporar a la agenda de salida de la crisis es el crítico rol que jugó la desigualdad -social y entre países- en generar la crisis. La desigualdad fue resultado de una forma particular de crecimiento que desembocó en una acumulación concentrada (y concentradora) de la riqueza, los ingresos, el ahorro y la inversión. Hay otras formas de crecimiento que conducen a una acumulación mucho más balanceada y desconcentrada, promoviendo una mejor distribución de la riqueza, de los ingresos, del ahorro y de la inversión, con importantes efectos sobre lo que se produce, quién produce, cómo se produce, dónde se produce, así como sobre qué, quién, cómo y dónde se consume. La salida de la crisis es una inmejorable oportunidad para cambiar el patrón productivo y el de consumo, de modo de promover producción limpia que no afecte el medio ambiente, reemplazar consumismo por consumo responsable y orientar en consonancia el desarrollo científico y tecnológico. Siendo tan preponderante en esta fase el financiamiento y la regulación pública, la capacidad de ajustar el rumbo sistémico se ha incrementado considerablemente.

Existen también serias dudas sobre el salvataje financiero propuesto, en el sentido que pudiera ser una sutil forma de asegurar la sobrevivencia de la clase financiera que lucró sin límites y pocas regulaciones hasta que la crisis estalló. Para evitar que eso suceda se plantea un salvataje sobre otras bases que posibilite una reestructuración del sistema financiero; reestructuración que le induzca a tomar otro rumbo y lo sujete a una más efectiva regulación pero sin afectar la dinámica e innovación que es necesario tener para acompañar permanentes cambios de circunstancias. Esto podría conducir a desmembrar enormes entidades financieras que concentraron grandes cuotas de mercado y lograron un tremendo poder económico y político. La “limpieza” de activos tóxicos y nuevas normas regulatorias le dan a la autoridad financiera de cada país poderosos instrumentos para lograr conformar un efectivo y vigoroso sistema financiero.

Una más apropiada estructura de toma de decisiones

La crisis internacional pone a prueba la estructura de toma de decisiones que existe en el mundo. Hay grandes decisiones globales que deben ser consideradas y también otras múltiples decisiones a nivel nacional y local. Todo el sistema decisional está en tensión aún cuando no esté claramente estructurado. Se utilizan las estructuras existentes que surgieron en pasadas coyunturas internacionales para dar paso a nuevas estructuras que se adecúen mejor a los enormes cambios que fueron ocurriendo en las últimas décadas. Como siempre, es necesario cambiar sobre la marcha, con prudencia, sin arbitrariedades y ponderando todos los intereses legítimos que están en juego. Saltos al vacío no ayudan sino que hacen retroceder los procesos de mejoramiento.

El presente funcionamiento sistémico está sustentado en lo que hoy existe pero el ajuste de rumbo y el logro de una mejor forma de funcionar será el resultado de proyectar y de organizar lo nuevo, cuya viabilidad dependerá de cómo la nueva correlación de fuerzas internacionales pueda hacer valer su visión, sus necesidades, valores e intereses y de la presión que en ese nuevo contexto podamos ejercer los miles de millones de seres que compartimos este planeta.

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Notas: Simón Johnson, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, The Quiet Coup, The Atlantic Online, 31 de marzo de 2009.

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