Época de primavera para Alemania y de invierno en España

Mientras Europa del Sur atraviesa una depresión y está a merced de aventuras políticas, Alemania (y Europa del Norte) son autocomplacientes. Alemania las quiere todas, porque sostuvo su propio crecimiento prestándole al Sur, y ahora que esos clientes no pueden saldar sus cuentas, la imposición de la austeridad vehiculizada por Alemania ayudará a solucionar la amenazadora escasez de mano de obra de un ridiculo Cuarto Reich. La historia, dijo Marx, a veces se repite: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa. En un artículo reciente del Financial Times londinense, Gideon Rachman (“Europe’s crisis is breeding comedians, not fascists” – “La crisis europea está engendrando comediantes, no fascistas”, 5 de Marzo) estuvo en lo correcto al señalar las obvias diferencias entre el nuevo populismo en Europa y el viejo-clásico fascismo. Beppe Grillo, el comediante, no es Benito Mussolini, como tampoco el Golden Dawn (Amanecer Dorado) griego es un calco de los antiguos Nacional Socialistas. La Europa Moderna no tiende a la agresión militar, y el miedo a los “rojos” hace tiempo que se ha ido. Pero aquí es donde terminan las diferencias y comienzan las similitudes. Nos beneficiaría releer la novela de Thomas Mann “Mario and the Magician” (“Mario y el Mago”). Mann describe un viaje a Italia en el cual el narrador observa cómo la gente cae presa de un hipnotizador que utiliza sus poderes mentales en una forma fascista para controlar a su público. Como en antaño, grandes sectores de la población deben enfrentar una caída precipitosa de su calidad de vida. Como en antaño, por un tiempo algunos de ellos se movilizarán en protestas motivadas por demagogos que podrían llegar al poder. Algunos países se conformarán entonces con regímenes que podrían parecerse no a la Italia de Il Duce sino al Portugal de Salazar. Cinco años más de malas políticas en el Sur de Europa y la mayoría de la población joven se habrá ido –hacia otros países y hacia una amarga mediana edad en sus casas. Los más viejos serán jubilados empobrecidos en busca de un respaldo básico contra inmigrantes que serán tanto requeridos como detestados. El populismo de derecha seguirá en alza mientras las oportunidades decrecen.

Entretanto, los jovenes mejores y más brillantes de la periferia europea están migrando hacia Alemania, donde encuentran las mismas oportunidades que les han negado en su tierra. La revista alemana Der Spiegel (28 de Febrero de 2013) informa que los primeros miembros de la generación del boom demográfico, los hijos del milagro económico de Alemania, están comenzando a jubilarse. El país tendrá 5.5 millones de trabajadores hábiles menos para el 2025. Las compañías en las regiones en ascenso de Alemania ya están sintiendo la falta. La crisis en los países del Sur de Europa viene bien para llenar este vacío de trabajadores calificados. Tal como lo anuncian los periodistas de Der Spiegel, “Jóvenes, instruidos y multilingües, ellos son exactamente lo que necesita la economía alemana para asegurar prosperidad en el futuro. El país ya sabe qué hacer si quiere que estos ‘regalos del cielo’ se queden.”

Por una década Alemania se benefició de la moneda única y prestó dinero sin tapujos a las economías menores de Europa. Sus exportaciones en Euros eran más baratas de lo que hubieran sido con un Marco Alemán más fuerte. Cuando se puso un freno a los años de impulsividad como resultado de la crisis financiera, Alemania se convirtió en un estricto disciplinario fiscal mientras mantuvo a los países que estaban al borde de la bancarrota en la periferia dentro de la Euro Zona. Dado que esos países no podían, como en el pasado, recurrir a la devaluación de sus monedas, la única alternativa que les quedaba era embarcarse en “devaluaciones internas” – un término cordial que significa la reducción de los salarios y beneficios de las clases media y obrera, y un aumento terrible del desempleo, especialmente entre los más jóvenes.

Excluyendo el default y la devaluación (“el camino argento”), Europa del Sur está atrapada en un campo de concentración monetario, con políticos dóciles haciendo todo lo que pidan los eurócratas de Bruselas detrás de los cuales están los celadores de disciplina alemanes. Alemania, así pareciera, puede tenerlo todo. Se ayudó a sí misma en su momento y se ayuda a sí misma ahora. En la arrogante autocomplacencia prospera mientras la periferia opera bajo una prolongada y dura depresión. A esta altura no es injusto preguntar lo que hasta ahora sólo los “extremistas” en Grecia, Italia, España y Portugal han preguntado, es decir: es éste un modelo de solidaridad europea o el absurdo boceto de un cuarto Reich? Los tres imperios de la historia alemana así como vinieron, se fueron. Éste también lo hará.

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