Fatalismo y voluntarismo

Entender que existen parámetros objetivos y circunstancias aleatorias no niega pero sí condiciona nuestra capacidad de influir, de elegir y de decidir. Esa elección libre pero condicionada representa la medida en que podemos incidir sobre las situaciones en las que se desarrolla la vida personal y social; ni fatalismo ni voluntarismo.
Quien crea que todo en la vida está determinado incurre en un fatalismo que lleva a aceptar pasivamente los acontecimientos. Para esa perspectiva las condiciones paramétricas y las circunstancias aleatorias anulan los espacios donde ejercer un libre albedrío: sólo cabe la resignación. Si, por otro lado, se ignorase la existencia de condiciones paramétricas y circunstancias aleatorias, tenderíamos a deslizarnos hacia un peligroso voluntarismo. Cometeríamos el error de asignar una capacidad irreal a nuestras propias fuerzas lo cual, frente a eventuales fracasos, conduciría a frustraciones y desánimos. Entender que existen condiciones paramétricas y que se presentan circunstancias aleatorias no niega pero sí condiciona nuestra capacidad de influir, de elegir y de decidir. Esa elección libre pero condicionada representa la medida en que podemos incidir sobre las situaciones en las que se desarrolla la vida personal y social.

Según las circunstancias podemos funcionar y evolucionar dentro de sistemas que se transforman paulatinamente porque van resolviendo aceptablemente nuestras necesidades y aspiraciones o, por el contrario, si hacemos parte de sistemas que atentan contra condiciones de vida digna y represan los cambios se generan condiciones para estallidos sociales que produzcan espasmódicas transformaciones de inciertos resultados. En un caso volcaremos la energía personal y social dentro de trayectorias evolutivas donde se producen cambios graduales en forma permanente. En el otro, una buena parte de esa energía se orientará hacia la conflictividad social en busca de provocar transformaciones en base a saltos cualitativos que incidan directamente sobre los parámetros que ayudaron a estructurar el orden establecido.

De este modo, nuestra capacidad de actuar constituye un factor crítico para labrar el destino social y personal. Implica adoptar opciones de actuación dentro de un amplio rango de oportunidades: desde preservar la reproducción de como se funciona hasta generar cambios en la dinámica sistémica para facilitar su transformación. La libre elección condicionada expresa la intencionalidad que imprimimos a la acción y contiene decisiones -explícitas o implícitas- de aplicación de la energía personal y social ya que define en qué nos concentramos y cómo lo habremos de hacer.

Al ejercer la libre elección condicionada escogemos modalidades de actuación para atender necesidades básicas (subsistencia, afecto, significación) al tiempo que se consagra el tipo de relaciones que se establecen entre las personas, las comunidades y el medio ambiente (pueden ser relaciones de colaboración, de competencia, de rapiña, entre otras).

A su vez, la acción personal y social es también influida por la visión que prevaleciese sobre el futuro deseado, sea éste inmediato e individual, sea un futuro mediato que incluya el cuidado del medio social y ambiental del que hacemos parte. Así, la construcción visionaria del mañana –nuestra utopía referencial- también incidirá sobre como nos desempeñamos en el presente concreto de nuestra cotidianeidad.

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