El neoliberalismo como fundamentalismo alienante

El neoliberalismo impone intereses de sectores minoritarios a expensas de mayorías que son perjudicadas, algo indefendible a cielo abierto. Necesita establecer un régimen que combine manipulación alienante de sectores mayoritarios con represión de quienes resisten su primacía. Se trata de colonizar mentes de los sometidos, formatear sus subjetividades, alienarlos para desorientar acciones defensivas o transformadoras. Gobiernan con desinformación, miedos, odios y un permanente estado de inducida insatisfacción.  

El neoliberalismo agiganta la alienación que caracteriza a todo fundamentalismo de modo de facilitar la desenfrenada acumulación de riqueza y poder decisional que impusieron al mundo. Accionan para maximizar beneficios de poderosas minorías, sólo alcanzable apropiándose de buena parte de lo que producen enteras sociedades. Nadie acumula a ese ritmo e intensidad con el propio esfuerzo.

Para lograrlo, los dominadores necesitan obturar la comprensión de lo que sucede y cómo se generan los problemas que agobian a la población. Lo hacen con la complicidad de una red de medios, sectores de la justicia, de la política y ciertas usinas de pensamiento estratégico que imponen valores y un sentido común a su favor. Con ese poder disponen de mecanismos para capturar las democracias y establecer motores concentradores de la riqueza

Dentro de ese contexto estas líneas hacen un breve señalamiento del accionar alienante del neoliberalismo y, en particular, del rol que juega una permanente inducida insatisfacción. No se ignora que existen otras legítimas insatisfacciones que es necesario encarar y resolver.

El propósito de la inducida insatisfacción

Para mantener sus intereses y privilegios, el neoliberalismo promueve insatisfacción en varias dimensiones del funcionamiento de la sociedad. Destacamos la insatisfacción con la política, el sindicalismo, las empresas públicas y el consumo.

  • Los gobiernos neoliberales hacen política denostando a los políticos opositores, los calumnian y persiguen utilizando verdades parciales o creando causas inventadas. No es algo improvisado la insatisfacción con “la” política (como si fuese un espacio homogéneo y no diverso) sino un calculado perverso sistema para debilitar o anular liderazgos opositores. El propósito, eliminar resistencias al proyecto de dominación por parte de quienes propusiesen opciones alternativas no concentradoras. Para lograrlo necesitan controlar el funcionamiento democrático de modo de poder ejercer a pleno su poder económico y decisional.

La insatisfacción con la política abre compuertas para desarticular al orden democrático y transformar su significación. Así, el neoliberalismo busca imponer su peculiar noción de lo que es libertad y consenso. Para ellos la libertad va asociada con el libertinaje para saquear la riqueza nacional y el consenso incluye sólo a los propios y a quienes puedan ser manipulados o cooptados; fuera del consenso quedan los amenazados, reprimidos y silenciados. Esta torsión ideológica hace parte del proceso de apropiación del Estado y sus recursos, capacidad regulatoria, políticas públicas concentradoras; todo lo demás es subsidiario a ese objetivo.

  • En el sindicalismo se dan episodios de liderazgos corruptos que se entronizan en estructuras que bloquean el acceso de otros diferentes movimientos de trabajadores. Sin embargo, esto está lejos de poder afirmar que todo el sindicalismo es corrupto porque no lo es. Imposible ignorar que de la lucha sindical surgieron los derechos laborales y el permanente esfuerzo de alcanzar salarios justos. Además, vale recordar que en varios sectores coexisten personas de diferente trayectoria y valores, algunas honestas y otras no, responsables y no responsables, leales y traidoras, generosas y mezquinas. Sucede en el mundo de las empresas, de la política, los medios, la justicia, la salud, el deporte, el entretenimiento, para nombrar unos pocos. En el sindicalismo también existe esa diversidad que no desmerece una larga tradición de honorable y esforzado sindicalismo democrático.

Cargar contra el sindicalismo implica debilitar la capacidad negociadora y de representar a los trabajadores, componente importante para maximizar las tasas de ganancia de las grandes empresas. Así y todo, la insatisfacción sindical que constantemente inducen no les impide apoderarse de gremios y sindicatos cooptando dirigentes que traicionan a quienes dicen representar. Un débil sindicalismo facilita la concentración de la riqueza y despeja voces y actitudes de resistencia.

  • Las estratégicas empresas públicas constituyen un botín para los intereses neoliberales. De un lado porque su posición monopólica u oligopólica les permite obtener, si caen en sus manos, considerables ganancias. Pero, además, al tomarlas logran desembarazarse de actores que no se guían por el criterio de maximizar el lucro sino de servir a su comunidad, una peligrosa referencia. Privatizándolas limpian el camino para lucrar e imponer la noción que toda producción de bienes o servicios debe arrojar resultados microeconómicos, es decir los cuantificables a nivel de cada empresa. Otros beneficios a terceros y a la entera sociedad no les son relevantes. Un ejemplo concreto, entre muchos otros, es el caso de una aerolínea de bandera que sirve a espacios poblacionales consolidados pero también a territorios que no le dan beneficios directos pero que, o sorpresa, con ayuda logran aportar lo suyo al desarrollo nacional.

El neoliberalismo denigra al Estado haciendo creer que no existen estructuras públicas efectivas en cuanto a producir bienes o servicios esenciales para el funcionamiento del país. Ese Estado les incomoda porque regula y desenmascara sus tropelías e ilegalidades para apropiar recursos que pertenecen a trabajadores, proveedores y consumidores. A diferencia de empresas oligopólicas, las corporaciones públicas no abusan de su poder de mercado, no evaden su responsabilidad tributaria, no fugan sus excedentes sino los reinvierten en el país tal como hacen algunas aunque no todas las empresas privadas. Su estratégica presencia ayuda al país aunque, por cierto, obstaculizan los designios de concentración económica que impulsan los grupos dominantes.

  • En cuanto al consumo, el neoliberalismo plantea que es imprescindible despertar una constante insatisfacción a quienes demandan productos del mercado. De no inducir esa insatisfacción las empresas no podrían colocar una siempre creciente oferta de bienes y servicios. Aquí otro engaño. Eso es cierto cuando el consumo está concentrado porque concentrados están los ingresos de sectores medios y populares. Si no es una mayoría poblacional la que detenta buenos ingresos, ahí sí es necesario generar insatisfacción de quienes disponen de recursos para comprar productos más allá de sus necesidades. Se desarrolla una economía de descarte fácil, sin mantenimiento o reparación de equipos durables, junto con la inducción de un consumo superfluo. Se generan toneladas de basura y muy pocas actividades de reciclado. En ese contexto las empresas producen obsolescencia programada, es decir bienes o servicios que después de un cierto tiempo queden a propósito obsoletos. Todo esto facilitado por una publicidad que alienta a renovar compras permanentemente en función de modas, innovaciones tecnológicas (algunas superfluas) o simples mejoras de presentación.

Importa visualizar que esta permanente insatisfacción de los consumidores es inducida como parte constitutiva de un rumbo y funcionamiento concentrador que nos ha sido impuesto. Si no primase esa concentración, aparecerían recursos en manos de grandes mayorías con pautas de consumo un tanto diferentes. Por cierto, el aparato productivo existente no cambia instantáneamente por lo que, en lo inmediato, buscará sostener las pautas de consumo prevalecientes. Sin embargo más temprano que tarde, les tocará ajustarse a demandas más masivas en los sectores de alimentación, vivienda, energía, transporte, vestimenta, así como atender sectores emergentes en cuidados, ciencia y tecnología, prácticas solidarias, entre tanto más. En esta nueva perspectiva no se trata de no comprar sino de adquirir lo que en verdad se necesita, un patrón de consumo con impactos éticos, ambientales y tecnológicos que vale explicitar.

Victimarios posicionados como salvadores

Aquellos que someten a sus pueblos, que imponen dinámicas concentradoras generadoras de un sinnúmero de inequidades e iniquidades, se ofrecen a ayudar a sus víctimas. Los victimarios se posicionan como salvadores mientras aprovechan el desconcierto social que promueven para saquear sin límites haciendo valer sus perspectivas e intereses. Establecen normativas legales que no respetan, deciden que lo ilegítimo es legal, desatan estampidas apropiadoras de riqueza que otros generan, implantan un rumbo brutal que desposee a trabajadores y quiebra a miles de empresas. No son procesos pacíficos sino trayectorias despiadadamente coercitivas. Es una inaudita farsa, patraña, hipocresía que toca enfrentar y desenmascarar con militancia centrada en esclarecimiento y organización social.

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One comment

  1. Susana Inés Benítez

    Muy buen artículo y de gran actualidad

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