El código Garjajev y el mundo 2.0

Es posible que estemos presenciando la inauguración de modelos económicos y de organización social distintos, con un estilo colaborativo, transparente y abierto, donde los beneficios de la creación se reparten entre diversos actores y donde se reducen al mínimo las relaciones de oposición o adversariales. Es posible que nuestras formas de organización social estén copiando, de alguna manera, la forma en que funciona nuestra biología.
Suele decirse que el Genoma Humano (la información hereditaria de cada persona, codificada en el ADN) es como un “libro de la vida”. El libro tiene más de mil millones de palabras y podría ser impreso en 5000 volúmenes de 300 páginas de extensión cada uno, o algo así como 800 biblias.

Cuando en Mayo de 2006 se publicó en la revista Nature la estructura del último cromosoma humano, pareció finalizar la tarea del Proyecto Genoma Humano, un esfuerzo internacional por descifrar e interpretar este “libro de la vida” de nuestra especie, que había comenzado en 1990.

Sin embargo, justo cuando creíamos que habíamos terminado de decodificar toda la información que da origen a nuestros cuerpos, comienza a escucharse más de otro código genético, del que ignoramos casi todo.

En rigor, el Proyecto del Genoma Humano sólo ha estudiado una porción que representa, aproximadamente, un 10% del ADN humano. Esa es la parte del ADN que “codifica”, es decir define y produce, las proteínas que forman nuestro cuerpo. Pero el restante 90% del ADN fue llamado “ADN basura” y no formó el centro de la investigación occidental del Genoma Humano.

Sin embargo, un equipo de investigadores rusos encabezado por el físico y biólogo molecular Pjotr Garjajev no sólo incorporó a su investigación “paralela” del Genoma Humano ese 90% olvidado del ADN, sino que encontró que, lejos de ser un “residuo evolutivo”, está organizado de una forma lógica, con un patrón que recuerda la sintaxis de un lenguaje humano. Es decir, es otro código (del que no sabemos aún su contenido), escrito en los genes de cada persona.

Más importante aún, a diferencia del 10% estudiado en occidente, los científicos rusos han encontrado que el ADN “no codificante” es susceptible de ser modificado o, en palabras de la jerga informática, “reprogramado”. Es decir, en lugar de encontrarnos frente a un “libro de la vida”, quizás nos encontremos frente a algo más parecido a un microprocesador de un computador, una suerte de “chip de la vida”, con una flexibilidad y capacidad de cambio de la que no teníamos ni la más mínima sospecha hace escasos años.

De hecho, Pjotr y su equipo encontraron más paralelos aún entre la genética y la informática. Especulan que la estructura del “ADN basura” (el “segundo código” similar al lenguaje) y su posibilidad de modificación, se deben a que el ADN no acumula toda la información necesaria en cada momento, sino que intercambia información permanentemente (la recibe, modifica y emite), de la misma forma que lo hace una computadora conectada a la web. Cada persona sería, siguiendo esta línea argumental, un nodo de una red o sistema (como Internet) que involucraría a muchos más individuos-nodos.

Las implicancias sociales de este descubrimiento científico podrían ser variadas. En primer lugar, en la medida que el conocimiento sobre la porción reprogramable del ADN se profundice y generalice, podrían caer muchos de los prejuicios étnicos que han encontrado hasta ahora en la genética una excusa formidable para establecer diferencias entre distintos grupos humanos. Desde las macabras teorías supremacistas, hasta las recientes y polémicas declaraciones de James Watson (uno de los descubridores del ADN), que vinculó las diferencias en la inteligencia de los individuos a su pertenencia racial, la ciencia ha sido utilizada con frecuencia para sostener todo tipo de visiones y prejuicios sociales.

La marea podría estar cambiando. El ADN quizás no sea, como supusimos hasta ahora, una memoria ROM (una memoria de sólo lectura), un código de información cerrado y no modificable, sino un conjunto de instrucciones o programa, que podría hasta cierto punto ser modificable o configurable. Las diferencias genéticas entre distintos grupos humanos pasarían en ese caso a un segundo plano. Más aún si se considera la perspectiva de la interactividad o capacidad de comunicación del ADN de diversos individuos. Las barreras supuestamente rígidas entre etnias se desmoronarían y se volverían ridículas las explicaciones biológicamente deterministas del éxito o fracaso de distintos grupos étnicos o naciones.

Pero, además, un elemento intrigante y sorprendente que aparece en este panorama es el paralelo que se puede comenzar a trazar entre el funcionamiento o arquitectura biológica humana, que estamos apenas descubriendo, y los nuevos procesos sociales de creación de riqueza que aparecen con fuerza.

En efecto, son los procesos colaborativos y abiertos de intercambio de información los que están marcando la vanguardia en las formas de organización de la producción intelectual y económica. Lo que actualmente se conoce como Web 2.0, es decir los sitios web donde el contenido lo generan los propios usuarios de forma interactiva, son el mejor ejemplo.

Los negocios de la web 2.0 (o Wikinomics) son negocios donde los productos o servicios se generan de forma colaborativa entre decenas o miles de personas en distintos países. Así se hizo el sistema operativo Linux o la enciclopedia Wikipedia (www.wikipedia.org) y aunque esta última no es en rigor una empresa, sí lo es Wikia (www.wikia.com), organizada bajo los mismos postulados.

Es posible que estemos presenciando la inauguración de modelos económicos y de organización social distintos, con un estilo colaborativo, transparente y abierto, donde los beneficios de la creación se reparten entre diversos actores y donde se reducen al mínimo las relaciones de oposición o adversariales. Es posible que nuestras formas de organización social estén copiando, de alguna manera, la forma en que funciona nuestra biología.

Además, no sería de extrañar que lo que hemos visto hasta ahora sea apenas la primera página de un capítulo realmente grueso de la evolución social, económica y tecnológica del planeta.

Wikipedia fue una revolución, es cierto. Nunca más se hará una enciclopedia como se hacía antes. ¿Pero en cuántos campos se ha aplicado ya esta filosofía? Pocos. Linux es otro perfecto ejemplo de creación colaborativa, pero ¿cómo desarrolla software la empresa promedio? Al viejo estilo, con la limitada base de conocimiento que le proporcionan sólo sus empleados. La web hierve de sitios de periodistas que, con su nombre o con seudónimo, vuelcan en sus blogs las noticias que no pueden o no quieren publicar en sus medios. Pero ¿cómo se siguen haciendo los noticieros actuales? Con una estructura jerárquica y vertical, que ordena un equipo limitado de periodistas-empleados. La verdad es que el grueso del mundo aún funciona del viejo modo. Y eso es una buena noticia, porque lo mejor es lo que viene ahora.

Jimbo, el socialista.

No todo el mundo sabe que Jimmy “Jimbo” Wales, el creador de Wikipedia, es un confeso objetivista. Un objetivista es un seguidor de la filósofa y novelista americana Ayn Rand, uno de cuyos trabajos más importantes se titula: “La virtud del egoísmo”. Mucha gente no sabe que Jimbo es un partidario de esta acérrima individualista, no porque él lo oculte (inclusive está escrito en su enciclopedia), sino posiblemente porque la imagen que proyecta es diametralmente opuesta.

De hecho, Jimbo es llamado “el Mao de la Web” por el perfume colectivista que algunos detectan en Wikipedia. De hecho, él se divierte asistiendo a los eventos públicos vistiendo brillantes camisas rojas de seda con cuellos Mao. Sin embargo, se define en términos políticos como un libertario.

Lo cierto es que es difícil definir, en los términos de un mundo que no terminamos aún de descubrir (que no terminamos de crear), qué significan las categorías ideológicas del siglo XIX. ¿Qué significan? No lo sabemos. Probablemente algo muy distinto de lo que significaban entonces.

No pretendo saber a ciencia cierta cómo definir ideológicamente la sociedad y la economía que se avecinan, pero confieso que intuyo algunas cosas:

1- La libertad sigue siendo para nosotros tan importante como lo fue siempre, aunque ahora adquiera matices y connotaciones diferentes. Aunque ahora tengamos herramientas con las que antes ni soñábamos. Aunque la libertad signifique, algunas veces, libertad de expresión, y otras, libertad para elegir un sistema operativo. Algunas veces la libertad que buscamos será no tener un empleo tradicional y otras contar nuestra vida en un blog.

2- Crear sigue siendo tan importante como lo fue siempre, aunque ahora sea mucho más fácil. Es más fácil publicar un libro, vender una fotografía y mostrar un demo o un piloto en Europa. El acto creativo sigue siendo nuestra propia esencia, incluyendo la creación de dinero. Despojada de las luchas y la explotación que signaron la historia económica, acercada al acto vital de desarrollar la propia vocación, la creación de riqueza ya no se ve tan mal. Ya no es sospechosa. Se torna mucho más atractiva. Es sólo una faceta más de nuestra esencia.

3- Crear no es un acto solitario. Si nunca lo fue, ahora menos que antes. Crear es un acto colaborativo, donde pueden ganar todos. Y ahí están los negocios de la web 2.0 para demostrarlo. No es una utopía, es una factibilidad técnica. Siempre estuvo ahí, aunque ahora tiene más poder. Ahora es evidente. Ahora tenemos ejemplos… y tecnología.

4- Crear colaborativamente es algo que viene en nuestra propia naturaleza. El mundo funciona como un vasto pool de información que se configura y reconfigura todo el tiempo, con el aporte permanente de todos y, potencialmente al menos, para beneficio de todos. ¿Porqué deberíamos aspirar a menos?

5- Lo que crea valor económico, lo que crea bienestar, lo que crea progreso, lo que crea oportunidades, es la información. La información a la que accedemos, la que modificamos y la que usamos. El centro de la economía y la organización social es la información, su producción y el uso de ella, simplemente porque la información es el corazón de todo lo que existe. La información es la que configura y produce las proteínas que forman el cuerpo y la que determina el color de los ojos. Y la información (cómo se obtenga, modifique y use), es también la que determina los ingresos. El que esté “adentro” (socialmente incluido), será el que tenga acceso a la información y el que esté “afuera” (socialmente excluido), será el que no pueda obtenerla. Las formas más efectivas de ayudar al prójimo comienzan a volverse más claras: el conocimiento y las herramientas para utilizarlo deben ponerse a disposición de todos, si queremos una sociedad homogénea.

Lo que posiblemente estemos comenzando a vislumbrar es el perfil de un modo de organización social diferente. Así como nació una web 2.0, ¿estaremos comenzando a vislumbrar un “mundo 2.0”?

Durante la mayor parte de nuestra historia como especie creímos que para tener algo más había que dominar o disputar con el prójimo. Los grandes movimientos sociales, las ideologías más influyentes y la secuencia de conflictos bélicos dan testimonio de eso.

Pero, mientras más avanzan y se sofistican la economía y los medios de producción, gradualmente nos vamos dando cuenta de que la creación de riqueza pasa por otro lado. Aunque siguen existiendo (y seguirán existiendo por un buen tiempo) la rapiña y la hípercompetencia, los procesos más eficientes y evolucionados de creación son colaborativos por naturaleza. El «mundo 2.0», quizás sea un mundo donde las relaciones sociales estén signadas por la creación colaborativa y el progreso conjunto, no por las relaciones de dominación y sometimiento. Un mundo que es consciente de que no hay barreras ni genéticas ni biológicas, sino que en el fondo toda la especie está unida en un campo común y el potencial humano de cada individuo es en principio el mismo.

En realidad, es el mundo que siempre soñamos. ¿Estará volviéndose más real?

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