Dos Pirámides que se Enfrentan

Peor que la trampa de Tucídides[1] es ésta otra: la lucha por el poder “cuesta abajo en la rodada” entre dos potencias en declino pero armadas hasta los dientes.

En 1958, en plena Guerra Fría, el sociólogo contestatario C. Wright Mills publicó un libro sobre las causas de la Tercera Guerra Mundial.[2]  Han pasado mas de seis décadas desde su aparición, y ya casi nadie lo lee.  En su época se mezcló con las tantas alarmas que sonaban sobre el peligro nuclear y pasó desapercibido como una opinión mas.  Sin embargo, sólo cuatro años después se produjo la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, que puso al mundo al borde de una guerra termonuclear entre las dos principales potencias: los Estados Unidos y la Unión Soviética.  Por suerte (y enfatizo la palabra suerte) los líderes de ambas súper-potencias –el joven e inexperto John F. Kennedy y el veterano líder soviético (de origen ucraniano) Nikita Khrushchev, supieron ofrecer concesiones mutuas y retirar sus armas de Cuba.  Un error de cálculo por uno de ellos o por los dos, y peor aun, un acto precipitado e irreversible por parte de un comandante en el terreno[3], hubiera desencadenado un incendio planetario y el fin de la civilización, en un final catastrófico anticipado por Winston Churchill con esta frase: “sólo quedarán cascotes rebotando contra otros cascotes.” [4]

En aquel libro Mills aplicaba a su diagnóstico geopolítico el mismo análisis de las sociedades industriales avanzadas que lo había hecho famoso: su controvertida tesis sobre la elite del poder.[5]  Sostenía Mills que tanto en la sociedad norteamericana como en la soviética, los tres grandes pilares del sistema –militar, industrial y político—se unían en sus cúspides para formar una sola pirámide, en manos de un grupo reducido de poderosísimas personas, que Mills llamó la elite del poder.  En los EEUU la elite manipulaba un sistema liberal-democrático bipartidista, con alternancia regular de protagonistas y distintos matices de políticas públicas, mientras que en la Unión Soviética un estado totalitario dirigía verticalmente a la economía y a la sociedad, en nombre de un pueblo encuadrado por un partido único. 

Mills sostenía que ambas elites eran soberbias e irresponsables, al margen de una sociedad civil que se había transformado en una sociedad de masas fácil de adoctrinar a través de sistemas masivos de comunicación e información.  Cuando ambas elites se enfrentaban por el control del sistema geopolítico mundial, no tenían otro contrapeso que el miedo recíproco.  Fue precisamente  ese miedo a la aniquilación mutua –llamado “equilibrio de disuasión” (Mutual Assured Destruction, o MAD)—lo que mantuvo una paz armada durante las décadas que siguieron a la crisis cubana, hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991.  Las únicas guerras que se permitían eran guerras convencionales por interpósitos actores (proxy wars).  La supuesta estabilidad nuclear daba la falsa impresión de un mundo en paz, cuando en realidad morían millones de personas en forma “convencional.”

Con la disolución de la Unión Soviética quedó en el mundo una sola súper potencia: Los Estados Unidos.  La hegemonía incontestable del supérstite duró diez años.  Frente al estado que sucedió a su gran rival, ahora llamado Federación Rusa, los Estados Unidos –el supuesto “vencedor” de la Guerra Fría—ensayó dos estrategias sucesivas.  La primera, que fracasó, fue incorporar a Rusia al orden económico y político que los Estados Unidos armaron después de la Segunda Guerra Mundial, desde 1945 en adelante.  Los asesores norteamericanos recomendaron a las nuevas autoridades rusas una serie de reformas draconianas y la apertura de su economía a los grandes grupos económicos occidentales.[6]  Esa terapia intensiva produjo una gran reacción contraria en distintos sectores de la sociedad rusa  y de la antigua elite del poder, que eligieron otro camino, mas nacional, mas autárquico, y sólo aparentemente democrático.  Esa estrategia, excluyente de toda fuerte injerencia occidental,  llevó a la formación de una clase dominante y de un nuevo estado de seguridad nacional por encima de ella.[7]  El contrato social entre estos dos actores parece ser una cesión de poder político a un autócrata  a cambio del enriquecimiento privado.  Ese contrato social conlleva la transformación de una economía industrial y pos-industrial en una economía extractiva y rentística basada en los recursos naturales del país mas extenso del planeta.  Tal es la nueva elite de poder en la Federación Rusa: autocrática, oligárquica, y rentista.  Podemos denominarla una oligarquía delegativa. El sistema mantiene un fuerte poderío militar, y sobre todo, un gran arsenal de armas nucleares de todo tipo, sólo superado por el de los EEUU. En su periferia geopolítica, los países que fueron satélites del imperio soviético ganaron independencia y se sumaron, bien que mal, al sistema occidental de reglas capitalistas.

Fue precisamente en esa década clave que siguió al fin de la Guerra Fría, que casi todo el Occidente[8], con los Estados Unidos a la cabeza, se equivocó.  Fue un error estratégico de envergadura, tal vez comprensible como mareo hegemónico, pero inexcusable. Las fuentes del error fueron la ilusión de un dominio completo, la ignorancia tanto geopolítica como histórica, y la sordera frente a los consejos de sus estadistas mas insignes, entre ellos el de Churchill: “En la guerra [hay que tener] resolución; en derrota desafío; en victoria magnanimidad.” El la Guerra Fría no hubo ni resolución ni derrota, sino el colapso de uno de los rivales, y en la supuesta victoria del restante no hubo ni magnanimidad ni perspicacia.  Occidente se negó una y otra vez a garantizar la seguridad rusa en su periferia. 

En la posguerra fría la Unión Europea y la OTAN incorporaron a los países de la otrora periferia soviética a su órbita de influencia económica y militar. No sólo Rusia, sino cualquier observador externo con un mínimo de objetividad debió considerar este avance como un acoso.  Para Rusia se volvió un desafío existencial, contra el que sólo podía protestar por no tener la fuerza o el prestigio de enfrentarlo  –hasta que llegara el momento de considerarse lo suficientemente fuerte como para hacerlo.  Y ese momento llegó, a partir del 2008, con un crescendo que fue del 2014 al 2022, y sobre todo a propósito de Ucrania, cuya relación con Rusia es históricamente compleja y reacia a toda narrativa simplista por cualquiera de los bandos en pugna.  Se trata de un país al que los EEUU quisieron transformar en baluarte de contención frente a Rusia.  Por su parte, al considerar a Ucrania como un país soberano inexistente y a los ucranianos como “rusitos” (Малороссы) de segunda categoría, Vladimir Putin cometió un error estratégico tan serio y alevoso como fueron los errores de Occidente en su anterior acoso a Rusia como “ex potencia descartable.”

Como no se puede declarar la guerra a una entidad que no se considera un “verdadero país,” Putin llamó a su invasión “una operación militar especial”, y pensó que iba a encontrar mas simpatía o docilidad que resistencia –una especie de Anschluss[9] light.  Lo que encontró fue una sorpresa desagradable:  una resistencia empedernida por parte de una nación bastante consolidada[10], un frente occidental menos fragmentado de lo que pensaba, y una ayuda militar poderosa y solapada a los resistentes por parte de la OTAN, sin arriesgar tropas propias.[11] Así la guerra se transformó de parcial en total, y de local en global, con una escalada horizontal (extensión territorial) cada vez mas sangrienta que bien podría terminar en una escalada vertical (poder de fuego) hacia el uso de armas nucleares.

Frente a la situación que encaramos mientras escribo, me sorprende la aparente ingenuidad de algunos analistas norteamericanos y europeos que advierten, un poco tarde, que una gran potencia en declino, como lo es manifiestamente Rusia, al considerarse arrinconada es capaz de reacciones extremas (léase una respuesta nuclear). No se dan cuenta que desde el fondo de la historia, Rusia está destinada (o si prefieren, condenada) as ser poderosa, con enorme resiliencia. Es mas, no se percatan que lo mismo podrían decir de los Estados Unidos lo que decían los romanos: De te fabula narratur (“el mismo cuento vale para ti”).

Por su parte, los Estados Unidos también están en declino y aumentan su apuesta belicosa (usando a Europa como ariete) para evitar que su abandono de posiciones estratégicas en el tablero mundial sea demasiado visible y rápido.  Han perdido las guerras que habían elegido (después de Vietnam, Iraq y Afganistán), y se han visto ser alcanzados por China en la carrera sobre los terrenos económico y estratégico.  Por consecuente, estamos frente a dos colosos decadentes empecinados en un peligroso juego de truco y retruco[12] con percepciones estratégicas equivocadas y simétricas,  en el que se multiplican las víctimas fuera de sus fronteras[13], mientras el verdadero ganador es un tercero.[14]

Hemos cerrado el círculo del argumento, y vuelto a la tesis de C.Wright Mills sobre las pirámides de poder (en este caso dos pirámides resquebrajadas) y su enfrentamiento irresponsable.  Los Estados Unidos y Rusia juntos no alcanzan a sumar el siete porciento de la población mundial, pero juegan el destino del resto  –bonita desproporción.  No se trata ya, como diría Borges, de dos calvos que se pelean por un peine, sino de dos matones artríticos olvidadizos del MAD (el gran miedo recíproco) y que ponen en peligro al mundo que los rodea, distrayendo a todos de lo que deberíamos enfrentar en forma conjunta y solidaria, a saber ¿cómo reparar, rejuvenecer y cultivar un planeta despojado y desvencijado, en futuro beneficio de las grandes mayorías?


[1] Sobre esta supuesta trampa ver https://www.bbc.com/mundo/noticias-40974871

[2] C.W. Mills, The Causes of World War Three, New York: Ballantine Books, 1960.

[3] Muchos años después se supo que el Kremlin había delegado la decisión de lanzar cohetes con ojivas atómicas a uno o dos coroneles soviéticos en Cuba, dejando el destino de la humanidad sujeto a la cantidad de vodka o ron que aquellos oficiales pudieron ingerir.

[4] La cita original es If you go on with this nuclear arms race, all you are going to do is make the rubble bounce.”

[5] C.Wright Mills, La elite del poder, México: Fondo de Cultura Económica, 1963.

[6] Vale la pena leer al respecto la entrevista a uno de esos ex asesores (tal vez arrepentido y hoy crítico del gobierno norteamericano), Jeffrey Sachs, en Corriere della Sera, 2 de mayo de 2022,  titulada «On Ukraine, Joe Biden doesn’t want to compromise».

[7] Para un resumen de la transición, ver el ensayo de Peter Rutland, “Russia’s Post-soviet Elite” http://prutland.faculty.wesleyan.edu/files/2016/07/post-soviet-elites.ed_.pdf

[8] Ni Alemania in Francia participaron con entusiasmo del festival norteamericano.

[9] Palabra alemana que significa fusión, y que se refiere a la unión de Austria y la Alemania nazi en una sola nación, el 12 de marzo de 1938, como una provincia del III Reich.

[10] Ver el interesante artículo de un militar norteamericano retirado, Col. James Robert, Sr., “Ukraine: a History of Autonomy”, The Officer Review, May-June 2022.

[11] La misma sorpresa que recibió Napoleón en 1808 cuando invadió España y se encontró con la primer resistencia de guerrillas que asombró hasta al propio Clausewitz y tuvo como efecto colateral detonar las guerras de independencia en Latinoamérica y aumentar el alcance imperial de Inglaterra.

[12] A quien le interese este juego gaditano de apuestas, puede consultar https://www.ludoteka.com/clasika/truco.html

[13] La penuria energética y alimentaria mundial, sobre todo en los países mas pobres, aumenta cada día, mientras se desvían atención y recursos hacia afuera de otras grandes crisis humanitarias. Ver https://www.nytimes.com/2022/03/20/world/americas/ukraine-war-global-food-crisis.html

Rusia y Ucrania, junto con la India y USA, son graneros del mundo.  La guerra de Ucrania ha interrumpido el suministro de granos, que bien podrían aprovechar Argentina y Brasil, sino pierden la oportunidad por conflictos internos.  Ver https://farmdocdaily.illinois.edu/2022/04/argentina-and-brazil-could-expand-wheat-production-due-to-the-war-in-ukraine.html Lo mismo vale para el suministro de energía, si un yacimiento como Vaca Muerta no se vuelve letra muerta.

[14] Ver la opinión de  John Mearsheimer en https://www.youtube.com/watch?v=XgiZXgYzI84

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