CHINA: PARADOJA Y CONTRADICCIONES DE UN IMPERIO TRIBUTARIO

A pesar de las apariencias, el actual poder chino es una amalgama de dos modelos contradictorios.  Cada uno de ellos contiene contradicciones internas a su vez.  Si esta hipótesis es cierta, podemos dudar de la sostenibilidad de ese poder a mediano y largo plazo. 

La presente constelación geopolítica se caracteriza por tres constataciones.  Europa occidental se muestra indecisa; los Estados Unidos están en aparente retirada; la pujanza china es supuestamente imparable.  Pero ésta es sólo una cara de la tortilla.  La otra cara aparece cuando se da vuelta la tortilla, que es lo que uno hace antes de servirla.  Y esto sucede porque la historia no es inexorable, sino llena de sorpresas.  El futuro no se puede predecir con la certeza de una ciencia exacta.  Con esto en mente, dedico este artículo a una superpotencia en ciernes, la poderosa potencia china.

Comienzo con una parábola. Es el relato de un acontecimiento ficticio que permite transmitir un mensaje de contenido moral a través de una analogía, una comparación o una similitud. 

De todos los cuentos cortos de Jorge Luis Borges, el más breve se refiere a China.  Podemos reproducirlo entero.

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Del Rigor en la Ciencia

[Minicuento – Texto completo.]

Jorge Luis Borges


En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.

Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

Suárez Miranda, Viajes de Varones Prudentes, Libro Cuarto, Cap. XLV, Lérida, 1658.

FIN

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En la larguísima historia china hubo trece dinastías.  Ellas fundaron distintos imperios sucesivos.  Al igual que la cronología egipcia, con sus «reinos» entrelazados con períodos intermedios, la China dinástica enfrentó varios desafíos que llevaron a períodos caóticos y de cambio de poder.[1] Los imperios fueron de duración variable, desde el más corto (15 años) hasta el más largo (600). Todos se desmoronaron. 

Con una sola excepción que duró poco, ninguno tuvo vocación de extender su poder en los mares.  Cuando lo hizo, China supo construir una flota fenomenal que se lanzó al océano bajo el comando del famoso almirante Zheng He (1371 – 1433), que hubiera eclipsado sin dificultad a Cristóbal Colon.  Pero el Emperador, temeroso de perder su base territorial de poder, la canceló. La flota era una iniciativa de prestigio más que una empresa comercial pero podía volverse un factor dispersivo y peligroso para el centro imperial.

En todos estos imperios el poder central controló y estranguló el desarrollo de una burguesía comercial, a diferencia de occidente.  Lo hizo a través de estrictos monopolios de estado (el de la sal fue el más visible).  El Confucianismo fue siempre hostil a todo atisbo de capitalismo.  El centro sofocó todo intento de dispersión. Golpes de estado e invasiones inauguraron nuevos imperios, que reprodujeron a sus predecesores. Y con el mismo vaivén: primero un fuerte centralismo; luego la caída y la anarquía.  A veces la caída de un imperio dio lugar a cruentas guerras civiles, antes de volver a fojas cero.

Podemos caracterizar los cien años del Partido Comunista Chino (que hoy se celebran en la República Popular con gran pompa y gran disimulo de una historia más caótica que la oficial) como el establecimiento de otra dinastía, pero esta vez con características novedosas y dos fases sucesivas.  La primera fue el establecimiento de la República Popular bajo la férula de Mao Zedong.  La segunda fue la renovación modernizadora bajo los auspicios de Deng Xiaoping, cuyo sucesor poderoso es hoy el presidente Xi Jinping. 

La última fase combinó dos modelos de poder y desarrollo. El primero es el “centralismo democrático” establecido antes en Rusia por los herederos de Lenin en la que fue la Unión Soviética.  El segundo es el capitalismo de estado en el régimen que siguió al de Mao. Esta combinación produjo un crecimiento espectacular que dio como resultado una economía hoy superior a todas y trajo como consecuencia la proyección de ese poder urbi et orbi, es decir en casi todo el planeta.

Gran paradoja: ambos modelos no fueron una invención china, sino que nacieron en pleno occidente, a saber: el capitalismo y el marxismo.  La novedad china fue su combinación.  Pero la combinación encierra a su vez una gran contradicción.  Me explico.

El capitalismo, magistralmente narrado y analizado por Marx, es un sistema dinámico (y contradictorio en sí mismo) que tiende a expandirse en busca insaciable de inversiones y mercados.  Domina el entorno y cambia la cultura transformando el mundo del trabajo y el mundo del consumo. Es por naturaleza un proceso centrífugo que altera cuanto sistema social invade.  Por su parte, el comunismo (heredero del marxismo) es un sistema centrípeto, que trata de organizar a toda la sociedad desde un centro de poder y con un partido único que todo lo dirige y controla en forma minuciosa.  Tiene sus propias contradicciones internas, ya que el control total es una utopía que llevada a la práctica produce el resultado imaginado por Borges con su mapa totalitario. Transforma la cultura en disciplina, control, y pensamiento unitario.  Es la expresión más extendida y exagerada de la tesis de Michel Foucault en su famoso libro Vigilar y Castigar (Buenos Aires: Siglo XXI, 2002). El control es total y frágil al mismo tiempo (la dirigencia china tiene miedo a que se repita la estrepitosa caída del totalitarismo soviético.  La tragedia de la URSS alimenta su paranoia.).[2]

Podemos resumir diciendo que el actual imperio chino es una amalgama de dos modelos contradictorios y que cada uno de ellos contiene contradicciones internas a su vez.  Si esta hipótesis es cierta, podemos dudar de su sostenibilidad a mediano y largo plazo. 

En materia geopolítica, el imperialismo chino es distinto del neoliberalismo imperialista occidental.  Busca fundamentalmente transformar a los otros sistemas sólo en base a las necesidades chinas de suministros, y los desarrolla en forma asimétrica transformando a otros países en proveedores modernizados de materiales estratégicos y mercados subsidiarios, con bases portuarias y militares estratégicas para garantizar esos suministros.[3]  Es la llamada Iniciativa de la Franja y la Ruta.  No proselitiza (tiene escasa proyección cultural en los países de occidente y en los islámicos también) sino establece infraestructuras de una nueva dependencia.[4] Podemos caracterizarlo como un imperio tributario. [5]

En última instancia, la viabilidad del imperio tributario depende de la resolución de su contradicción interna entre centralismo y dispersión.  Vista desde la más amplia perspectiva histórica de varios miles de años en lo que fue el Celeste Imperio, la oscilación entre esos dos polos es la nueva versión del sempiterno ciclo imperial chino, pero esta vez potenciado y acelerado por los esteroides tecnológicos y económicos del siglo 21.  El centro exagera su control pero al mismo tiempo estimula y acelera un desarrollo capitalista que lo lleva a su eventual destrucción. 

Concluyo con otra analogía.  Para quienes gustan de automóviles avanzados, la dinámica china se asemeja al desempeño de una veloz Ferrari –pero sin frenos.


[1] Para una breve cronología de la China dinástica, ver Nuevas perspectivas sobre el pasado de China: la arqueología china en el siglo XX de Xiaoneng Yang (Yale University Press, 2004).

[2] Para una perspectiva occidental pero astuta ver https://www.economist.com/leaders/2021/06/26/chinas-communist-party-at-100-the-secret-of-its-longevity

[3] A veces controla territorios enteros fuera de sus fronteras.  En las décadas recientes, China adquirió 68 millones de hectáreas fuera de sus fronteras.

[4] Curiosamente, la antigua “teoría de la dependencia” desarrollada por cientistas sociales de América Latina hoy se aplica a China.

[5] En occidente un caso parcialmente similar fueron las inversiones británicas en los ferrocarriles de India y Argentina en el siglo 19. Ver el estudio clásico de Raúl Scalabrini Ortiz, Historia de los ferrocarriles argentinos.  Ver también https://www.youtube.com/watch?v=uiAZqBDGXss

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