Paradigmas que condicionan el curso de la economí­a global

Este artículo destaca cuatro emergentes paradigmas de fuerte incidencia sobre el rumbo de la economía global: (i) la fragmentación y dispersión geográfica del proceso capitalista de producción, (ii) la universalización y homogenización de las pautas de consumo, (iii) la subordinación de la producción y el consumo al capital financiero y (iv) la crisis y reformulación del Estado del Bienestar

1. Fragmentación y dispersión geográfica del proceso capitalista de producción

En las últimas décadas se ha producido un verdadero movimiento sísmico en el proceso de producción global. Cientos de grandes empresas de EEUU y algunas europeas han desplazado parte o gran parte de su cadena de producción y distribución a China, India y otros países asiáticos, inducidas por las ventajas competitivas proporcionadas por bajos salarios, recursos humanos de aceptable calidad a nivel técnico y gerencial, y un mercado interno en franca expansión en los países receptores. Esto ha generado la fragmentación y dispersión geográfica del proceso capitalista de producción, el cual se ha convertido en un proceso “desnacionalizado” que aleja y fragmenta los conceptos de “nación” e “industria”; se transforma la categoría que dominó el análisis del capitalismo industrial, la toma de decisiones y la generación de políticas durante décadas: “la industria nacional”. Este profundo cambio estructural conforma un nuevo paradigma que se consolidará a medida que la internacionalización industrial y su fragmentación se vean facilitadas por la experiencia acumulada, la tecnología y los avances en materia de comunicación, transporte y logística.

2. Universalización y homogenización de las pautas de consumo

Concomitante con la internacionalización y fragmentación del proceso de producción, se ha desarrollado un proceso de universalización y homogenización de las pautas de consumo a nivel mundial. Esta tendencia ha emergido hace ya un buen tiempo pero se ha acelerado en la última década, fundamentalmente alentada por el crecimiento de la clase media en los países emergentes de Asia, África y América Latina. Tan sólo en China en los últimos treinta años 700 millones de personas han salido de la pobreza y se han incorporado a la clase media.

El nuevo fenómeno de crecimiento de la clase media en varios países emergentes es la base estructural de la globalización de las pautas de consumo favoreciendo la presencia universal de las grandes marcas, incluyendo marcas de lujo orientadas al creciente número de grandes fortunas en India y China. Esta tendencia se acentuó con la crisis financiera mundial, en la medida en que dos tercios de la tasa de crecimiento del producto global ya no se originan en los países afluentes sino en economías emergentes.

Para dimensionar este mundo emergente basta con recordar que ya son ochenta los países que crecen a una tasa superior a la de Estados Unidos. Si este proceso continuase con similar ritmo y tendencia, la clase media global que hoy asciende a 1800 millones de personas, alcanzaría 4900 millones en 2030 (sobre una población mundial de 8300 millones) y el 80% de su crecimiento tendría lugar en los países emergentes. En dos décadas el mundo se convertiría en una sociedad de clase media, enmarcada entre otros dos grupos: grandes millonarios por un lado y, por otro, una enorme proporción de pobres habitando países que, por dotación de recursos naturales, subordinación económica o mala gestión política, no se favorecen del proceso de desarrollo global. Esto es, una sociedad global con una gran clase media emergente, una concentración de riqueza de una magnitud inimaginable y, como consecuencia, una creciente desigualdad entre ambos extremos de la curva de distribución del ingreso.

3. Subordinación de la producción y el consumo al capital financiero

El tercer paradigma es la profundización y globalización de una vieja previsión marxista: el control del proceso productivo por el capital financiero. Al análisis de los clásicos sobre la dialéctica capitalista hay que adicionarle la sofisticación, profundidad y alcance que este fenómeno ha tenido sobre el capitalismo global. Sin casi regulaciones y globalizado, el sistema financiero logró dominar, controlar y someter a sus propios intereses el proceso de producción y la sociedad en su conjunto: la generación de riqueza se aparta gradualmente de sus funciones originales de adquirir riesgo para financiar el consumo y la generación de bienes (propias del capitalismo industrial) y se traslada a la especulación y las malas prácticas, entre otras, la estructuración de sofisticadísimos productos que disfrazan activos tóxicos y prometen altas ganancias de corto plazo. Todo esto potenciado por el constante desarrollo de la tecnología y las comunicaciones.

De este modo, la energía antes volcada a la generación de riqueza se traslada hacia la generación y adquisición de papeles y no de bienes, origen la crisis mundial en la que aún seguimos inmersos. Este proceso alcanzó su máxima expresión al final del gobierno del presidente Bush donde el grado de desregulación, ya iniciado en la presidencia de Clinton, exhibió su máximo nivel. El gobierno del presidente Obama frenó en alguna medida el perverso proceso de desregulación bancaria y del mercado de capitales. Lo mismo ha ocurrido en Europa con varias iniciativas del Banco Central Europeo, como el camino iniciado hacia la Unión Bancaria y las exigencias de capitalización bancaria. Sin embargo, la intrincada red institucional hace muy lento el proceso de toma de decisiones en la Unión Europea mientras que el sector financiero continúa tomando ventaja de la crisis de deuda soberana y restringiendo o congelando el crédito a empresas y familias, lo que obstaculiza la recuperación y agrava la crisis económica, social y política en la que está sumergida Europa, fundamentalmente Europa Mediterránea.

No hay duda de que los bancos son las nervaduras por las que corre la sabia del sistema capitalista: el crédito. Por ende, son irremplazables para que la producción, el consumo y el comercio se desarrollen. Esto aconteció durante décadas desde la revolución industrial. Pero cuando el capital financiero, bancos y mercado de capitales, quedan liberados a su propia dinámica y voracidad, de plataforma impulsora de la economía real pasan a ser protagonistas de su asfixia. La gestión de los recursos financieros se escinde de la propiedad de los mismos y la dinámica que asfixia a la economía real se acelera: es que la lógica del management es aún mucho más voraz y cortoplacista. La economía se transforma en un mundo de papel, cuyos valores se generan y se queman dependiendo más de variables especulativas que de parámetros vinculados al trabajo, la inversión, la rentabilidad y la innovación. La batalla por regular al sistema financiero de modo que retorne a su función original condicionará las próximas décadas; el resultado es obviamente incierto. Un hecho para reflexionar: la regulación e incluso la propiedad de los bancos en China por parte del Estado es muy importante; quizás ahí anide la gran diferencia en el éxito del desarrollo asiático, que sigue siendo capitalismo, frente al occidental y japonés.

4. Crisis y reformulación del Estado del Bienestar

En muchos países europeos el Estado del Bienestar había alcanzado su apogeo como modelo económico-institucional capaz de generar riqueza, bienestar y una mejor distribución del ingreso. Con la crisis de deuda soberana se levantan ciertos velos y queda al descubierto un Estado altamente endeudado y un sector público deficitario, derrochador, corrupto en muchos casos, pero con una gran habilidad para emitir y colocar deuda a bajas tasas, encubiertas bajo la figura del Euro, una moneda con un supuesto gran respaldo. Por supuesto que el sistema financiero (fundamentalmente el alemán) jugó su rol y fue cómplice de esta ficción en torno a la emisión de grandes volúmenes de deuda soberana para financiar un déficit presupuestal con el que se financiaba el Estado del Bienestar en Grecia, España, Italia, Portugal, Irlanda y otros países europeos.

La destrucción y en particular la reformulación de esta estructura en países que hasta hace pocos años eran considerados como referencia a escala mundial, requerirá de arduo trabajo mientras se agrava el sufrimiento de quienes han sido victimizadas por la crisis. Habrá que analizar con más detenimiento la organización institucional y el proceso de generación y distribución de bienes públicos que predomina en varios países nórdicos, en los cuales el Estado del Bienestar ha resistido los embates de la crisis global y de Europa en particular.

En definitiva y de no mediar transformaciones más profundas de naturaleza política y social, la consolidación de las tendencias señaladas configurarán un escenario económico global en el cual el sistema financiero (algo más regulado) continuará controlando el proceso de producción que avanzará en su internacionalización y segmentación, cada vez más orientado a satisfacer pautas de consumo homogéneas y de alcance global.

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