La base endeble de la Unión Europea

E pluribus unum. Hacer de muchas partes una sola unidad es el desafío de todo país que quiera llamarse “Estados Unidos.” En América del Norte, la unión se forjó a sangre y fuego –primero con la Guerra de independencia, y más tarde con la Guerra civil. Algo similar ocurrió con las naciones latinoamericanas. En Europa en cambio, no se ha llegado a semejante pacto solemne. La Unión Europea está fundada sobre premisas mucho más débiles –comerciales y burocráticas—con poca legitimación popular. Es un proyecto incompleto con déficit de soberanía.[[Este artículo es a la vez la Introducción al e-book Why Europe? The avatars of a Fraught Project de próxima aparición.]]

En la inauguración del primer cementerio nacional norteamericano, y mientras rugía una sangrienta guerra civil, Abraham Lincoln comenzó su breve discurso con las célebres palabras: “Hace 87 años nuestros ancestros impulsaron en este continente, una nueva nación, concebida en libertad, y comprometida con la premisa de que todos los hombres son creados iguales.” Los orígenes de la Unión Europea se remontan a la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) y a la Comunidad Económica Europea (CEE), constituida por los seis países internos en 1951 y 1958 respectivamente. En ese lapso, la comunidad y sus sucesores han aumentado en tamaño por la adhesión de nuevos estados miembros, y en poder mediante el agregado de ámbitos políticos a su competencia. El tratado de Maastricht otorgó a la Unión Europea su nombre actual en 1993. La última modificación de la base constitucional de la UE, el Tratado de Lisboa, cobró vigencia en 2009.

En este largo y arduo proceso nadie podrá encontrar una devoción a claros valores tan fuerte como la del enunciado de Lincoln. Cabe preguntarnos, “¿A qué solemne propuesta estaba ligada la Unión Europea?” Encontrar la respuesta no será fácil, pues no hubo un acto fundacional en el cual basar una verdadera soberanía colectiva. Nos encontramos en cambio con una serie de acuerdos económicos y tratados instrumentales, por los cuales francamente nadie jamás estuvo dispuesto a sacrificar su vida. Un acuerdo de mercachifles no es un acto soberano. Cuando el Comité del Premio Nobel de la Paz le otorgó a la Unión Europea su premio en 2012, mencionó el esquivo como uno de los principios fundacionales. Según los noruegos –que no forman parte de la UE- una Europa Unida evitó los horribles conflictos internos a los que Europa fue proclive durante el siglo XX. Resumiendo, la Unión merecería el halago por haber salvado a Europa de sí misma. Aparte del argumento opuesto acerca de que después de 1945 Europa se mantuvo unida por la OTAN [[Sobre las presentes circunstancias y tendencias de la defensa Europea, léase el artículo de Gideon Rachman que invita a la reflexión, “A Disarmed Europe Will Face The World On Its Own” – “Una Europa desarmada deberá enfrentar al mundo por su cuenta”, en la página 9 del Financial Times, 19 de Febrero de 2013.]] y el plan Marshall –es decir bajo el ala protectora de los Estados Unidos durante la Guerra Fría- no es suficiente basar la soberanía meramente sobre una base prudencial. Como William Blake afirmó en su breve tratado The Marriage of Heaven and Hell – El Matrimonio del Cielo y el Infierno (1970) “La prudencia es una doncella fea, vieja y adinerada, cortejada por la Incapacidad”.

La incapacidad de Europa para superar sus crisis se remonta a su deficiencia fundacional. Es un proyecto tecnocrático, no un compromiso solemne. Es un proyecto de melancolía, atormentado por un doble déficit: un déficit democrático, y un déficit de valores. El mayor pensador de Europa –Hegel- plasmó esta melancolía por escrito en su Prólogo de La Filosofia del Derecho: “Cuando la filosofía pinta de gris sus tonos grises, una forma de vida ha envejecido, y por medio del gris no puede ser rejuvenecida, sino solo conocida. El buho de Minerva levanta su vuelo únicamente cuando las sombras de la noche comienzan a cernirse.” En un próximo libro analizaré la crisis mundial, el lugar que ocupa Europa en ella, y los lúgubres pronósticos de que Europa sobreviva unida en su modalidad actual.]]

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