Implosión transformadora

Para que un esfuerzo transformador pueda materializarse no es suficiente imponer ciertos objetivos sino que, además, es necesario eliminar inconsistencias entre políticas y medidas de implementación de modo de prevenir efectos no deseados sobre variables estratégicas que puedan comprometer la marcha escogida. Hay esfuerzos de transformación que en el curso de su implantación generan efectos no deseados que pueden llegar a afectar el desarrollo de quienes se desea favorecer. Es que en materia de desarrollo son muchas y entrelazadas las variables intervinientes así como muy diversos los efectos provocados por las diferentes opciones de intervención.

Toda acción transformadora persigue no uno sino un conjunto de objetivos considerados complementarios. Algunos objetivos planteados pueden ser en esencia antagónicos pero otros pueden aparecer como antagónicos sin en verdad serlo. En estos casos lo que suele ocurrir es que se siguen aplicando modalidades de intervención tradicionales en lugar de soluciones innovadoras ajustadas en sus efectos al propósito transformador; la voluntad de transformar no trasciende el nivel de los objetivos y no se proyecta sobre las políticas diseñadas para implementar esos objetivos. Para que un esfuerzo transformador pueda materializarse no es suficiente imponer ciertos objetivos sino que, además, es necesario eliminar inconsistencias entre políticas y medidas de implementación de modo de prevenir efectos no deseados sobre variables estratégicas que puedan comprometer la marcha escogida.

Así, si objetivos de similar importancia pareciesen antagónicos, en lugar de renunciar a unos para favorecer otros, o subordinar unos a otros, valdría analizar las modalidades de intervención que se hubiesen escogido y determinar si a ese nivel hubiese otras formas de intervenir que no afectasen otros objetivos de similar importancia. En general existe más de una opción para materializar un objetivo transformador, cada una con diferentes impactos sobre el resto de las variables que conforman una buena marcha sistémica.

Puede servir un ejemplo para ilustrar lo planteado: la eventual inconsistencia que podría presentarse entre el objetivo de equidad distributiva e inclusión social con el de consolidación de una firme corriente exportadora de bienes y servicios.

Equidad, inclusión y exportaciones

La inconsistencia podría emerger al constatar que los exportadores requieren de escala y gestión eficaz para competir en un mundo globalizado. Esto privilegia a grandes actores económicos que pueden acceder a esas oportunidades y deja rezagados a pequeños y a gran parte de los medianos productores. Los grandes exportadores tienden a imponer su mayor poder de negociación a proveedores y también al propio Estado, favoreciéndose de las políticas, regulaciones y el financiamiento de infraestructura que, con el apoyo de socios locales, logran hacer aprobar. Tienen además a su disposición una diversidad de mecanismos para evadir impuestos (subfacturación a empresas asociadas y otros), con lo cual logran no asumir plenamente la responsabilidad tributaria que les corresponde. De este modo perjudican a los demás contribuyentes y a la población toda al afectar la recaudación de ingresos públicos [[Ver [Diferenciar generación, redistribución y extracción de valor->https://opinionsur.org.ar/wp/diferenciar-generacion-redistribucion-y-extraccion-de-valor/ .

La extracción de valor que realizan los grandes exportadores implica la apropiación de un valor que no generan por sí solos sino gracias al esfuerzo de toda la trama productiva que participa de la cadena de valor que culmina en la exportación: esto incluye, entre otros, a pequeños y medianos productores, distribuidores, el sistema educativo que capacita fuerza de trabajo, el sistema de ciencia y tecnología que aporta conocimientos e innovación, la obra pública en infraestructura productiva (energía, vías, riego, puertos y aeropuertos, transporte, comunicaciones, control de inundaciones, etc). Por eso, cuando se habla de apropiación de un valor no generado por el exportador lo que se indica es que se quedan con una proporción de los resultados que no contempla con justicia la contribución realizada por actores públicos y privados que posibilitaron la producción de los bienes y servicios que se exportan.

Utilizando estos mecanismos de extracción de valor obtienen beneficios extraordinarios que no hacen sino reproducir ampliadamente el proceso de concentración de la riqueza, con su contra cara de desigualdad que en nuestros países se expresa, además, en una extendida pobreza. Este proceso de concentración [[Ver una síntesis de sus negativos impactos en el artículo [¿Arde el mundo?->https://opinionsur.org.ar/wp/arde-el-mundo-2/, Opinión Sur enero de 2013]] está en las antípodas de la equidad distributiva y la inclusión social.

En general, cuando un país necesita de recursos externos para financiar importaciones y encarar los compromisos de la deuda que hubiese contraído, la estrategia de corto plazo es utilizar los canales exportadores existentes y, por tanto, los grandes actores que hoy controlan el negocio exportador. No es sencillo transformar esa situación y sin embargo, si realmente se desea alcanzar un mayor grado de equidad distributiva e inclusión social, no cabe permitir que se reproduzca en el tiempo. ¿Cómo actuar entonces?

Otras opciones de intervención

El punto de partida es reconocer, por un lado, que la equidad distributiva y la inclusión social constituyen no sólo un imperativo ético sino también una dimensión esencial para asegurar crecimiento orgánico, cohesión social y gobernabilidad democrática. Por otro lado, la viabilidad económica de un país que hace parte de un mundo globalizado exige disponer de recursos externos genuinos, dentro de los cuales los generados por las exportaciones son muy significativos. Lo requerido entonces es apoyar la corriente exportadora con medidas que contribuyan, al mismo tiempo, a mejorar la equidad distributiva y la inclusión social.

Esto puede lograrse de muchas maneras actuando simultáneamente en varios frentes. A continuación algunas opciones que podrían sumarse a las tradicionales medidas de promoción de exportaciones.

(i) Distribución justa del ingreso exportador, que implica preservar la legítima ganancia de toda actividad exportadora y redistribuir eventuales ganancias extraordinarias hacia la entera cadena de valor que produce el bien o servicio exportado. Es decir, facilitar los apoyos necesarios al esfuerzo exportador y asegurar que sus resultados sean distribuidos con justicia a quienes lo hacen posible y no terminen concentrados en los actores más poderosos. El único actor con capacidad para abatir este tipo de concentración económica es el Estado, siempre y cuando no hubiese sido cooptado o condicionadas sus políticas por quienes se favorecen con la situación que se desea transformar. De ahí que, en verdad, este frente de transformación tenga una muy crítica dimensión de naturaleza política que se superpone con la técnico-económica.

(ii) Promover la emergencia de nuevos exportadores. Con adecuado apoyo es posible promover el fortalecimiento o la aparición de pequeños y medianos exportadores que apunten a nichos de mercado en los que puedan competir: para ello habrá que apuntalar su formación de capital, capacidad de gestión y el acceso a información, contactos y ventas. Pero también vale dar paso a nuevos exportadores que tengan la escala y capacidad de gestión necesarias para acceder a umbrales superiores de oportunidades. Esto incluye a los ya conocidos consorcios de exportación que cumplen un muy importante papel pero también a comercializadoras dedicadas a negocios internacionales que pueden emerger a través de asociaciones público-privadas comprometidas con una justa distribución interna del resultado exportador.

(iii) Acordar con países amigos nuevos canales exportadores. Esta es un área promisoria aunque poco explorada en la cual se asocian capitales públicos y privados de una región, como podría ser el caso de MERCOSUR en América del Sur o el SADC (Southern African Development Community) en África del Sur. El propósito es potenciar recursos institucionales disponibles (presencia regional en entidades internacionales, facilidades de embajadas, consulados, agencias de promoción, centros de ciencia y tecnología, banca privada y de desarrollo), así como establecer acuerdos que prioricen intereses de los países participantes (abastecimiento regional de insumos para producción exportable, desarrollo de modalidades de gestión comercial unificada, compartir conocimientos, contactos, acceso a mercados).

Más allá de la especificidad del ejemplo analizado, lo que estas líneas destacan es la necesidad de llevar el propósito transformador al seno mismo de las medidas que se adoptan de modo de identificar sinergias y alertar sobre eventuales inconsistencias con los objetivos de transformación. De ahí la expresión “implosión transformadora” una perspectiva que, tomando en cuenta la existencia de relaciones técnicas entre variables agregadas, avanza hacia sus elementos constitutivos y los efectos sociales, económicos, ambientales y políticos de cada una de las medidas de implementación por adoptar. Al hacerlo se minimizan efectos no deseados y se quiebran linealidades reduccionistas que sólo sirven para enmascarar intereses indefendibles a campo abierto.

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