El estrecho desfiladero entre neoliberalismo y autocracias/dictaduras

Es un estrecho desfiladero el que existe entre hegemonías neoliberales y autocracias dictatoriales para avanzar hacia un orden económico, social y ambiental que sirva a la humanidad y al cuidado ambiental, más estrecho cuando las hegemonías se presentan superpuestas.

Los dominadores no ceden graciosamente sus privilegios sino que están atentos para detener o castrar intentos transformadores. Como no pueden defender abiertamente sus intereses, encubren los mecanismos que utilizan para saquear lo producido por las sociedades. Han establecido una maquinaria concentradora que agiganta sin cesar las desigualdades y castiga sin misericordia a dos tercios de la población mundial.

No es sencillo enfrentar tamaño poder pero puede encararse conformando otro poder sustentado en un esclarecido firme apoyo de sectores medios y populares. Esto implica conformar poderosas coaliciones sociales capaces de escoger y sostener en el tiempo a gobiernos comprometidos con el bienestar general y el cuidado ambiental. Se trata de un esfuerzo que incluye esclarecimiento popular, organización social, la formulación de un proyecto de país que oriente el accionar, el diseño de una trayectoria acorde con las circunstancias de cada país y momento, y la conformación y puesta en marcha de un calibrado mecanismo de gestión y control de ejecución.

Al invocar la conformación de amplias coaliciones sociales toca reconocer que, dada la diversidad de sectores participantes, siempre existirán tensiones en cuanto a intereses, perspectivas y personalidades. Alinear esa diversidad es uno de los mayores desafíos a enfrentar. Las diferencias en el seno de los sectores medios y populares necesitan ser atendidas tanto en fase electoral como en la crucial instancia de gobernar. Habrá que vencer resistencias internas y externas y no caer en trampas e inducidos divisionismos promovidos por los dominadores para desviar el foco principal que es desmontar los mecanismos de sometimiento.

Avanzar alineando intereses exige no dejar fuera del proyecto de país a segmentos de la coalición. Tocará explicar en todo momento el fundamento de las políticas utilizadas para avanzar en los estrechos desfiladeros, algo que todos los sectores de la coalición pueden comprender siempre y cuando no sean ellos quienes carguen con los mayores costos de las decisiones. Para evitar que ese sesgo predomine será necesario compensar a los sectores afectados por el desarrollo en marcha, en particular sectores vulnerables siempre sometidos a sufrimientos y castigos. Estos sectores tienen razón en desconfiar de promesas de mejores días a los que nunca accedieron; requieren en cambio urgentes apoyos productivos y asistenciales. Quienes pueden asumir las cargas propias de un proceso transformador son los que concentran la riqueza del país. En esta distribución social de cargas no cabe oponerse a gravar la riqueza y los ingresos de los opulentos argumentando que de esa forma se desestimularía la inversión. En verdad sucede lo contrario, la historia demuestra una y otra vez que la inversión llega cuando un país social y económicamente vigoroso crece distribuyendo equitativamente las cargas y los resultados.

De ahí la necesidad, una vez más, de esclarecimiento comenzando por explicitar que el desarrollo está lejos de ser un proceso único e inexorable como procuran imponer los dominadores. Existe una enorme diversidad de modalidades de desarrollo, algunas más inclusivas y equitativas que otras. Todas disponen de opciones tecnológicas acerca de cómo ejecutar iniciativas pero, alerta, no es la tecnología de por sí la que determina prioridades y secuencias sino la convergencia de decisiones políticas. Esto es, el definir qué hacer, cuándo, dónde, con qué orden, cómo se distribuyen cargas y resultados, y también cuáles opciones tecnológicas se escogen ya que cada modalidad tecnológica tiene diferentes impactos en lo social, ambiental y económico. Se afirma que estas decisiones fundamentales son políticas en el sentido que quienes las toman son los que detentan el poder de decisión. Si ese poder decisional es ejercido por un pequeño grupo que concentra la riqueza local y nacional, el resultado será que seguirá prevaleciendo la dinámica de sometimiento de los sectores medios y populares.

No les falta sagacidad a los dominadores para preservar sus privilegios. Saben operar con avances y retrocesos, concediendo cambios menores para sostener sus intereses esenciales. Ante arremetidas transformadoras ceden grados de control del Estados pero se atrincheran en nódulos estratégicos de la economía, los medios y la justicia que se aseguran de preservar. Si esos espacios no son desmontados, tarde o temprano se restaurará a pleno la dominación. Ocurre que con sus recursos quienes dominan cooptan a dirigentes políticos, sociales, jueces, fiscales, reguladores y formuladores de políticas públicas. Cambian nombres, argumentos, estrategias, sin alterar su principal objetivo que es seguir concentrando riqueza y poder decisional debilitando para ello la capacidad social de resistir la dominación.

De este modo, los dominadores se aseguran su capacidad de lucrar aún a través de los cambios de contexto. Lo lograron al imponer gobiernos neoliberales y continuaron lucrando en la pandemia. En el nuevo contexto bélico de post pandemia siguen haciéndolo a través de reforzar la irrupción de procesos inflacionarios. La inflación les permite exprimir aún más a sectores medios y populares con mecanismos como, entre otros, (i) el rezago de ingresos de amplias mayorías en relación a precios impuestos por los grupos concentrados (expropiación de recursos de sectores medios y populares que pierden capacidad adquisitiva) y además, (ii) imponiendo subas de las tasas de interés beneficiando a los propietarios del capital financiero.

No cabe disimular cuántas veces hemos utilizado el verbo imponer y el calificativo de inmisericorde porque eso es lo que ocurre cuando el poder decisional hace parte del tremendo, inaudito e inadmisible proceso concentrador de la riqueza. Al combinar la concentración de riqueza y el poder decisional en pocas manos se consagra un rumbo global y nacional que destruye sociedades y medio ambiente, destino suicida para la humanidad imprescindible de transformar.   

Espacios estratégicos para avanzar la transformación

Habrá que decidir si nos resignamos ante el avance concentrador o, por el contrario, procuramos otros rumbos y formas de funcionar. Si adherimos a desarrollar nuevas opciones, ¡cómo no perdernos en lo desconocido al transitar los estrechos desfiladeros mencionados al iniciar esta reflexión! A eso haremos referencia en lo que sigue.

Un espacio fundamental es el del “Poder”, un poder capaz de resistir la dominación y, además, de generar lo nuevo. Ese poder se juega y necesita establecerse a nivel global, nacional y local. Es el poder de ejercer soberanía decisional con coaliciones de países en la cambiante geopolítica global, con coaliciones políticas de sectores medios y populares al interior de cada país y, a nivel local, con coaliciones esclarecidas de movimientos sociales y territoriales. En todos los niveles alineando intereses para tener capacidad de desmontar las hegemonías destructivas.

Otro crítico espacio que cruza todas las dimensiones es sumarse con firmeza a la lucha de respeto y cuidado del medio ambiente, la Madre Tierra celebrada desde los pueblos ancestrales. El Planeta ya reacciona ante los permanentes agravios en un proceso que no augura fácil retorno. Es prioridad absoluta para la entera humanidad revertir lo que la codicia e irresponsabilidad viene generando.

Hay un crítico espacio de sometimiento que drena recursos y esteriliza la capacidad de enteras naciones de utilizar sus potencialidades. Es el tremendo sobre endeudamiento social y soberano impuesto por grupos financieros internacionales con complicidades locales. Son pesadas deudas imposibles de cancelar lo que exige reconversiones cada vez más leoninas. Constituyen un permanente drenaje de recursos, una inmisericorde expropiación del ahorro nacional. Muchas de esas deudas tienen orígenes ilegales o, cuando menos, ilegítimos por lo que las soluciones van más allá de lo estrictamente financiero, exigen soluciones políticas que anulen la mayor parte de esa apropiación. Es la más efectiva forma de resolver de raíz un nudo georgiano que asfixia a los países para que unos pocos opulentos sigan lucrando desaforadamente.

En esa dirección es imprescindible restaurar la firme regulación de los movimientos de capitales especulativos desmontando la primacía financiera que sólo sirve para apropiar excedentes generados por el conjunto de cada sociedad. Habrá que cerrar los circuitos delictivos de buena parte de los sistemas financieros que facilitan la evasión impositiva y el lavado de activos mal habidos, otro tremendo drenaje de recursos que podrían dedicarse a cancelar deuda social y financiar apoyo productivo para el desarrollo.

Como parte del crítico esfuerzo de desmontar la concentración redistribuyendo la riqueza y los ingresos, habrá que promover mercados que no sean oligopólicos, es decir, dónde unas pocas empresas han concentrado el poder de determinar precios y qué, cómo, cuánto y cuándo se produce. Vale decir, impedir que se fijen precios y condiciones comerciales leoninas a pequeños proveedores y consumidores de modo de extraerles recursos (descapitalizarlos) para su propio provecho. El propósito es apoyar a una gran diversidad de pequeños y medianos productores que operen cerca a los mercados que sirven.

Se mencionó que los dominadores procuran preservar indefinidamente su control de medios hegemónicos y sectores críticos del sistema judicial para manipular la opinión pública y asegurarse impunidad por su accionar delictivo. Desmontar esas trincheras es de importancia estratégica y debiera encararse con la mayor urgencia. 

Planteamos una referencia especial a la denominada economía popular que ha sido un refugio obligado para millones de familia desprotegidas en su lucha por sobrevivir. Se les ha tratado de la peor manera, dejándolas en el abandono o dedicándoles dádivas y muy precarios programas de apoyo. Este enorme universo poblacional reclama los derechos que les son escamoteados y facilidades para integrarse plenamente al funcionamiento nacional y local. No necesitan asistencia residual sino acceder a una de excelencia, tanto por razones éticas de justicia y equidad sino además porque en la economía popular anida una enorme capacidad de producir bienes y servicios, de crear cultura y desarrollar conocimiento, de contribuir al país para mejorar su marcha, el entendimiento social, la seguridad ciudadana. No sirven migajas que sólo reproducen la miseria y todo tipo de escaseces. Aquí se juega buena parte del futuro nacional. Con la modestia del caso, venimos proponiendo potentes instrumentos de asistencia a la economía popular. Por un lado, equipar a las organizaciones propias de la economía popular con un calificado equipo capaz de identificar y establecer en su localidad emprendimientos productivos y culturales de tamaño medio y base asociativa. Estas denominadas “desarrolladoras de emprendimientos” permiten insertar iniciativas de la economía popular en promisorias cadenas de valor. Complementándolas proponemos la conformación de fideicomisos especializados en la economía popular fondeados con una diversidad de fondos públicos y privados, incluyendo de fundaciones, universidades y organizaciones de desarrollo. Esos potentes mecanismos u otros semejantes son imprescindibles para jerarquizar al más alto nivel la asistencia a enormes segmentos poblacionales hoy arrinconados en la pobreza y el olvido. 

Hasta aquí algunos señalamientos para priorizar desafíos al atravesar duras condiciones (desfiladeros) en busca de nuevos rumbos y mejores formas de funcionar. No es sencillo encarar estos desafíos, nunca lo fue. Y sin embargo, no faltaron valientes para liderar y militar, generación tras generación, las luchas para librarse de sometimientos y dar paso a nuevas realidades.         

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