El destino en geopolítica: Repeticiones, variantes y simetrías.

La historia parece repetirse con las derrotas sucesivas de las intervenciones norteamericanas en diversos países del planeta. Conviene analizar lo que está detrás del repetido fracaso.

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Existen distintas teorías acerca de la repetición en la historia. Una de ellas la niega rotundamente.  Proviene de la tradición empirista y anti-racionalista inglesa, cuyo representante insigne fue David Hume. Otra, que proviene de la antigua Nápoles borbónica, considera a la historia como una gran rueda giratoria donde todos los acontecimientos se repiten.  Su autor más conocido es Giambattista Vico.  Su frase perentoria captó la idea y le dio fama: corsi e ricorsi (cursos y recursos).  La tercera es la teoría de la repetición con variaciones, ya sea en una espiral ascendiente o en otra descendiente.  Esa versión la expresaron dos grandes pensadores: Georg W.F. Hegel en su dialéctica, y Charles Darwin en biología, donde nunca usó la palabra “evolución” sino la expresión descent with modifications (descendencia con variaciones).

Informado sin duda por esas teorías, Jorge Luis Borges las resumió en un cuento muy corto, que reproduzco.

La Trama

Jorge Luis Borges.

Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por lo impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.

Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.

Fin

Este preámbulo y sus reflexiones me ayudan a pensar, en clave geopolítica, el significado del desastre afgano.

Repeticiones

Agosto de 2021: La desordenada retirada de las tropas norteamericanas en Kabul repite la escena de la desordenada retirada de las tropas norteamericanas en Saigón 46 años antes, en 1975. Y aquella ya lejana retirada vietnamita era un anticipo del abandono de Afganistán por los soldados soviéticos 13 años después, en 1988. Fueron corsi e ricorsi en distintos escenarios o hasta en el mismo lugar.  Podemos ir más atrás.

Hace 124 años, en 1897, un Teniente Segundo y corresponsal de guerra en la fuerza expedicionaria británica, después de presenciar las luchas de frontera en la desolada Afganistán y participar por primera vez en combate, llegó a la conclusión de que el conflicto bélico entre la fuerza imperial y las tribus aguerridas de esa bárbara región no tendría solución.[1]  Según aquel oficial de 23 años de edad, al Imperio Británico le quedaban tres opciones: ocupar el territorio por tiempo indefinido y sin resultado alguno, abandonar el primitivo país y desentenderse de sus sangrientos conflictos, o llevar adelante una sutil combinación de la diplomacia artera y ataques militares periódicos.  Ninguna de las tres era una situación satisfactoria.  En adelante sólo habría una serie de desastres repetidos.  Su resumen sobre la guerra afgana fue lapidario: “Financieramente es ruinosa, moralmente es malvada, militarmente es indecisa, y políticamente es un error garrafal.” El teniente se llamaba Winston Churchill.

La vocación a repetir experiencias traumáticas sería parte, según Sigmund Freud, del impulso de muerte, algo así como devolver al ser vivo al estado inorgánico.  Las pulsiones de muerte se dirigen tanto hacia el exterior como hacia el interior de una persona y de una sociedad. Se manifiestan entonces en forma de pulsión agresiva o destructiva, es decir en “polarización.” Dejo al lector la tarea de descifrar el enigma y sacar sus propias conclusiones.

Variantes

Tal vez sin saberlo, un agudo asesor en materia de seguridad nacional durante la presidencia de Barak Obama logró dar con la tecla de una buena explicación del impulso a repetir. En un ensayo reciente,[2] Ben Rhodes sostiene que el enorme complejo militar-industrial heredado de la Segunda Guerra Mundial y alimentado por la subsiguiente Guerra Fría, primero creó un estado dentro del estado (peligro advertido por Dwight Eisenhower en su último discurso  presidencial) y luego distorsionó todas las políticas públicas. 

Luego de la caída de la Unión Soviética, los EEUU quedaron a la búsqueda de un nuevo enemigo en torno al cual movilizar a toda la sociedad.  Lo encontró en el “terrorismo” gracias al favor que le hizo el extremismo islámico.  Fue una guerra sin fines claros y sin fin temporal, a cargo de aquel monumental complejo militar-industrial, cuya ineficacia y altísimo costo demostró una y otra vez[3].  La duración sine die de esas guerras marginales hizo a su vez que la sociedad norteamericana internalizara su paranoia externa, buscara enemigos dentro de la sociedad, y estableciera una espiral de sospechas y persecuciones  –la tan mentada “polarización” que hoy infecta a la sociedad entera como una plaga.

 Cada fracaso de una intervención militar externa hoy exacerba la paranoia interna.  Bien podríamos llamar a esta situación una espiral descendente, con modificaciones, que convoca al espectro de un subdesarrollo voluntario y de una regresión social.[4]

La caída de Saigón y la toma de Kabul son efectivamente una repetición –pero con una gran salvedad, es decir una importante variación.  La rendición de Vietnam del Sur a Vietnam del Norte fue en realidad el intercambio de una ideología occidental (el ideal de una democracia liberal) por otra (el comunismo marxista) también oriunda de Europa. Esa similitud disimulada en todos los discursos oficiales de uno y otro bando se reveló cuando los vietnamitas triunfantes se adaptaron y adoptaron el capitalismo global. Nada hace pensar que la retirada occidental de Kabul dé lugar a un régimen similar –sólo al regreso de una lucha tribal interna y francamente primitiva. 

Simetrías

La unidad norteamericana hoy se encuentra amenazada por la internalización de la guerra anti-terrorista.  En su origen, las colonias norteamericanas pudieron unirse, primero en una federación, y finalmente en un solo estado, después de arduos debates, con una solución más frágil y provisoria que la proclamada en la Constitución.  La unidad casi se rompió con el estallido de la Guerra Civil.  Pero se mantuvo hasta hoy bajo el lema e pluribus unum (de muchos, uno). Con la polarización actual, esa unión puede desintegrarse en una situación opuesta y simétrica a la que fundó la república 234 años atrás: Ex uno plures (de uno, muchos).  Los lemas opuestos son dos sujeta-libros que contienen un interesantísimo girón de historia –y una tragedia en ciernes también.


[1] La rivalidad entre los británicos y el imperio ruso, llamado » El Gran Juego «, se centró en Afganistán durante el siglo XIX.

[2] Ben Rhodes, “Them and Us: How America Lets Its Enemies Hijack Its Foreign Policy”, Foreign Affairs, October 2021.

[3] En esa guerra indefinida murieron 7.000 soldados norteamericanos, 50.000 resultaron heridos, y 30.000 se suicidaron.  Por su parte, cientos de miles de afganos e iraquíes perdieron la vida, y la guerra produjo 37 millones de desplazados. ¿Y el costo?  Nada menos que 7 trillones de dólares, es decir, 7 millones de billones, una cifra seguida por 18 ceros.

[4] Ver a propósito el trabajo precursor de Philip E. Slater, “On Social Regression,” American Sociological Review, Vol. 28, No. 3, June 1963.

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