Alinear intereses

En la búsqueda de entendimientos es crucial saber alinear intereses, lo que implica encontrar fórmulas que permitan reorientar conductas y actitudes aun en contextos difíciles de resolver.
Una sociedad fragmentada, con antagonismos sociales que se desbordan más allá de los normales roces que la convivencia genera y reproduce, es una sociedad que no logra realizarse a plenitud. Mientras que la diversidad de opiniones y posiciones enriquece el diálogo y hace que las decisiones y cursos de acción que se adopten se vean enriquecidos, los antagonismos virulentos esterilizan energía y son negativos para el desarrollo nacional o local. En procesos donde co-existen y pugnan entre sí múltiples intereses y valores, las actitudes intolerantes, mezquinas o inmaduras pueden enervar el diálogo social en búsqueda de soluciones sustentables generando antagonismos irreconciliables muy gravosos en términos sociales y personales.

Esto no niega y mucho menos ignora que existen profundas diferencias de intereses entre países y grupos sociales. Cuando el privilegio de unos pocos somete al resto a la desigualdad o la pobreza, toca enfrentar frontalmente el sometimiento ya que los espacios para dirimir constructivamente diferencias se reducen enormemente. En el resto de situaciones los entendimientos son posibles y vale trabajar para lograrlos. Una buena dosis de creatividad, prudencia, templanza, inteligencia y generosidad, puede ayudar a encontrar cursos de acción no antagónicos; con ello, los diversos focos de energía se potencian en lugar de neutralizarse.

En la búsqueda de entendimientos es crucial saber alinear intereses, lo que implica encontrar fórmulas que permitan reorientar conductas y actitudes aun en contextos difíciles de resolver. Es el caso, por ejemplo, de quienes sostienen que necesitan crecer o consolidarse para después poder compartir resultados o asumir nuevas responsabilidades. Ocurre que los demás actores pueden desconfiar de ellos porque la historia está plagada de casos de quienes se han enriquecido social, política o económicamente y no han considerado compromisos de ayudar al resto. Tampoco convencen los pronosticados “derrames” que pocas veces se materializan.

Alinear intereses requiere de experiencia y disposición para encarar lo que termina siendo esencial para la convivencia política y social. No sirven personas ignorantes aunque bien intencionadas, ni otras astutas pero mal intencionadas. Se requiere lo mejor del liderazgo social y político para identificar soluciones capaces de movilizar voluntades en base a estructurar con justicia intereses; es que no se trata tan sólo de amontonarlos sino de articular los intereses de forma que posibiliten desplegar a pleno la energía del conjunto social.

En esa búsqueda no son menores los obstáculos que se enfrentan. Muchas veces ni siquiera coinciden las perspectivas de los diferentes actores sobre lo que en verdad está sucediendo y menos aun en relación a las causas o sustentos de los procesos de los que somos parte. En ocasiones tampoco hay coincidencias en lo que podría acontecer si no se lograsen alinear bien los intereses. Frente a ello, toca generar mejores espacios para hacer converger tanta diversidad de intereses; por ejemplo, plantear visiones y escenarios posibles más allá de lo inmediato. La inmediatez del hoy, del ahora, suele exacerbar mezquindades y angostar opciones. El forcejeo del dolor presente, de ofensas frescas, de la irritación aun caliente, propicia deslizarse hacia antagonismos. Una visión algo más abierta, más plena en cuanto a factores, impactos y tiempos, puede generar el espacio necesario para alinear intereses de manera consistente con los valores más significativos que cada participante porta consigo.

Las pugnas distributivas ilustran lo anterior. En el plano de lo inmediato las partes antagonizan porque en ese horizonte lo que uno obtiene el otro cede. Sin embargo, soluciones de corto y mediano plazo basadas en explícitos acuerdos de distribución de resultados, incluyendo reivindicaciones injustamente represadas, acrecentarían la posibilidad de alinear intereses más difíciles de conciliar si el horizonte temporal solo se redujese al presente inmediato. Se estarían elaborando así trayectorias de crecimiento distribuyendo con justicia los resultados que se irían obteniendo.

Puede ocurrir que la concentración de resultados en algunos nódulos del sistema socioeconómico pudiera acelerar ciertos aspectos muy puntuales del proceso de crecimiento. Sin embargo, en términos de sustentabilidad y de ayudar a movilizar a pleno la potencialidad del conjunto, un crecimiento concentrado resulta altamente inestable, generando situaciones permanentemente conflictivas y agigantando los antagonismos.

Un aspecto crítico para desplegar a pleno la capacidad realizadora de una sociedad es alentar con firmeza a quienes se desempeñan como emprendedores económicos, sociales, políticos o culturales porque ahí anida buena parte del potencial nacional o local. Sin embargo, sus compensaciones no pueden ser desproporcionadas porque nada de lo que hagan y obtengan lo habrán logrado por sí solos en un vacío de circunstancias sino utilizando muchos otros factores también esenciales para poder materializar los objetivos de su emprendimiento.

Al alinear intereses no cabe adoptar fórmulas rígidas que quizás los más astutos o mejor posicionados saben negociar porque están, por conocimiento o suerte, en mejores condiciones de anticipar lo que vendrá. Alinear intereses y valores implica encontrar fórmulas que regulen incluso cómo se ajustarán los acuerdos que hoy se establecen de mediar situaciones imprevistas o circunstancias extraordinarias que pudieran desvirtuar las bases de justicia que guiaron originalmente a las partes. El criterio básico debería ser de alentar a quienes emprenden sin mantener rezagados a otros actores con niveles indignos de vida que, por otra parte, cambian y se ajustan con los tiempos. Dejar mayorías o minorías rezagadas es éticamente reprobable, económicamente absurdo y políticamente peligroso.

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