Abatir desigualdad para lograr una salida sustentable de la crisis

Es factible y necesario construir salidas de la crisis que conduzcan a un desarrollo sustentable ajustado a las circunstancias de cada pais y de cada comunidad. Esas salidas son definidas por una compleja, imperfecta y cambiante estructura decisional que desemboca en el nivel político. El nuevo rumbo y forma de funcionar debiera expresarse en un consistente conjunto de medidas macroeconómicas y de prácticas mesoeconómicas, así como en el establecimiento de un sistema de apoyo directo a la base de la pirámide socioeconómica. Al germinar nuevas ideas en la conciencia individual y colectiva se va transformando el cuadro de valores predominantes en cada sociedad que es lo que, en definitiva, asegurará sustento y perdurabilidad al nuevo rumbo.En otros artículos1 analizamos cómo el proceso de concentración económica con su impacto sobre la desigualdad y la pobreza impidió un crecimiento orgánico, contribuyendo así a generar las circunstancias que condujeron a la presente crisis global. En estas líneas señalamos algunas de las principales medidas que pueden tomarse para abatir desigualdad y pobreza de modo de salir de la crisis hacia un desarrollo sustentable.

Los efectos de la concentración

En un crecimiento orgánico, el nivel y la estructura de la demanda efectiva acompañan y absorben lo que un vibrante aparato productivo es capaz de producir. Cuando ese balance es afectado por un crecimiento concentrador que genera un fuerte rezago en los ingresos de los sectores medios y bajos, una forma posible para encarar ese desajuste es a través del crédito: el consumidor no mejora sus ingresos sino que se endeuda. Está claro que si no se elimina el rezago relativo de ingresos, tarde o temprano se cae en un creciente sobre-endeudamiento, que fue lo que ocurrió en esta crisis. Nacieron y se inflaron peligrosas burbujas financieras hasta que un día estallaron y arrastraron consigo al sistema financiero que las posibilitó (y lucró con ella) y, luego, por efecto dominó, al resto del sistema económico, los diversos sectores de la economía real.

El crecimiento concentrador primó en casi todo el mundo y no se expresó tan sólo en esa brecha entre ingresos genuinos de sectores medios y bajos y la oferta del aparato productivo. Hubieron muchos otros efectos como la concentración del ahorro y su canalización a productos financieros de alto aunque disimulado riesgo; la avaricia y pérdida de límites de ciertos operadores financieros; la complicidad deliberada o por negligencia de buena parte de los reguladores públicos nacionales e internacionales; la concentración de la inversión en ciertos nodos del sistema económico que profundizó el divorcio entre, por un lado, segmentos de alta tecnología y eficiencia y, por otro, un enorme y cada vez más rezagado universo de pequeños y micro productores.

Al mismo tiempo la concentración de los ingresos alteró el perfil de la demanda y con ello las señales que se dieron al aparato productivo acerca del tipo de producción que debía ofrecer.

Creció el consumo superfluo en los sectores afluentes, patrón de consumo que los medios de comunicación y la publicidad facilitaron se extendiera a los sectores medios cada vez más endeudados. No primó un consumo responsable sino un consumismo exacerbado que acrecentó la ya de por sí acelerada destrucción ambiental. El afán consumista ignoró la debacle de muchísimas familias, resquebrajó redes protectoras, favoreció la epidemia de adicciones y la búsqueda alienada de la felicidad sustituta.

No pararon ahí los efectos de la concentración económica ya que también generó mayor concentración del poder político y comunicacional con una fuerte tendencia a la homogeinización del pensamiento estratégico. Los concentrados recursos financieros y el acceso a los también concentrados canales de diseminación de información y de ideas se asignaron con mayor generosidad a usinas de pensamiento estratégico afines a los intereses concentradores.

Estas afirmaciones no tienen que ver con radicalismo ideológico o partidista alguno. Es que los efectos sistémicos de una cierta forma de funcionar se expanden e irradian afectando practicamente a todos los niveles y rincones de la sociedad, la economía, la política, la educación, el medio ambiente, los valores, las relaciones interpersonales, nuestra propia psicología individual. En verdad ninguna de esas categorías son esferas aisladas sino dimensiones -que se influyen unas a otras- de una única y compleja realidad.

Transformar para asegurar desarrollo sustentable

Es necesario distinguir factores que son modificables en el corto plazo y otros que, o no son modificables, o requieren de más tiempo para poder transformarse plenamente. De este modo reconocemos los límites y restricciones en los que nos desenvolvemos pero, al mismo tiempo, la posibilidad de actuar, de ejercer con realismo nuestro libre albedrío y determinación. Nos toca avanzar con el riesgo de caer, por un lado, en un voluntarismo irresponsable y, por otro, en un determinismo paralizante.

¿Cómo entonces podemos desplegar en un contexto de crisis acciones transformadoras que sean capaces de abatir concentración, desigualdad y pobreza y dar paso a un nuevo rumbo sistémico?

Lo primero es reconocer que los esfuerzos para abatir concentración, desigualdad y pobreza no son acciones marginales, acciones que sólo “complementan” las decisiones centrales. No cabe desplegar medidas macroeconómicas e iniciativas mesoeconómicas ignorando el propósito central de transformar el proceso concentrador y luego, como un inefectivo pero mediático saludo a la bandera, proponer un “programa especial” para abatir desigualdad y pobreza. Nada más alejado de lo requerido para materializar un cambio de rumbo.

Para salir de la crisis hacia un desarrollo sustentable se requiere trabajar en simultáneo a nivel de políticas macroeconómicas, de acciones mesoeconómicas y de medidas de apoyo directo a la base de la pirámide social. Todo ello integrado al crítico esfuerzo de ajustar actitudes y valores, imprescindible sustento social y político para asegurar una trayectoria sostenible.

(i) La acción macroeconómica para lograr una salida sustentable

Para lograr una salida sustentable de la crisis, el conjunto de políticas macroeconómicas debe converger sobre el objetivo de dinamizar la economía transformando el patron de crecimiento concentrador, abatiendo la desigualdad y la exclusión, movilizando la base del aparato productivo. Para lograrlo será necesario utilizar a pleno la política fiscal, la política de gasto público, la política monetaria y crediticia, la política de inversiones y la política de ciencia y tecnología, entre varias otras.

En materia de política fiscal es crítico corregir los sesgos regresivos que caracterizan a casi todos nuestros sistemas impositivos. Más allá que unos impuestos sean más fáciles de cobrar que otros, el criterio rector para abatir desigualdad es que quienes menos tienen paguen proporcionalmente menos y no más que los afluentes como hoy ocurre. La regresividad de la carga fiscal se agiganta con la evasión y la corrupción. No son fenómenos desconectados; debe quedar claro que sin enfrentar a fondo la evasión y la corrupción, además de pervertir el sistema social de premios y castigos, se diluyen los esfuerzos para abatir desigualdad y pobreza.

El gasto público es otra variable clave para transformar el proceso concentrador y abatir desigualdad. Suele ser la principal fuente de financiamiento de la infraestructura social y productiva y, como tal, debe asignarse con efectividad sistémica y justicia social dando prioridad a los sectores rezagados. Para atender legítimas necesidades de sectores de ingresos medios altos y altos puede en cambio acudirse mayoritariamente al financiamiento privado, sin utilizar recursos públicos como hoy muchas veces sucede.

A su vez, es esencial establecer una política monetaria que asegure estabilidad de precios: es conocido que la inestabilidad golpea más a quienes menos pueden defenderse, los sectores de ingresos bajos y medios. En un contexto de estabilidad monetaria, el crédito puede orientarse para que fluya abundante y en buenas condiciones a la base de la pirámide productiva, fortaleciendo intermediarios financieros capaces de gestionar sus carteras de pequeños préstamos con la seriedad y responsabilidad que el caso exige.

Un hecho grave es que no existe en nuestros países una polìtica de inversión que favorezca la crítica formación de capital en micro y pequeños emprendimientos productivos. Es necesario establecer estímulos y marcos regulatorios para promover la conformación de instrumentos que canalicen capital, conocimientos, contactos e información a la base del aparato productivo, del tipo de los que se proponen en (iii).

En economías que son cada vez más conocimiento-dependientes, la producción científica y tecnológica deviene una de las variables estratégicas de mayor importancia. Es preciso orientar esa produccion para que sirva al desarrollo sustentable y atienda muy particularmente a la base del aparato productivo.

(ii) La acción mesoeconómica

En coordinación con la acción macroeconómica, se requiere una acción mesoeconómica por parte de empresas líderes de cadenas productivas, co-responsables de materializar un rumbo sustentable y mejorar el funcionamiento sistémico. Este crítico rol de las empresas líderes no suele ser debidamente jerarquizado y, sin embargo, buena parte del potencial transformador de un crecimiento orgánico se juega en los no muy explicitados espacios mesoeconómicos de las redes y tramas productivas.

Las grandes empresas deben considerar el impacto de sus decisiones sobre los demás actores que conforman la red o trama productiva que lideran. Esto implica asegurar sustentabilidad a proveedores, distribuidores y quienes compran sus productos, sean éstos insumos, bienes de capital o bienes de consumo. Se trata de promover en las empresas una visión sistémica de su propio desarrollo, de modo de minimizar externalidades negativas y utilizar las positivas en beneficio de toda su trama productiva y de las comunidades en las que operan.

(iii) El apoyo directo a la base de la pirámide social

Un tercer eje estratégico es establecer un efectivo sistema de apoyo para micro, pequeños y medianos emprendedores. En ese conjunto de actores económicos anida un reservorio poco reconocido de talento y determinación para movilizar a pleno el potencial productivo de una comunidad. El sistema de apoyo procura generar las condiciones para que los emprendedores puedan desenvolverse en contextos de excelencia y efectividad, acercando lo mejor (no lo residual o de descarte) del conocimiento, de los contactos, de las modernas ingenierías de negocios, del capital inteligente, de los valores de solidaridad y responsabilidad para con los demás y con el medio ambiente.

Se señaló que para salir de la crisis hacia un desarrollo sustentable es critico generar una vigorosa formación de capital en la base del aparato productivo, lo cual no implica reproducir en ese nivel comportamientos social y ambientalmente irresponsables. No se trata de extender hasta el último límite o frontera productiva la injusticia social y la destrucción del medio ambiente. Flaco favor haríamos al desarrollo sustentable lanzando al mercado millones de irresponsables nuevas unidades productivas. El paradigma del productor egoista indiferente a su medio social y ambiental no es el único posible. Fue impuesto por una particular forma de funcionar en la que se privilegió en demasía la búsqueda individual por sobre la del conjunto societal. Hoy se impone preservar la iniciativa y los derechos individuales junto con poner en vigencia obligaciones de responsabilidad para con los demás y con el planeta. Para ello habrá que establecer políticas, regulaciones, actitudes y relaciones entre actores que promuevan la formación de “capital responsable” en la base del aparato productivo. Es posible lograrlo y se conoce como hacerlo utilizando una nueva generación de instituciones de apoyo a pequeños y micro emprendedores.

Al fortalecer el perfil de emprendedor responsable aumenta la valoración social del organizador de la producción que moviliza nuestros factores productivos. Un efectivo sistema de apoyo le posibilitará encarar oportunidades productivas más promisorias utilizando las mejores y más modernas ingenierías de negocios; al mismo tiempo lo orientara para que su accionar impacte positivamente la economía local. Esto implica compartir resultados económicos y tecnológicos tanto con los trabajadores de las pequeñas unidades como, cuando se trate de conformar modernas organizaciones de porte medio sobre la base de integrar pequeña producción hoy dispersa, con quienes se decidan a agruparse para acceder a mejores oportunidades. También implica compartir resultados con los gobiernos locales que accederán a recursos fiscales adicionales generados por la expansión de la base tributaria.

El sistema de apoyo comprende una batería de nuevos instrumentos de promoción, incluyendo desarrolladoras de negocios inclusivos, redes de inversores ángeles social y ambientalmente responsables, fondos locales de apoyo a la inversión productiva, acuerdos de asistencia con institutos tecnológicos, escuelas de negocios y consultoras en gestión emprendedora.

Un efectivo sistema de apoyo reconoce el protagonismo de los emprendedores a quienes se ofrece respaldo y se focaliza en desarrollar negocios inclusivos. Son pocos los emprendedores que emergen sin ninguna ayuda del pantano de la pobreza y peor de la indigencia. Es enorme el dolor de las familias hoy marginadas del crecimiento y gigantesca la capacidad realizadora que se está desaprovechando.

Vale advertir sobre el riesgo de establecer guetos de sólo pequeños emprendedores en lugar de integrar personas de diferente extracción, formación, acceso a información y a contactos. Segregar productivamente a los pobres y pequeños no ayuda a transformar su realidad sino tiende a reproducir las condiciones en las que se desenvuelven. Una forma mas efectiva de superar las circunstancias de escasez y acceder a nuevas y mejores oportunidades es asociar a pequeños y micro productores con otros actores que los complementen y potencien, y hacerlo en base a relaciones justas y de responsabilidad compartida. He aquí un amplio campo para explorar en el que el sistema de apoyo juega un rol determinante porque con sus recursos y asistencia fija rumbos y propone formas de funcionar. Por cierto que este promisorio campo no esta exento de tensiones porque son muchos y diversos los intereses que confluyen sobre los emprendimientos inclusivos.

(iv) Ajustar actitudes y valores

Salir de la crisis hacia un desarrollo sustentable no es un hecho tecnocrático sino un proceso esencialmente social, político… e individual. Es que hay varias formas de salir de una crisis y cada una implica poner en vigencia diferentes relaciones entre personas de una comunidad, de un país, de la aldea global. La estructura decisional prevaleciente en cada situación mediatiza los albedríos individuales y, considerando parámetros y limitaciones, establece rumbos y reglas de funcionamiento.

Es un hecho que el poder decisional no está distribuído por igual sino que algunos detentan más capacidad que otros para incidir en la toma de decisiones estratégicas. Esas asimetrías se asientan en diferencias económicas y de participación política, en el control de medios de comunicación y en extendidos procesos de alienación de conciencias. De ahí que para profundizar nuestras imperfectas democracias sea imprescindible abatir la desigualdad y la pobreza, promover la participación política, democratizar la comunicación y encarar la alienación que desvía nuestra voluntad de los objetivos de significación y desarrollo. La direccionalidad social se consagra en última instancia a nivel político pero se sostiene con actitudes y valores que germinan en la conciencia individual y colectiva.

Toca siempre convencernos que es posible ensayar algo distinto a lo existente, que no hay sociedad inmutable sino que todas evolucionan con las circunstancias de su tiempo, que el pensamiento estratégico es crítico, y más crítica aún nuestra cotidianeidad que materializa lo que somos y aspiramos.

No vale premiar el egoísmo como si fuera el único motor posible del desarrollo de los pueblos. Por centurias primó el criterio de cuidar sólo el propio ser pero en un mundo globalizado eso puede resultar fatal. Hoy sigue siendo legitimo y plausible el esfuerzo individual que procura su propio bienestar aunque no afectando sino contribuyendo al bienestar de los demás y a la seguridad del planeta.

En síntesis, es factible y necesario construir salidas de la crisis que conduzcan a un desarrollo sustentable ajustado a las circunstancias de cada pais y de cada comunidad. Esas salidas son definidas por una compleja, imperfecta y cambiante estructura decisional que desemboca en el nivel político. El nuevo rumbo y forma de funcionar debiera expresarse en un consistente conjunto de medidas macroeconómicas y de prácticas mesoeconómicas, así como en el establecimiento de un sistema de apoyo directo a la base de la pirámide socioeconómica. Al germinar nuevas ideas en la conciencia individual y colectiva se va transformando el cuadro de valores predominantes en cada sociedad que es lo que, en definitiva, asegurará sustento y perdurabilidad al nuevo rumbo.

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Notas:
Ver los e-books La tormenta del Siglo: La Crisis Económica y Sus Consecuencias, Crisis internacional: Ajustar el rumbo y mejorar el funcionamiento sistémico y el de próxima aparición Salir de la crisis: hacia un desarrollo sustentable.

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