Inversión extranjera sí­, inversión extranjera no

Posiciones extremas a favor o en contra de la inversión extranjera, cualquiera ella fuese y sin importar las condiciones en que llega, conducen a errores que tienen consecuencias. Vale explicitar cuándo y porqué una inversión extranjera puede aportar al desarrollo nacional y cuándo y porqué, afectarlo negativamente.Hay fundamentalistas ideológicos o encubiertos defensores de intereses espurios que consideran a la inversión extranjera como un factor imprescindible para el desarrollo nacional, cualquiera que ella fuese y sin importar las condiciones en que llegan. Es éste un peligrosísimo error.

Hay otros fundamentalistas ideológicos que consideran como un factor absolutamente negativo para el desarrollo nacional toda inversión extranjera, cualquiera que ella fuese y sin importar las condiciones en que llegan. Éste es otro grave error que también tiene consecuencias.

No se trata de encontrar un simple punto medio entre ambas posiciones extremas sino de explicitar cuándo y porqué una inversión extranjera puede aportar al desarrollo nacional y cuándo y porqué, afectarlo negativamente.

Factores a considerar

Para evaluar si conviene o no una determinada inversión extranjera es necesario considerar una serie de factores, entre otros los siguientes:

(i) El tipo y fortaleza del Estado que se hubiese podido construir, muy particularmente si está determinado a defender los intereses del conjunto nacional o está controlado por intereses minoritarios; si actúa con efectividad o termina siendo una estructura sin capacidad ni reflejos para ajustar trayectorias a las siempre cambiantes circunstancias del contexto nacional e internacional.

(ii) El tipo de desarrollo deseado. Es muy diferente el papel que puede jugar una inversión extranjera en un desarrollo concentrador impulsado por políticas neoliberales, que en un desarrollo inclusivo y sustentable basado en políticas transformadoras en procura de vigor económico, justicia social y cuidado ambiental.

(iii) La fase de desarrollo en que se encuentren los diferentes sectores económicos. Una cosa es un país con una estructura económica consolidada y actores nacionales que pueden complementarse con nuevas inversiones extranjeras sin subordinarse a ellas y otra muy distinta si su estructura económica es frágil con actividades “nacientes” que están desarrollándose, tienen aun necesidad de consolidarse y requieren del Estado para entablar relaciones con la inversión extranjera que beneficien a la sociedad en su conjunto.

(iv) Tipo de inversión de que se trate. No interesan inversiones extranjeras orientadas a extraer valor sino a generarlo, que logren con su esfuerzo productivo y no especulativo los resultados legítimos que se merezcan. Vale explicitar que al aprobar una inversión no sólo se establecen obligaciones contractuales sino también se aseguran derechos.

(v) Impacto sobre la balanza de pagos. Es necesario evaluar el efecto que una inversión extranjera tendrá en el corto y en el mediano plazo sobre la balanza de pagos, esto es cómo incidirá sobre importaciones, exportaciones, pagos de royalties y dividendos. En situaciones de serias restricciones de disponibilidad de divisas, como suele suceder en muchas economías emergentes, este factor adquiere enorme importancia.

(vi) Trayectoria del inversor externo. Como en todos los aspectos de la vida no ayudan las generalizaciones; habrá inversores externos que se han conducido responsablemente respetando las normas de los países en los que invirtieron y otros con trayectorias muy cuestionables. Este factor no puede ignorarse al evaluar inversiones extranjeras.

(vii) Impacto político. Existen penosas experiencias en varias economías emergentes de inversiones extranjeras que han actuado ilegalmente financiando y movilizando en favor de sus intereses a sectores de la política, los medios y la justicia promoviendo políticas públicas contrarias al bienestar general y a la soberanía nacional. Constituiría un gruesísimo error (además de las implicaciones legales que estos casos tuvieran) no considerar este crítico factor.

Efectos positivos y negativos

Tomando en cuenta los factores que en definitiva fuesen escogidos como criterios de evaluación de eventuales inversiones extranjeras, el Estado y los particulares debieran identificar (i) probables efectos negativos de cada inversión extranjera y las medidas que podrían adoptarse para evitarlos, así como (ii) las oportunidades que se abrirían en cada caso y las acciones que el Estado y los particulares podrían y convendría que realizaran para aprovecharlas. En función de esa evaluación es que se aprobaría o no aprobaría la inversión.

En estas cortas líneas no es posible profundizar el análisis de todas las implicaciones que entraña evaluar una inversión extranjera. A título demostrativo consideraremos un par de ejemplos de efectos positivos y negativos del área económica; quedan sin cubrir los demás espacios y factores arriba mencionados.

Los ejemplos escogidos se refieren a inversiones extranjeras que presentasen riesgos de deteriorar el medio ambiente y destruir emprendimientos productivos nacionales. En estos casos resulta imprescindible condicionar la aprobación de la inversión extranjera a la explícita adopción de estándares ambientales apropiados y a la aceptación de colaborar con el Estado para eliminar eventuales impactos laborales y empresariales negativos.

Los estándares ambientales apropiados son relativamente bien conocidos por lo que este aspecto no se cubre con tan sólo firmar una amigable declaración de cuidado ambiental sino que requiere de un acuerdo de verificación que explicite indicadores a considerar y modalidades para materializarla.

En cuanto a probables efectos negativos sobre otras actividades productivas, una inversión extranjera responsable debería asegurar que se asociará con el Estado para promover un equilibrado desarrollo de toda su cadena de valor. Entre otras medidas a especificar caso por caso, la nueva inversión debiera procurar utilizar mayormente proveedores locales asegurando precios justos y sostenidos, participar de fideicomisos dedicados a financiar nuevos emprendimientos productivos que generen localmente valor agregado y ayuden en eventuales esfuerzos de reconversión productiva. Cuando se trate de grandes proyectos, la inversión extranjera debería involucrarse en obras de infraestructura que sirvan a la región donde se establece; cuando se trate de proyectos de mediana envergadura, las inversiones extranjeras debieran comprometerse con la realización de mejoras comunitarias específicas en su entorno inmediato.

Por su parte, deben apreciarse al mismo tiempo y en su justo valor eventuales efectos positivos de las distintas inversiones extranjeras, como son la apertura de canales comerciales con mercados externos, la inserción del país en cadenas de valor de sectores promisorios, el apoyo que pudiera producirse al desarrollo científico y tecnológico nacional, un probable aumento de la recaudación tributaria siempre y cuando pueda asegurarse los debidos controles para impedir las varias modalidades existentes de evasión y elusión impositiva.

En otras palabras, es necesario tanto asegurar el cumplimiento de las regulaciones y acuerdos establecidos para evitar eventuales efectos negativos como, en simultáneo, adoptar medidas específicas para efectivamente materializar los efectos positivos. Es que aunque se pudiesen generar oportunidades, las mismas no suelen materializarse espontáneamente. Se abre aquí un espacio donde el Estado y los particulares harían bien en complementar sus esfuerzos, siempre con la perspectiva de favorecer no sólo a las partes directamente involucradas con la específica inversión extranjera sino, muy especialmente, también a la sociedad en su conjunto.

Efectividad y espacios democráticos

Los procesos económicos no se detienen aguardando que sepamos organizarnos para beneficiarnos de las oportunidades que se abren; de no actuar en el tiempo y con la efectividad necesaria se irán conformando otras estructuras y relaciones económicas con el mundo globalizado, lo cual después resultará muy difícil revertir o transformar.

En esa búsqueda de mejores trayectorias no existe una marcha con piloto automático y menos aún respuestas generalizables. Nada reemplaza nuestra propia capacidad de discernir las amenazas de oportunidades, de tomar decisiones y luego implementarlas con la agilidad y efectividad correspondientes. Por cierto, para tomar esas decisiones es necesario disponer de una referencia del país deseado (una utopía referencial) que puede ajustarse con el tiempo y los desarrollos democráticos.

El país deseado necesita ser debatido entre las fuerzas sociales que lo conforman de modo de acordar con el mayor sustento posible el rumbo y los intereses nacionales a defender. No es trabajo sencillo balancear opiniones diversas sin bloquear o retardar en exceso la gestión de gobierno pero es un desafío que vale encarar y resolver apropiadamente. Esto es algo que las democracias confrontan a diario e implica la doble responsabilidad tanto del gobierno como de las fuerzas opositoras cuya función no es por cierto impedir sino, por el contrario, agregar valor a las iniciativas y políticas públicas asegurando probidad y efectividad a las acciones de gobierno. Justamente es en ese contexto de trayectoria deseada, requerimientos sociales y construcción política de una democracia plena que habrá que evaluar la conveniencia de cualquier inversión extranjera que desee asentarse en nuestros países.

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