Lo encubierto en la formación de activos en el exterior

La formación de activos en el exterior no es otra cosa que una riqueza acumulada que se radica fuera del país donde se generó. Esta edulcorada expresión encubre aspectos de crítica importancia, entre otros, quien generó o logró apropiarse de tamaña riqueza, esa apropiación fue legal o ilegal, legítima o ilegítima, por qué salió del país, el efecto que causa, para qué se la utiliza, dónde está radicada, por qué no ayuda al país.  

La destrucción ambiental, los tremendos antagonismos, la pobreza y la indigencia, el hambre, la desnutrición, la insalubridad, las forzadas migraciones para sobrevivir, las epidemias, tanto sufrimiento que prima en el mundo no existe por casualidad. Estos y otros impactos son consecuencia del accionar de minorías que se apropian de riqueza generada socialmente imponiendo su abusivo poder decisional.

Siendo sus intereses indefendibles a cielo abierto, necesitan enmascararlos. Para ello utilizan una diversidad de proposiciones encubridoras, muchas de ellas provistas por la economía neoliberal que obnubila lo que en verdad sucede. Una de esas proposiciones es la que hace al tema de este artículo: aquello que se encubre al hablar de formación de activos en el exterior[1], una expresión que aparece en las estadísticas oficiales.  

Quien generó o logró apropiarse de la riqueza acumulada como activos externos

En los países del Sur, sean economías empobrecidas o de ingresos medios, el mercado interno es de naturaleza esencialmente oligopólica. Esto es, no son mercados donde los actores detentan poderes equivalentes sino donde priman conglomerados con capacidad de imponer precios y condiciones comerciales. Esa imposición les permite extraer de sus proveedores y de los consumidores márgenes de riqueza que no les pertenecen. Si no dispusiesen de ese poder de abusar, sus proveedores podrían obtener una justa compensación por el esfuerzo productivo que ofrecen a los conglomerados y los consumidores podrían retener ingresos que les pertenecen y son forzados a ceder a quienes controlan los mercados.

Existen también otros especuladores financieros y comerciales que utilizan sus recursos y habilidades para extraer beneficios de sectores más débiles o menos informados. Una parte de esa riqueza apropiada no es declarada y alimenta circuitos informales o se suma al drenaje que sale del país engrosando la formación de activos en el exterior.

En pocas palabras, se verifica al interior de los países una apropiación de riqueza que no cede ni se detiene. Esta dinámica, agravada con circunstancias que a continuación se detallan, hace de sustento inicial al desaforado proceso concentrador de la riqueza y el poder decisional que prima en casi todas las latitudes. Este proceso se ha convertido en una demoledora característica estructural del sistema económico predominante.    

Esa apropiación de riqueza ¿es legal o ilegal, legítima o ilegítima?

Vale apreciar si la apropiación de riqueza que se convierte en activos externos es legal o ilegal. No señalamos la riqueza que circula informalmente dentro del país por qué en esencia se mueve al margen de las normativas vigentes.

Cabe una consideración casi obvia por más que se la procure ocultar: los que detentan el poder de determinar lo que es legal, establecen al mismo tiempo los límites donde comienza la ilegalidad. En democracias son instituciones establecidas las que adoptan leyes, regulaciones, controles, las políticas públicas que ordenan el funcionamiento social y económico. Los límites entre lo legal y lo ilegal devienen así una construcción social, política para ser más precisos y, de hecho, cambian con el tiempo. Esos límites reflejan la estructura de poder predominante que aspira a mantenerse. 

En ese contexto queda claro lo que hoy se considera ilegal. Así, si las grandes empresas evadieran su responsabilidad tributaria, no pagasen los impuestos que fijan las leyes, estarían sin duda cometiendo algo ilegal, un delito. Y ocurre que la tasa de evasión impositiva de grandes corporaciones y de otros especuladores suele ser enorme. Para ello disponen de varios mecanismos para realizar sus delitos utilizando todo tipo de complicidades.

Además de violar las normativas existentes, el poder económico está siempre en busca de expandir a su favor lo que es considerado legal y no ilegal. Si no dispusiese de esa capacidad de abusar, mucho de lo que hoy imponen como legal pasaría a ser ilegal. De este modo operan las economías controladas por el neoliberalismo; establecen reglas de juego desbalanceadas favoreciendo a los que detentan mayor poder.

Cuando minorías poderosas deciden que lo que se apropian es legal, queda un espacio valorativo para considerar. ¿es legítimo o ilegítimo lo que realizan? Así, por ejemplo, podrá haberse establecido que los ricos no paguen impuestos o paguen casi nada, pero esa legalidad es ilegítima ya que beneficia a los que mucho tienen y perjudican al resto.  

En ese campo de lo ilegítimo juega la desvergonzada elusión impositiva. Ocurre que en toda legislación quedan inconsistencias o grietas que posibilitan sortear arteramente las reglas establecidas. Los poderosos cuentan con sofisticados asesores que trabajan para minimizar su pago de impuestos, algo que los ciudadanos comunes no disponen. Y no es que poco a poco esas imperfecciones no se procuren corregir, lo que sucede es que los especialistas en elusión no dejan de encontrar nuevas modalidades “legales” para que sus clientes no paguen los impuestos que se supone deberían pagar. No hay moral ni sentido de equidad y solidaridad social que prevalezca.    

De este modo, se mantiene y renueva ciclo tras ciclo el nefasto proceso de apropiación de riqueza, engrosada con delitos de evasión impositiva, elusión de la carga tributaria, adopción de políticas que hacen legal lo que sería ilegal, derivando esos recursos sea a circuitos no registrados de la economía o al drenaje vía fuga de excedentes al exterior.

Sale entonces del país riqueza de dudosa legalidad y rayana ilegitimidad que es la que se presenta como principal componente de la “formación de activos en el exterior”. En ese pasaje y rebautizada con un título anodino, la riqueza mal habida procura escamotea su origen para pasar a engrosar un patrimonio protegido por el sagrado derecho de propiedad. Una típica nebulosa enmascaradora destinada a encubrir lo indefendible.

Las guaridas fiscales

La riqueza acumulada que burla leyes y regulaciones necesita esconderse fuera de la jurisdicción nacional para evitar ser descubierta y castigados sus apropiadores. Para eso están las tenebrosas guaridas fiscales y otras jurisdicciones de baja carga tributaria y laxa identificación de quienes son verdaderos propietarios y no testaferros de esa riqueza. Para esconder quienes cometen delitos se crean cascadas de fondos y fideicomisos que dificultan descubrir la trazabilidad de sus titulares. Sucede que la mayoría de los recursos no fueron declarados, un indicio del origen que se desea preservar. Si se tratase de una riqueza legal y legítima no sería necesario ocultarla tan celosamente del arbitrio público.

Como siempre sucede, no faltan argumentos para justificar lo realizado. Uno señala que fueron forzados a salir buscando protección contra arbitrariedades sin explicitar cómo fue lograda esa acumulación de riqueza. Este amañado argumento explica la resistencia a cualquier investigación sobre cómo sus patrimonios se conformaron. Desde que los recursos ingresan a sus patrimonios, no hay nada para revisar sino por el contrario, aparece un firme cerrojo informativo que, afirman, no debiera vulnerarse.

Por cierto, esto no niega que existan recursos legales y legítimos que optan por salir del país para radicarse en otras jurisdicciones. Sus propietarios no necesitan esconder su patrimonio que está debidamente declarado.

Impactos de la salida de riqueza apropiada al exterior

Toca explicitar cómo impacta en el país la salida de riqueza que sustenta la formación de activos en el exterior. Señalamos sólo algunos de los más relevantes.

El impacto sobre la distribución de la riqueza.

Cuando oligopolios y especuladores se apropian de riqueza generada por otros y luego la agigantan evadiendo o eludiendo el pago de impuestos, consagran la concentración de patrimonios e ingresos en pocas manos. Esto es inaceptable porque castiga a grandes mayorías que ven retroceder su nivel de vida mientras observan el fastuoso consumo de familias acaudaladas. Por su parte, la concentración de la riqueza retrae el mercado interno desestabilizando la economía que pierde sustentabilidad.      

El impacto sobre una estructura tributaria altamente regresiva.

Al no asumir la carga tributaria que les corresponde, quienes evaden y eluden el pago de impuestos descargan un mayor peso en los demás contribuyentes. Se imponen más tributos al consumo que a la riqueza castigando desproporcionadamente a sectores medios y populares. Si se controlasen los delitos tributarios podría conformarse una estructura tributaria progresiva mucho más equitativa donde los que menos tienen pagan pocos impuestos y los de mayores patrimonios e ingresos contribuyen lo justo.

El impacto de esterilizar parte del ahorro nacional.

La fuga de riqueza acumulada representa una parte del ahorro nacional que se esteriliza al salir del país. Si ese flujo de recursos fuese invertido internamente en actividades de la economía real, generaría efectos multiplicadores a favor de una diversidad de actores a través de encadenamientos productivos que crean empleos e ingresos. La fuga de capitales esteriliza estos efectos.

El impacto de privar financiamiento genuino al Estado.

La evasión y elusión impositiva privan al Estado de su principal fuente de ingresos genuinos. El robo de ese financiamiento resiente su capacidad de proveer los servicios sociales y productivos que la población necesita. Como alternativa el Estado aumenta la carga tributaria interna y se endeuda, con el riesgo de deslizarse a un peligrosísimo sobre endeudamiento soberano. El desbalance de gastos e ingresos genuinos compromete la solidez de las cuentas públicas y lleva a recurrentes déficit fiscales. 

El impacto de desvincular los intereses de quienes forman activos externos respecto al bienestar general y el desarrollo nacional.

Quienes invierten en activos externos se divorcian y antagonizan con los intereses del país y de sus compatriotas. Ocurre que los países necesitan funcionar con estabilidad cambiaria y, cuando no se logra, se producen devaluaciones que castigan a sectores medios y populares. La economía se desbalancea y retrae, se refuerzan las tensiones inflacionarias, caen los empleos y la capacidad adquisitiva de los salarios, escasean las divisas, se producen crisis de sector externo y un sobrendeudamiento soberano. Las devaluaciones llevan a situaciones cargadas de riesgos, inequidades y una aceleración de la concentración de la riqueza y el poder decisional. En ese contexto hay sectores que empujan a devaluar para beneficiarse con ella. En ese grupo de truhanes se insertan quienes tienen activos en el exterior porque con cada devaluación logran incrementar sus patrimonios sin realizar esfuerzo alguno; militan las devaluaciones que los enriquece a expensas del resto del país. 

A modo de conclusión

La formación de activos en el exterior conforma una nebulosa encubridora de arteros intereses. Es imprescindible desenmascararlos a pesar que los poderosos se abroquelan para que no se difundan los efectos que le infligen al país. Sin embargo, hay formas indirectas de atestiguarlo. Por ejemplo, vale preguntarse por qué grandes corporaciones oligopólicas presentan pobres balances de resultados durante gobiernos neoliberales y, o sorpresa, los respaldan a ultranza. Con mercados internos debilitados uno creería que debieran estar en contra del orden neoliberal que contrae sus ventas, pero lo que ocurre es que con las devaluaciones la parte de su patrimonio en activos externos se favorece inmensamente. Si se comparase como contribuyen la fuente externa con la interna a sus ingresos y acumulación patrimonial, quedaría resuelta la incógnita: ganan mucho más con la especulación devaluatoria que con su legítimo esfuerzo productivo.

En síntesis, la fuga al exterior de riqueza acumulada de dudoso origen es ruinosa para el país. Posibilita una distribución regresiva de la riqueza, resta financiamiento genuino al Estado comprometiendo su equilibrio fiscal, esteriliza efectos multiplicadores por no haberse invertido internamente y, de extrema gravedad política, genera un espacio de antagonismo de intereses entre los que se mantienen dentro del país bregando por un desarrollo justo y sustentable, y los que lucran con la injusticia y la postración nacional.    


[1] En artículos anteriores se analizó lo que se encubre al encarar un déficit fiscal, la inversión y el proyecto de país, y el consumo y el proyecto de país

Si te interesó este texto puedes suscribirte completando el formulario que aparece en esta página para recibir una vez al mes un breve resumen de la edición en español de Opinión Sur

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *