¿Y Después?

El paréntesis de la cuarentena es una oportunidad para dar rienda suelta a la imaginación sobre cómo reordenar el mundo. 

_____________________________________________________________________________

La frase ha sido citada mil veces, pero creo que hasta ahora no se nos ha ocurrido vincularla a la pandemia.  Me refiero al muy conocido comienzo de la novela de León Tolstói Anna Karenina: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera».

Cuando cundió la pandemia a comienzos del 2020, con mayor o menor retraso, la gran mayoría de los países adoptaron medidas similares de clausura.  Dada la gran ignorancia sobre la tasa de reproducción del virus, sus efectos en el organismo humano y su incidencia en las distintas poblaciones, las medidas fueron severas, con la sola buena excepción de países con un grado muy alto de disciplina social y preparación previa. Hubo otras también malas[1].  Con las excepciones de países un poco mejor preparados para tal emergencia[2], en la mayoría de los casos la rápida difusión de la infección encontró a los respectivos sistemas de salud pública poco capaces de enfrentar la gran cantidad de enfermos que requerían y requieren hospitalización.  Esa deficiencia aumento también el numero de casos graves y de muertos, tanto directos como indirectos. A medida que avanzaba la infección se fue igualando el tratamiento médico y social, que, a falta de conocimiento científico y estadístico suficiente, consistió en el cierre brutal de la economía y en el distanciamiento social. Aparentemente parecía una situación contraria a la cita de Tolstoi: todos los infelices países se parecían unos a otros.  Sin embargo esto no es así.

Como señalé en mi artículo de abril, al paralizar la economía y la sociedad en un gran encierro, se pudieron observar como en una placa radiográfica, rasgos antes ocultados o disimulados de la estructura social: parálisis de gobierno, inercia de algunas instituciones, desconfianza pública, desigualdades y conflictos.  Fue una gran y penosa revelación: mas clara en lo que hace a las grietas sociales y al mapa geopolítico que en lo que atañe al diagnóstico y funcionamiento de la infección.

Se vieron ventajas y desventajas de cada sistema político, la muy distinta vulnerabilidad de países y, dentro de cada uno de ellos, de los distintos sectores de la población, y el déficit de gobernanza a nivel nacional y global.

El tan mentado “excepcionalísimo” norteamericano se reveló ser muy endeble y finalmente trágico.  Hace varias décadas en los EEUU la economía de mercado invadió el resto de la sociedad y dio por resultado una sociedad de mercado, donde absolutamente todo se comercializa, sin pausa y con muy pocas excepciones.  Al final de ese triste recorrido el país se encuentra en medio de la distopía absurda celebrada por Margaret Thatcher:  “La sociedad no existe; sólo existen individuos.”[3]  Ese individualismo a ultranza niega la consecución del bien común e ignora una desigualdad creciente y una concentración de riqueza literalmente des-comunal[4].  Tarde o temprano, la  negación neo-liberal de la sociedad conduce a un desastre.  La concurrencia inter-individual crea el desamparo social en una emergencia como la pandemia.  Sin coordinación, y con una actitud muy difundida de desconfianza en el gobierno y en las instituciones, el “sálvese quien pueda” termina en que no se salve ninguno, ni siquiera los que han acaparado privilegios.  Hasta no hace mucho me atrevo a decir que una mayoría de norteamericanos pensaban que su país era un faro que guiaba al mundo.  Hoy muchos piensan que es un modelo a evitar.

La pandemia del coronavirus y el paréntesis universal al que nos ha conducido sería una buena oportunidad para pensar cómo reordenar el mundo una vez que la crisis pase.  Me temo que esta aventura no sea la actividad preferida de la mayoría de la población en la mayoría de países, aunque no tengo datos confiables al respecto.  El miedo a perder lo mucho o poco que uno tiene tiende a sofocar la imaginación y desear un regreso rápido al status quo ante

En sectores minoritarios de la población de varios países –muchos de ellos modestos–  hoy cunde una protesta contra el encierro en nombre de una mal entendida “libertad.”  Esta idea de libertad sin responsabilidad ha sido desenmascarada una y otra vez, tal vez de la manera mas elocuente por el libertario John Stuart Mill en su panfleto On Liberty, que lo hizo famoso en la época victoriana, y que para algunos era tan incendiario en su época como el Manifiesto comunista de su contemporáneo Karl Marx.   

Sin embargo, la oportunidad de aprovechar el paréntesis existe, y es responsabilidad de los “pensadores profesionales” por lo menos, de imaginar escenarios buenos y malos de la salida, pues salida, buena o mala, habrá.[5]

En el secuestro obligado de la pandemia, recordemos que mirar televisión no es contemplar, y que el exceso de información anestesia la reflexión.  En otras palabras (las de Mercedes Sosa)

Adelante corazón, sin miedo a la derrota,
durar, no es estar vivo corazón, vivir es otra cosa.

Al final de la primera Guerra Mundial, y en plena pandemia de gripe “española” de 1918, el matemático y filósofo Bertrand Russell se puso a escribir sobre cómo reordenar el mundo.  La mayoría de sus reflexiones valen para hoy.  Vale la pena leerlo, en particular el Capítulo: “Cómo se podría reorganizar el mundo.” (pp. 37 y siguientes en la edición de Siglo XXI, México: 1971): https://books.google.com/books/about/Antolog%C3%ADa.html?id=3v3QrGbLRzgC 

Bertrand Russell fue un genio: matemático y filósofo analítico de primera, encontró el tiempo para reflexionar sobre la sociedad y la política desde el punto de vista de las relaciones humanas.  Como señalan todos sus biógrafos, Russell tuvo gran influencia en la filosofía analítica junto con Gottlob Frege, su colega G. E. Moore y su alumnos Ludwig Wittgenstein y A. N. Whitehead, coautor de su obra Principia Mathematica. Su trabajo ha tenido una influencia notable en las matemáticas, lógica, teoría de conjuntos, filosofía del lenguaje, epistemología, metafísica, ética y política.  En términos de clase de origen, era el tercer conde (Earl) de Russell.  Su título completo era Bertrand Arthur William Russell, 3rd Earl Russell of Kingston Russell, Viscount Amberley of Amberley and of Ardsalla.  Es interesante saber cómo la aristocracia británica de vez en cuando produce un individuo de semejante calidad.  Lamentablemente, por cada Bertrand Russell genera cien Boris Johnsons.  Como se dice en esos círculos:   Jolly sad…

Para concluir esta nota, quiero reproducir el comienzo del ensayo citado de Russell:

“En la vida cotidiana de la mayoría de las personas el miedo desempeña un papel de mayor importancia que la esperanza; están preocupadas pensando más en lo que los otros les puedan quitar que en la alegría que pudiesen crear en sus propias vidas y en las vidas de los que están en contacto con ellas.

No es así como hay que vivir. Aquellos cuyas vidas son provechosas para ellos mismos, para sus amigos o para el mundo, están inspirados por una esperanza y sostenidos por la alegría; ven en su imaginación las cosas como pudieran ser y el modo de realizarlas en el mundo. En sus relaciones particulares no se preocupan de encontrar el cariño o respeto de que son objeto; están ocupados en amar y respetar libremente, y la recompensa viene por sí, sin que ellos la busquen. En su trabajo no tienen la obsesión de los celos por sus rivales, sino que están preocupados con la cosa actual que tienen que hacer. No gastan en política tiempo ni pasión defendiendo los privilegios injustos de su clase o nación; tienen por finalidad hacer el mundo en general más alegre, menos cruel, menos lleno de conflictos entre doctrinas rivales y más lleno de seres humanos que se hayan desarrollado libres de la opresión que empequeñece y frustra.”

Amable lector, ¿no te dan ganas de seguir leyéndolo?


[1] El ejemplo mas nefasto es Bielorrusia.

[2] Estos paises habían enfrentado epidemias en anos precedentes y tenían experiencia en el manejo de emergencias.  Es el caso de Corea del Sur y de algunos países africanos, como Uganda. En el caso de Suecia se trata de un experimento de disciplina social “desde abajo” cuyos resultados están por verse todavía.

[3] Afirmación pronunciada por Margaret Thatcher en una entrevista en la revista Women´s Own el 31 de octubre de 1987. La frase completa decía “there is no such thing as society. There are individual men and women, and there are families.”

[4] Se trata de la conocida “tragedia de los comunes” pero en escala planetaria.

[5] Hay una compilación de las ideas de filósofos europeos al respecto, que muestra que aun entre ellos, y antes de la gran expansión de la infección, las ideas no eran muy claras, y algunas hasta peligrosas: https://www.journal-psychoanalysis.eu/coronavirus-and-philosophers/

Si te interesó este texto puedes suscribirte completando el formulario que aparece en esta página para recibir una vez al mes un breve resumen de la edición en español de Opinión Sur

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *