USA: ¿En dónde reside el verdadero escándalo?

Es curioso y triste presenciar la transformación de una república imperial en una republiqueta.  Cuando la primer potencia mundial sucumbe a esta degradación, se agudiza y acelera la contradicción central del sistema económico.  El escándalo oficial oculta al escándalo de fondo.

Por mucho tiempo se ha pensado que el populismo era un producto original y exclusivo de América Latina.  Sin embargo, hoy cunde por todo el mundo, de Norte a Sur y de Este a Oeste.  Hay populismos progresistas y populismos reaccionarios, populismos de izquierda y populismos de derecha.  Por el momento, el fiel de la balanza se inclina por estos últimos.  Pero todos tienen rasgos comunes, entre ellos los siguientes: desconfianza de la elites dominantes, nacionalismo, autarquía, abandono de los partidos políticos tradicionales,  pérdida de legitimidad de las instituciones, verticalismo, búsqueda de soluciones simples, propensión al plebiscito, adhesión a nuevos lideres que se presentan como salvadores desde afuera, y una tendencia a perseguir a grupos vulnerables como chivos expiatorios.  La movilización veloz de la protesta (potenciada por las redes sociales) es al mismo tiempo disruptiva y efímera, y deja de lado formas anteriores de hacer política, que son por naturaleza mas lentas, como ser: la organización y la elaboración de propuestas alternativas coherentes y sistemáticas a un sistema global que hoy favorece a unos pocos, que destruye el medio ambiente, y que aumenta el riesgo de violencia y de confrontación bélica.

Por su preponderancia en el tablero global, la situación de los Estados Unidos es especialmente interesante –y peligrosa.  En otros artículos y en mi próximo libro analizo las causas del mal manejo norteamericano de su posición en un momento en que surgen otras potencias y aumenta el peligro de descontrol económico, ecológico, y bélico.

La llegada de un líder populista de derecha a la mas alta magistratura norteamericana ha sorprendido a muchos y ha provocado numerosas controversias.  En esta escueta nota, redactada desde el punto de vista exclusivamente geopolítico, quiero señalar que la torpeza de la administración del presidente Trump tiene como principal consecuencia perversa lo siguiente: mantiene al mundo distraído de la crisis estructural subyacente.  La agitada superficie de la política cotidiana y el triste espectáculo de los escándalos que se suceden no dejan ver con claridad el mar de fondo.  En la opinión pública (norteamericana y global) Trump y su equipo ofrecen un espectáculo grosero que divide al público en bandos o tribus que en vez de discutir problemas reales y propuestas contrapuestas pero razonadas, se dedican al oprobio mutuo –algo así como las barras bravas en ciertos campeonatos deportivos.  Defender a los suyos a ultranza y despreciar a los otros es un juego de suma cero que aparta la atención de los desafíos mas serios.  La polarización –azuzada por los medios y las nuevas tecnologías de comunicación—es la forma actual de la falsa conciencia.  Shakespeare, en Macbeth (5,5) describió esta situación mucho mejor que yo:

«Life’s but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage,
And then is heard no more. It is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.»

O sea, y en resumida traducción:

«La vida no es más que una sombra… Una historia narrada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa.»

La administración Trump es el reino de la necedad.  Cabe preguntarse ¿cuáles son las características mas salientes de este mal gobierno, y que hay detrás?

Vayamos por partes: por un lado el ejecutivo, y por otro el resto del gobierno.  El ejecutivo está en manos de un personaje ajeno al mundo normal de la política y también (aunque muy rico) ajeno al cauce principal del poder económico.  La función principal del personaje es azuzar el descontento de los rezagados en el proceso de concentración y globalización y dirigirlo hacia objetivos sustitutos: nacionalismo, racismo, odio religioso y rechazo a los inmigrantes.

El resto del gobierno ha quedado en manos del partido republicano, que es incapaz de ofrecer un plan coherente de gobierno.  Durante los ocho años de la administración anterior su único objetivo era obstaculizar todo intento de reforma del presidente Obama, y lo logro.  Pero una vez en el poder, no tiene una visión estratégica que lo haga capaz de gobernar desde la derecha.  Lo mismo sucede con la Corte Suprema, que se ha vuelto en otro foro conservador pero carente de visión.

Frente a esta situación, el ejecutivo “hace que gobierna” por decretos sujetos al tira y afloja de la opinión pública (dirigida por los medios) y de las cortes inferiores debajo de la Corte Suprema, así como de los gobiernos de los distintos estados.  La novedad de este ejecutivo reside en que ha llevado el papel que juega el dinero en la política a un nuevo nivel.  Los lobbies (grupos intermediarios de presión) que antes “compraban” a los políticos al financiar sus campanas, ya no son tan necesarios.  El presidente Trump ha dado piedra libre a los grupos de poder sin necesidad de intermediarios.  La diplomacia norteamericana está en manos de Exxon, el ministerio del interior en manos del sector inmobiliario y agro-industrial, la política económica y financiera a cargo de Wall Street, y la geopolítica directamente en manos del complejo militar-industrial centrado en el Pentágono.  Ya no hay gobierno por encima de los poderosos intereses particulares.  Tal es a mi juicio la característica principal de transición de lo que era una república imperial a una republiqueta.

En lo interno la republiqueta cuenta con el apoyo de un 40% de la población, sobre todo en los sectores rurales, rezagados, y entre aquellos que aunque en mejor condición económica rechazan el nuevo perfil multiétnico y cosmopolita de las grandes ciudades, y sus expresiones culturales.

En lo externo, un poderosísimo país que se comporta como una republiqueta pierde posiciones estratégicas en el comercio mundial y en las inversiones, en la vanguardia de nuevas tecnologías energéticas, y en los conflictos que hoy pululan en Europa oriental, Medio Oriente, y Asia.  El vacío que deja lo van ocupando otros poderes en forma ya sea sistemática (China), oportunista (Rusia), o por inercia (Europa).

En el orden global, el peligro de esta situación reside en lo siguiente: los Estados Unidos, en su fase de insólita republiqueta, y con sólo el 4% de la población mundial, son al mismo tiempo el epicentro del sistema económico mundial, es decir del capitalismo tardío.  Este sufre a su vez de una contradicción fatal: las fuerzas de producción han avanzado a tal punto de progreso tecnológico que amenazan cada día y con mas fuerza con hacer estallar las relaciones sociales de producción a las que estábamos acostumbrados.  Sus lacras están a la vista: enorme concentración, exceso de producción con agotamiento de mercados, marginalización de grandes mayorías, y destrucción del medio ambiente.  El gran escándalo detrás de la necedad del señor Trump, es la incapacidad política, intelectual, y organizativa de la sociedad norteamericana de enfrentar esta contradicción.  Para explorar esta contradicción refiero al lector a la sección Desarrollo de nuestra publicación.

 

 

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