Turismo que no concentre sino distribuya social y territorialmente los resultados

No existe una sola forma de promover el turismo sino diferentes modalidades según como se quiera distribuir los resultados de la actividad turística. En estas líneas se propone un turismo que, al tiempo que refuerza el potencial del sector, mejora la distribución social y territorial de sus resultados.

En las economías contemporáneas los segmentos más rentables de la actividad turística suelen concentrarse en manos de grandes operadores internacionales y sus asociados en el país. Los que invierten localmente en turismo lo hacen en emprendimientos pequeños o medianos que les permiten acceder a más modestos resultados. Lo más grave es que un sinnúmero de familias quedan excluidas de la actividad turística. Existen varias formas de superar esta realidad, una de ellas, nuestra propuesta, es abordar coordinadamente dos desafíos: subir la escala de operación de pequeños y medianos emprendimientos turísticos existentes y facilitar a familias de sectores populares asistencia técnica, de gestión y financiera para poder sumarse a la actividad turística.

Por cierto que no es sencillo superar este doble desafío ya que será necesario hacer converger varios intereses en una iniciativa que sea viable, sustentable y distribuya los resultados con equidad entre quienes participen de ella. Toca entonces escoger una modalidad organizativa que permita articular con efectividad y justicia a tan diferentes actores. Este autor escoge una que utiliza de ejemplo para demostrar como materializar intenciones en decisiones concretas.   

Rasgos principales de esta iniciativa que distribuye con equidad sus resultados

El eje estructurante de esta iniciativa turística está basada en un tejido de varias articulaciones: emprendimientos pequeños y medianos existentes con nuevas pequeñas hosterías familiares y, éstas, con una amplia red de proveedores locales de bienes y servicios.

¿Cómo organizar las hosterías familiares y sus articulaciones? En este ejemplo escogemos la modalidad de franquicia comunitaria. Esto es, se toma de las franquicias comerciales la noción de asociación de unidades productivas en base a una serie de derechos y obligaciones pero sin que exista el clásico franquiciador-propietario de la franquicia. En la franquicia comunitaria los franquiciados participan de la propiedad de la franquicia asociados con otros actores que aportan dirección estratégica y conducción del conjunto. De este modo la estructura de propiedad de la franquicia comunitaria da cabida a una combinación de actores, las propias pequeñas hosterías junto con participantes que promuevan y financien la franquicia. Esa estructura prevé los niveles e instancias de participación de cada actor y cómo se distribuyen con equidad los resultados.

Cada franquiciado es una familia que gestiona como propietaria su hostería. Por un lado, tiene derecho a recibir de la franquicia acceso a financiamiento, asistencia para construir, mejorar o equipar su establecimiento, obtener un flujo de visitantes a través de un sistema único de reservas, recibir capacitación y asesoramiento sobre la marcha. Por otro lado, tiene obligaciones contractuales que cumplir, como respetar normas y estándares que la franquicia establece en materia de infraestructura física, equipamientos, compra de insumos, atención al cliente, hacer parte del sistema único de reservas, entre otras.

Para un territorio de mediana extensión una franquicia sería suficiente; para grandes territorios podría establecerse más de una.  

El tejido de articulaciones

Cada franquicia de hosterías familiares establecería dos tipos de articulaciones. Por un lado con emprendimientos turísticos ya existentes. Si son pequeños se les invitaría a integrarse a la franquicia en similares condiciones que las nuevas hosterías. Los medianos emprendimientos podrían encontrar provechoso sumarse a la iniciativa sirviendo como nodos dinamizadores de la misma. Por ejemplo, podrían asistir en capacitar a los más pequeños y ayudarles a resolver eventuales dificultades, compartir el sistema de comercialización y reservas, aunar esfuerzos para comprar insumos, negociar precios y descuentos con el sistema de transporte, acceder en mejores condiciones (escala y calidad de oferta) a operadores turísticos del país y del exterior.         

Dada la diversidad de circunstancias locales, este primer nivel de articulación se estructuraría caso por caso, orientado siempre a buscar catalizar en beneficio de las partes esfuerzos hasta hoy desconectados. Estas negociaciones, mediatizadas por los promotores de las franquicias, pueden transformarse en espacios de consagración de equidad, muy diferentes a situaciones donde prima el abuso de poder que ejercen los más fuertes o mejor informados.  

El otro nivel de articulación que las franquicias establecerían sería con proveedores locales de bienes y servicios. Aquí entran productores de la agricultura familiar, de provisión de muebles y diversos servicios de mantenimiento, actividades artísticas, culturales y deportivas para reforzar la atracción de visitantes. Los acuerdos se formalizarían según las normativas locales.  

En síntesis, mientras el núcleo central de la iniciativa son franquicias de pequeñas hosterías familiares apoyadas por una diversidad de promotores y financiadores, su sustento está en la serie de articulaciones de las franquicias con emprendimientos turísticos medianos de la región (si existiesen) y con un sinnúmero de pequeños proveedores locales de bienes y servicios.

Perfil de oferta turística

La oferta turística estaría basada en seleccionadas localizaciones; si es urbana en barrios con perfiles singulares y, si se tratase de espacios rurales, con atractivo natural y comunitario. Se ofrece esparcimiento en un ámbito propicio para reflexionar y recuperar energías. Esto incluye, paseos guiados o cabalgatas por senderos bien escogidos; fogones donde se relatan leyendas e historias locales, música, danzas, teatro popular; se ofrecen ejercicios saludables y prácticas de conservación ambiental; alimentación que integra gastronomía regional con estilos culinarios adecuados a los visitantes; para quienes lo deseen recorridos de observación de la fauna y flora local, turismo de aventura en ríos, lagos y montañas; tiempo libre para pensar, escribir o leer sin las distracciones o tensiones de la vida cotidiana de las grandes ciudades.

Quienes promueven y organizan estas iniciativas turísticas

Pueden existir diversos promotores, como ser gobiernos locales, autoridades nacionales de turismo, agencias de promoción de pequeñas empresas, desarrolladoras de emprendimientos de la economía popular, universidades, organizaciones de desarrollo, fundaciones, empresas. Lo ideal sería un conjunto bien coordinado de promotores cada uno aportando su especialidad.

Una vez que cuaje la promoción de la iniciativa en un territorio, se conformaría un pequeño y muy efectivo Directorio responsable de definir su estructuración; esto es, criterios para perfilar la franquicia, explicitar roles y responsabilidades, identificar participantes y escoger un director ejecutivo que formalice el proyecto y lo ponga en marcha. 

El financiamiento de la iniciativa

Habrá que encarar el financiamiento de (i) promover la iniciativa, (ii) el establecimiento y la puesta en marcha de la franquicia, (iii) la construcción, equipamiento y gastos de operación de las hosterías, (iv) el reforzamiento de empresas turísticas de tamaño medio ya existentes que se sumen a la iniciativa, (vi) el equipamiento de proveedores locales de bienes y servicios para atender a los visitantes.

Los promotores de la iniciativa financiarían con fondos propios o de terceros la fase inicial de identificar, movilizar y organizar a los diversos participantes. Se trata de modestos montos pero que demuestran frente a terceros su compromiso con la iniciativa.

Las franquicias serían capitalizadas con aportes públicos, privados, de agencias de desarrollo o fundaciones que los promotores sean capaces de atraer. Lo ideal sería contar con un gobierno nacional que promueve la economía popular con desarrolladoras y fideicomisos especializados en emprendimientos de base popular.

Cada hostería familiar se financiaría con activos físicos que posea (terrenos y el acceso a agua, electricidad, gas y otros servicios), con más aportes reembolsables provistos por la franquicia para construcción y equipamiento, créditos de operación provistos por banca local con garantía de la franquicia, en ciertos casos adelantos a cuenta de la facturación de reservas confirmadas y, por cierto, por un eventual flujo de caja positivo.

Emprendimientos turísticos de tamaño medio ya existentes que decidan participar de estas iniciativas encontrarían facilidades crediticias de la banca local respaldados por las mejores perspectivas que derivan de la iniciativa. 

Los proveedores locales de insumos y equipamientos accederían a créditos de la banca de fomento o proveedores de microcréditos garantizados sea con contratos con la franquicia, con emprendimientos turísticos de tamaño medio ya existentes o con algunas hosterías familiares.

Acceso a mercados

El salto de escala que significa una franquicia de 30, 50 o 100 hosterías familiares (según fuere la extensión territorial) cambia dramáticamente el relacionamiento con operadores nacionales y externos. Ya no se trata de una hostería individual que oferta un par de docenas de cuartos en territorios poco conocidos, sino una entidad, la franquicia, que ofrece centenares de cuartos con buena localización, equipamiento, excelente trato y un perfil singular de oferta turística que puede satisfacer a diversos nichos de mercado. La comercialización utilizaría presentaciones de calidad adaptadas a cada nicho de mercado. Este enfoque se complementaría con ofertas diferenciadas para empleados de empresas, jubilados, estudiantes, entre otros.

Turismo de excelencia

Esta iniciativa turística representa una oportunidad para que las comunidades participantes puedan compartir con los visitantes tradiciones, costumbres, la forma como conciben la vida y la naturaleza. La singularidad de cada comunidad y territorio posibilita una experiencia significativa para quienes proceden de otros bien diferentes lugares. Así, la excelencia no se restringe a disponer de un adecuado umbral de comodidad y esparcimiento sino que incluye otra crítica dimensión: la actitud con que se recibe al visitante, la voluntad de comprender sus circunstancias y aquello que anhelan encontrar en su visita.

Habrá que lograr excelencia en la organización y gestión de la entera actividad, obteniendo resultados que permitan (i) capitalizar las franquicias asegurando su sustentabilidad, (i) mejorar ingresos familiares y (iii) beneficiar a la localidad en la que operan (efectos multiplicadores para comercios de la zona, contribuir a retener población, desarrollar liderazgos locales, expandir la base impositiva).

Desafío cultural

Quienes participen de estas iniciativas enfrentarán el desafío de conectarse con culturas ajenas preservando la propia. Este contacto de culturas con diferentes valores, intereses, necesidades, actitudes, emociones, reacciones frente al éxito, el esfuerzo compartido y la adversidad, presenta oportunidades pero también tensiones que necesitan ser previstas y encaradas con propiedad. Respetando la idiosincrasia de los visitantes, se escogería de la perspectiva de vida local aquello que pueda enriquecer los momentos compartidos.

Un último párrafo para pensar una denominación que caracterice a este tipo de iniciativa. Quizás la creatividad de algún lector podría proponer un nombre que reflejase la oferta de un turismo de excelencia, inclusivo, que distribuye con justicia los resultados de un esfuerzo compartido.

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