Turismo comunitario de excelencia

El turismo comunitario es una actividad económica que comunidades rurales encaran para generar ingresos que complementen los provenientes de la actividad agropecuaria y lo hacen revalorizando sus recursos culturales y su ecosistema. La comunidad controla una parte significativa de los resultados generados por la actividad turística y decide su aplicación para actividades productivas y sociales en su territorio. El turismo constituye una oportunidad para que la comunidad comparta con los visitantes sus tradiciones, sus costumbres y sus perspectivas sobre la vida y la naturaleza enfatizando la diversidad de identidades existentes y haciendo del episodio turístico una experiencia de más plena y profunda significación.Lo que analizamos en estas líneas es un turismo comunitario de excelencia, en verdad “que aspire a la excelencia”, para indicar que se trata de ofrecer un turismo de calidad humana, un turismo que transforma a quien lo experimenta por exponerse a valores y a conductas diferentes de las sociedades de donde provienen. No es la excelencia del lujo o de la simple comodidad, aunque el visitante tiene derecho a un umbral de comodidad que le satisfaga de modo que pueda asomarse predispuesto a la experiencia comunitaria. Se trata de excelencia en cuanto al valor de la experiencia que se ofrece; excelencia en cuanto a la actitud con que se recibe al visitante; excelencia en cuanto a lo que aporta al desarrollo de la propia comunidad, a la reflexión y a la formación de sus integrantes; excelencia en la organización y gestión de la actividad turística; excelencia en cuanto a resultados inmateriales y materiales; excelencia en lo que hace a la aplicación y buen aprovechamiento de esos resultados.

Vale aclarar esto para diferenciarnos de otro tipo de excelencia que se refiere tan sólo al resultado económico. Esa otra perspectiva considera una actividad como excelente si recauda mucho independientemente que pueda lastimar, ignorar o destruir. Para ella el referente primero y último es el lucro, y lo demás tan sólo formas de hacer posible ese máximo lucro.

Por cierto que un turismo comunitario de excelencia no renuncia ni reniega de obtener buenos ingresos porque con ellos la comunidad puede ir mejorando servicios de salud, de educación, de alimentación, de alojamiento, de actividades culturales, de empleo, de creatividad e innovación. La diferencia es que el turismo comunitario no se asienta en la codicia y la explotación de los demás, procura robustecer los lazos comunitarios y no debilitarlos; no propone esparcimiento cargado de alienación; respeta la persona que les visita; considera a lo económico y lo financiero como dimensiones inexcusables pero no dominantes de la acción de crear y producir un turismo a la vez significativo y protector del ecosistema.

Contenidos y su impacto

En el contexto de conocer impresionantes espacios naturales, las comunidades ofrecen una mezcla (mejor o peor lograda) de esparcimiento y reflexión a sus visitantes, como son paseos guiados y/o cabalgatas por senderos desconocidos para ellos; fogones nocturnos donde se relatan leyendas, historias de vida y se hacen conocer iniciativas comunitarias entablando diálogos interculturales de mutuo interés; invitaciones que hace la comunidad a sus visitantes para participar de reuniones populares que posibiliten vivenciar expresiones culturales locales (música, danzas, teatro popular, artesanías); alimentación basada en la gastronomía regional con prácticas culinarias adecuadas a los visitantes; turismo de aventura en ríos, lagos y montañas; recorridos de observación de la fauna y flora local; tiempo libre en un ámbito propicio para reflexionar, escribir o leer sin las distracciones o tensiones de la vida cotidiana de las grandes ciudades; ejercicios saludables y prácticas de conservación ambiental, entre otras actividades.

En el trascurso de seleccionar y programar las actividades que se ofrecen a los visitantes las comunidades reflexionan y revalorizan valores ancestrales, recuperan su historia y conocimientos y los comparten con sus jóvenes, refuerzan su autoestima y la capacidad emprendedora, ejercitan la propia forma de pensar, de tomar iniciativa, de vivir su propia espiritualidad.

Gestión: efectividad y significación

En algunos casos la organización comunitaria es fuerte en lo político-representativo ya que tiene el respaldo de los miembros de la comunidad pero es relativamente más débil en lo que hace a la gestión, particularmente cuando se trata de desarrollar y conducir emprendimientos económicos. Buena parte de las comunidades fueron históricamente postergadas y quedaron rezagadas en contactos comerciales y en acceso a mecanismos de moderna gestión económica. El desafío es adaptar aquellas formas modernas de gestión a la idiosincrasia, necesidades y objetivos de la comunidad de modo de preservar su identidad comunitaria, sus valores, sus tradiciones, sus perspectivas sobre lo económico y el medio ambiente. Se trata de desarrollar gestión de excelencia que supere mediocres modalidades adoptadas por falta de información o de conocimiento especializado y que, a través de su efectividad y resultados, fortalezca la cohesión y la determinación de la comunidad.

Esto conlleva adoptar una forma de gestión que además logre superar la tremenda restricción que la pequeña escala impone a cualquier emprendimiento productivo. Mayor escala facilita acceder a un umbral superior de oportunidades. Es que además de acceder a mercados más allá de lo local, un emprendimiento mediano puede contar con áreas diferenciadas de gestión, entre otras, administración, ventas, desarrollo de productos, capacitación, finanzas, relaciones externas. Ya no sería una persona o familia aislada, obligada a hacer un poco de todo, limitada en cuanto a alcance y efectividad, la que enfrenta los desafíos de la actividad turística; ni tampoco una asociación que en muchos casos es creada para unir voluntades y representar intereses pero que no ha sido diseñada y estructurada para gestionar con efectividad una iniciativa económica que tiene que hacerse un lugar entre muchos otros actores de un mundo globalizado.

Una gestión efectiva lejos de afectar el espíritu comunitario lo refuerza y proyecta hacia nuevos horizontes. Si los objetivos están claramente expresados de modo que sirvan de guía y referencia para la acción, la supervisión colectiva de la gestión asegura el rumbo y custodia la forma de funcionar del emprendimiento turístico, incluyendo equidad en la distribución de sus resultados: Una gestión efectiva agrega sustentabilidad al desarrollo de la comunidad.

Gestión adaptada a la realidad comunitaria

No existe una sino varias y diversas modalidades de gestionar un emprendimiento de turismo comunitario. No sería conveniente reducir esa diversidad a una única fórmula planteada como la más válida, correcta o apropiada. Vale reconocer esto ya que en las líneas que siguen trabajaremos sobre una de las varias formas de gestión existentes: la franquicia popular. Hay por supuesto otras varias modalidades de gestión que pueden ser utilizadas. Sin embargo, escogemos como referencia la modalidad de franquicia popular por un doble motivo. De un lado porque logra combinar una gestión familiar de las pequeñas hosterías con el establecimiento de un emprendimiento de escala mediana. Por otro lado, porque permite encarar con justicia y efectividad temas críticos para la comunidad como ser, entre otros, la estructura de propiedad del emprendimiento turístico, los niveles e instancias de participación del conjunto de la comunidad, la distribución equitativa de resultados y la eventual utilización de la franquicia como nodo de acumulación de excedentes económicos y, en ese sentido, brazo de inversión de la comunidad.

La franquicia comercial (enseguida regresaremos a la franquicia popular) es una ingeniería de negocios que permite integrar pequeños emprendedores hasta entonces dispersos en una empresa mediana o grande capaz de acceder a un umbral superior de oportunidades económicas. En la franquicia comercial participan dos actores claramente diferenciados en cuanto a liderazgo, poder decisional, gestión corporativa y percepción de resultados: el franquiciador y los franquiciados. El franquiciador es quien organiza la franquicia en torno a una actividad que escoge, programa, gestiona y financia en su fase inicial. En el marco de las normas legales que regulan la operación de las franquicias, el franquiciador establece las reglas y procedimientos que se utilizan para operacionalizar el negocio, en particular los derechos y obligaciones de las partes intervinientes; esto es, él mismo y los pequeños emprendedores que son invitados a integrarse a la franquicia previa firma de un contrato de aceptación de las condiciones establecidas.

Nadie está obligado a integrarse a una franquicia por lo que la misma debe plantearse de modo que resulte conveniente asociarse a ella. Sin embargo, siendo tan mayor el poder de decisión del franquiciador no sorprende que la distribución de los resultados siempre lo favorezca en grado sumo. La razón que se esgrime es que el franquiciador organiza la empresa, la conduce y asume los mayores riesgos. Los dos primeros argumentos son válidos pero el tercero es compartido: si bien el franquiciador arriesga mayor capital, los pequeños emprendedores tornados franquiciados arriesgan también su pequeño capital que, en proporción, equivale para ellos lo que el capital invertido en la franquicia para el propietario. Si la franquicia colapsa, como puede suceder en cualquier emprendimiento comercial, todas las partes comparten el costo de ese quebranto.

En todo caso, más que seguir explicitando muchas otras características de la franquicia comercial (cómo venden, producen, publicitan, capacitan, financian, deciden, controlan, entre otras) que quedan para otra oportunidad, veamos como podría estructurarse una franquicia comunitaria de hosterías familiares rurales.

Franquicia comunitaria de hosterías familiares rurales

Comencemos por decir que no se trata de extrapolar un instrumento capitalista que afecte o interfiera con la naturaleza comunitaria sino de innovar; tomar del sistema de franquicias comerciales lo que sirva y cambiar lo que no se acomode al requerimiento de una comunidad, para dar paso a otro tipo de franquicia, que denominamos en un sentido genérico como popular y, más específicamente en este caso, como franquicia comunitaria. Una primera y quizás la más importante diferencia es que está constituida por tres y no sólo dos partes: (i) el franquiciador que actúa como gerente operador, (ii) los franquiciados que son familias de la comunidad que gestionan cada hostería rural (podrían también ser propietarias de esa específica hostería) y (iii) la comunidad como organización que, junto con otros actores que ella acepte y convoque, es la propietaria (o co-propietaria) de la franquicia como emprendimiento económico que es.

(i) El franquiciador

El franquiciador es seleccionado por la comunidad y debe tener experiencia de gestión y conocimiento del sector turístico. Si algún miembro de la comunidad reúne esas cualidades sería el escogido/a pero, si no lo hubiese, se seleccionaría alguien que sepa agregar valor al esfuerzo de la comunidad. En este caso se exigirían dos requisitos adicionales. El primero es que supiese trabajar en un espacio multicultural y, el segundo, que se comprometiese a entrenar a quienes dentro de la comunidad pudieran más adelante ejercer la gestión del emprendimiento.

(ii) Las familias franquiciadas

Las familias seleccionadas para gestionar las pequeñas hosterías tendrán (i) el derecho a recibir de la franquicia acceso a financiamiento y asesoramiento para construir, mejorar o equipar su establecimiento, obtener un flujo de visitantes a través de un sistema único de reservas, recibir capacitación y asistencia técnica, entre otras facilidades y (ii) obligaciones contractuales que cumplir, como respetar normas y estándares que la franquicia establece en materia de infraestructura física, equipamientos, compra de insumos, atención al cliente, hacer parte del sistema único de reservas, entre otras.

(iii) La propiedad de la franquicia

La franquicia comunitaria es en principio propiedad de la propia comunidad pero, si así lo decidiese, se podría convocar a otros actores a participar como co-propietarios del emprendimiento turístico. Esta decisión es prerrogativa de la comunidad y se ejercería si considerase que otros inversores podrían reforzar la base económica de la franquicia o el acceso a mercados y a financiamiento.

Efectos multiplicadores

Una franquicia de hosterías familiares presenta dos niveles de inclusión: (i) un primer nivel conformado por las familias que gestionan y pueden ser incluso propietarias de hosterías agregando a sus ingresos una fuente de ingresos rurales no agropecuarios (aumentan ingresos y diversifican riesgo) y (ii) toda una serie de emprendimientos pequeños que proveen servicios a los visitantes de las hosterías, como ser, productos frescos de huerta, paseos guiados, actividades artísticas y culturales, artesanías, cabalgatas, etc. Estos emprendedores que no hacen parte de la franquicia de hosterías se aseguran ingresos y una demanda estable por sus servicios a los que de otro modo no lograrían acceder.

La franquicia comunitaria como eventual nodo de acumulación e inversión

De ser exitosa, la franquicia comunitaria puede convertirse en un nodo de acumulación e inversión; sus excedentes podrían ser aplicados a otras iniciativas productivas de la comunidad, sea en la misma o en otra cadena de valor, viabilizando proyectos que hoy no logran materializarse por falta de iniciativa y de capital semilla.

El desafío cultural

Cuando comunidades deciden encarar actividades económicas de mayor proyección a las que vienen realizando, les toca adoptar nuevas formas de trabajar y de conectarse con el mundo exterior. Este contacto de culturas diferentes, con un transfondo histórico de confrontaciones e inequidades, junto con la existencia de una diversidad de intereses, necesidades y hasta emociones, presenta desafíos y tensiones que deben ser encaradas con propiedad.

La perspectiva de la pequeña producción rural en la que las funciones ejecutivas son asumidas por una persona o una familia en condiciones de extrema escasez de todo tipo de recursos, no es la misma que la de una organización económica de mayor tamaño donde se impone la división especializada de funciones. La comunidad como un todo, sus miembros individuales, otros pequeños emprendedores de la región, eventuales socios estratégicos que se convoquen (como es el caso de un franquiciador/gerente) y los propios gobiernos locales, tienen diferentes valores, actitudes y reacciones frente al éxito, el esfuerzo compartido y la adversidad. Es algo difícil, pleno de tensiones, tratar de hacer converger personas y organizaciones alrededor de un objetivo común, como es en este caso establecer y gestionar exitosamente una franquicia comunitaria de hosterías familiares rurales. Pero habrá que hacerlo; trabajar con habilidad y transparencia para generar entendimientos y superar desencuentros entre quienes buscan sumar esfuerzos. Vale reflexionar si un emprendimiento no es, en última instancia, un conjunto de capacidades y voluntades decididas a coordinarse para transformar en valioso activo su diversidad cultural y de intereses.

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