Sumar instrumentos para abatir desigualdad: espacios de negociación de precios al interior de las cadenas productivas

Así como existen convenciones colectivas de salarios para nivelar el poder de negociación entre trabajadores y las patronales, otro instrumento a explorar para contrarrestar la rampante desigualdad que predomina en el mundo es el establecimiento de  espacios de negociación de precios entre los participantes de cadenas productivas. Al  hacerlo se promovería un desarrollo orgánico de la entera cadena productiva.

 

El mayor impedimento para establecer un desarrollo orgánico de nuestros sistemas económicos (en el que sus participantes evolucionan complementándose y reforzándose unos a otros) es el tremendo proceso de concentración de la riqueza que predomina en el mundo; esto enerva en grado sumo las capacidades de colaborar, de sostener y cuidar al otro, de crecer en sintonía con los demás y no a costa de apropiarse del resultado de sus esfuerzos productivos. La concentración desvía la inversión y la innovación bien lejos del bienestar general; impone valores de codicia y de cerrados egoísmos. Por cierto que la inevitable contracara es una desigualdad que no cesa de crecer (el 1% de la población del planeta ya posee más riqueza que el otro 99%) así como el oprobio de mantener y reproducir la pobreza y la indigencia.

No hay como ocultar que tamaña concentración de la riqueza no puede lograrse con el propio esfuerzo de una minoría de individuos y empresas; por el contrario, las más de las veces se da a través de la extracción del valor generado por otros actores, cientos de millones de familias. Para ello se utiliza una diversidad de mecanismos de apropiación de ingresos y de activos que se han establecido en base al poder que detenta esa minoría de privilegiados. De ahí que desmontar los mecanismos de apropiación de valor sea imprescindible para acabar o reducir significativamente el proceso concentrador;  un desafío en esencia político, aunque se exprese económicamente, ya que requiere de la movilización y organización de los ciudadanos de cada país y localidad.

Los mecanismos de extracción de valor operan en varios ámbitos: en cada unidad productiva, al interior de cadenas productivas, entre sectores de la matriz productiva, entre la economía real y las actividades de especulación financiera, entre actores locales y corporaciones internacionales, por el dominio de mercados, la imposición de regulaciones comerciales, la fijación de precios, la evasión o elusión impositiva, la aplicación de royalties y patentes, entre muchos otros aspectos. El común denominador de todos esos mecanismos es que sirven para extraer valor de quienes lo producen para concentrarlo en pocas manos. Varios de esos mecanismos están interconectados y se refuerzan unos a otros, facilitados en su implantación y permanencia por complicidades que les prestan sectores cooptados o comprados de la política, la justicia y los medios.

En otras publicaciones de Opinión Sur[1] hemos analizado la génesis y el desarrollo de los procesos de concentración de la riqueza así como de sus dramáticas consecuencias. En las líneas que siguen nos concentramos en analizar los mecanismos de extracción de valor que se dan al interior de cadenas productivas.

El antecedente de espacios de negociación de salarios y condiciones laborales

 Un antecedente que sirve al tema de este artículo es el proceso institucionalizado de negociación de salarios y condiciones laborales surgido para mediar en la permanente disputa entre el capital y el trabajo por cómo distribuir los resultados del proceso productivo. Hasta no hace mucho tiempo la patronal imponía con pocas concesiones salarios y condiciones laborales. Era tal la diferencia de poder entre los dueños de una empresa y trabajadores pactando individualmente sus salarios que los resultados de esa relación terminaban sesgados por completo a favor de las patronales. De a poco, producto de una lucha que llevó siglos y no sólo décadas, fueron conformándose gremios y sindicatos que avanzaron en la defensa de los derechos de los trabajadores. Uno de sus mayores logros fue insertar las reivindicaciones laborales en las agendas políticas de los países hasta lograr institucionalizar el establecimiento de espacios de negociación colectiva de salarios y condiciones laborales. Aunque con importantes diferencias por países y según fases de su desarrollo político, lo que se logró fue que no negociaran dos poderes tan desiguales como la patronal con un trabajador individual sino, en cambio, las patronales con gremios y sindicatos contando con la regulación que el Estado establece sobre esos espacios de negociación. Estas nuevas modalidades de negociación lograron aminorar en algún grado las diferencias de poder preexistentes.

Atrás quedaron las peores épocas de inmisericorde explotación de los trabajadores y misérrimas condiciones laborales aunque, duele comprobarlo, aún resta mucho por desandar. Se trata de un larguísimo e inacabado proceso que transita la humanidad en que ciertos individuos consideran que sus logros son esencialmente el resultado de su propio mérito y que saldan cualquier deuda que pudieran tener con la sociedad a la que pertenecen con los impuestos que pagan (cuando no los evaden, abierta o encubiertamente). Llevó mucho tiempo reconocer que el valor que genera una empresa surge de la participación de una diversidad de actores, trabajadores, directivos, el contexto tecnológico y valorativo, propietarios del capital, proveedores, consumidores con poder de compra y el propio Estado que es quien provee la infraestructura productiva, social, legal y de seguridad imprescindible para que una empresa pueda nacer y desarrollarse.

Los espacios de negociación de salarios y condiciones laborales constituyen un umbral superior de relacionamiento entre el capital y el trabajo aunque aún son procesos que van transformándose con el tiempo. A pesar de haber sido institucionalizados, inciden muy fuerte sobre ellos distintos tipos de gobiernos que se van sucediendo; algunos enfatizan los derechos de los trabajadores y otros los intereses del capital. Esta influencia gubernamental se expresa a través de las políticas públicas que se adoptan pero también porque el sector público es empleador de un considerable plantel de trabajadores estatales y las mejoras laborales que otorga pueden servir de referencia a sectores de la actividad privada.

Espacios de negociación de precios y condiciones comerciales al interior de cadenas productivas          

Al interior de las cadenas productivas no existe un espacio semejante de negociación entre partes. Esto sucede a pesar que ninguna empresa puede desarrollar su producción aislada y sin contar con otras empresas con las que se relaciona comprando o vendiendo insumos o productos terminados, así como contratando una diversidad de servicios tecnológicos, jurídicos, contables, de publicidad, entre otros. Esto es, que cada empresa agrega valor a una producción colectiva como parte de una trama productiva que puede presentarse más o menos extendida, simple o compleja, de raíces nacionales o articuladas con corporaciones foráneas.

Cada cadena productiva se estructura de una cierta forma concertando complementariedades entre empresas grandes, medianas, pequeñas y muy pequeñas (micro emprendimientos).  Las relaciones comerciales entre empresas se expresan en acuerdos de compra y venta de lo que cada quien produce.  En esos acuerdos una principal variable son los precios con que se negocian las transacciones aunque también pesan otras variables, como el sostenimiento temporal de los acuerdos (compras pactadas por un tiempo o compras ocasionales cuyos precios se acuerdan compra por compra), si se trata de transacciones registradas o informales, si se facilita asistencia tecnológica a proveedores, anticipos financieros u onerosos plazos de pago al convenir la compra, entre otras.

La dinámica que prevalece hace que, mientras todos los participantes del esfuerzo productivo al interior de una cadena productiva generan una cuota de valor, el reconocimiento del valor que cada actor genera no es determinado por el conjunto sino por quienes detentan la capacidad de imponer su parecer. Y ese parecer privilegiado generalmente desemboca en abusos de poder de mercado con lo cual los más poderosos extraen para su propio provecho buena parte del valor generado por los demás. Extraen valor de sus proveedores y también de quienes compran sus productos, sean otras empresas o consumidores finales. De forma similar, participantes de tamaño medio imponen condiciones a pequeños y micro emprendedores.  Se consagra así un proceso de concentración de riqueza que fluye hacia la cúspide de la trama productiva, unos pocos actores poderosos que se tornan cada vez más poderosos a costa de quienes no tienen la capacidad de resistir la pérdida, por apropiación, del valor que les pertenece.

Esto tiene serias consecuencias porque mientras las empresas más poderosas acumulan a través de cada ciclo productivo, el resto o lo hace a tasas menores o simplemente no acumulan y, por tanto se estancan o retroceden. Las empresas más pequeñas, emprendimientos familiares, son las más vulnerables porque si retroceden se ven obligadas a mantener su actividad sacrificando la calidad de vida de su familia dado que no suelen disponer de muchas opciones para obtener sus mínimos ingresos de subsistencia.  De este modo, la cadena productiva no crece orgánicamente favoreciendo a todos sus participantes sino tiende a la concentración de resultados provocando una desigualdad que se cristaliza y proyecta sobre los ulteriores ciclos productivos.

Es difícil, sino completamente improbable, que esta dinámica concentradora que se verifica en casi todas las cadenas productivas pueda cambiar espontáneamente sin una intervención exógena. Al igual que lo señalado en la sección anterior sobre negociaciones salariales y condiciones laborales de épocas pretéritas, los propietarios y cuadros gerenciales de las empresas poderosas también se arrogan todo el mérito del lucro que obtienen minimizando el aporte de los demás participantes de la cadena productiva y de la sociedad en su conjunto. Utilizan su poder para imponen precios y condiciones comerciales al resto evadiendo además con mucha frecuencia el pleno pago de los impuestos que les corresponden (comprometen así los ingresos públicos y, por ende, la capacidad del Estado de proveer al bienestar general).

¿En que se asienta el poder de imponer que ejercen las empresas líderes de cadenas productivas? Su tamaño y posición económica fuerza a los demás a aceptar condiciones desfavorables; quienes  se retoben en contra de los intereses de las empresas líderes son sustituidos por otros pequeños y medianos emprendimientos dispuestos a ceder valor con tal de ser contratados. Algo equivalente a lo que sucede cuando los trabajadores se ven forzados a acordar condiciones salariales y laborales desfavorables por el temor de ser fácilmente despedidos y reemplazados.

¿Cómo corregir estos abusos de poder? Una posibilidad es estableciendo espacios de negociación de precios y condiciones comerciales entre los participantes de una cadena productiva, incluyendo la participación del Estado regulando y custodiando el funcionamiento de esos espacios. La forma de estructuración de esos espacios puede ser diversa ya que no es lo mismo una cadena con un liderazgo monopólico (una sola empresa líder), que las que cuentan con un cierto número de empresas líderes y otras, mucho más abiertas, con un gran número de empresas que conducen.

Además de las formas de estructuración que deberán ajustarse a las diferentes situaciones, es necesario también explicitar ciertos parámetros dentro de los que es posible negociar. Así, por ejemplo, un criterio básico es asegurar que todos quienes participan de una cadena productiva se favorezcan obteniendo una parte justa de sus resultados. También es cierto que lo que es justo para unos no lo es para otros por lo que habría que asociar justa participación con acceder a una tasa de ganancia que permita a todo productor crecer en el tiempo y no sobrevivir estancado. Ese crecimiento puede darse individualmente o subiendo la escala y los umbrales de productividad a través de asociarse los pequeños productores en algún modalidad de emprendimiento inclusivo.

Por otro lado, los beneficios que reclamen las partes no pueden poner en riesgo la viabilidad de la propia cadena productiva (lo que no significa condonar la concentración y extracción de valor). Lo que más bien implica es que las empresas líderes tendrán que ceder parte de su tasa de ganancia para posibilitar el crecimiento del resto y con ello acercarse a un desarrollo orgánico de la entera cadena productiva. Esto es, habrá límites y márgenes en esos espacios de negociación que sería peligroso ignorar, más aún cuando con la globalización asimétrica que se ha impuesto al mundo, las pugnas de competitividad se desarrollan también a nivel internacional.

La viabilidad de establecer estos espacios de negociación de precios

 No cabe ingenuidad alguna cuando se trata de alinear intereses diversos, algunos antagónicos. Es complejo (por decirlo asépticamente) concertar posiciones entre actores tan diversos, máxime cuando los más poderosos cuentan con la capacidad de cooptar o disuadir con prebendas a unos en perjuicio de los demás. Peor aún si el gobierno de turno, encargado de regular y velar por el buen funcionamiento de esos eventuales espacios de negociación, pudiese volcase en favor de las empresas que lideran cadenas productivas.

Algunas soluciones exigen transformar partes de las estructuras que prevalecen en ciertas cadenas productivas. Así, por ejemplo, si existiese un nivel de intermediación comercial que se apropiase de una parte desmesurada del valor generado por productores, esa particular situación no se resuelve disputando la tasa de ganancia de las empresas líderes, sino desmontando el poder que detentan los intermediarios favoreciendo el establecimiento de otro tipo de canales de acopio y comercialización con alguna forma de participación de los propios productores. Esto suele suceder en el caso de cadenas productivas de alimentos en las que las diferencias de precios entre lo que recibe el productor y lo que paga el consumidor final llegan a ser de más de 30, 50 o 100 veces el precio inicial.

Por otra parte, las cadenas productivas no son islas autónomas del funcionamiento del sistema económico y, en particular, de la matriz productiva nacional y regional. Unas cadenas se orientan preferentemente a atender el mercado interno y otras a la exportación; algunas cadenas utilizan mayormente insumos nacionales y otras pueden depender fuertemente de insumos y equipos importados; hay cadenas más intensivas que otras en la utilización de fuerza de trabajo; cadenas muy ligadas al desarrollo tecnológico de punta que otras; cadenas productivas nacionales que son apéndices de tramas productivas internacionales; cadenas productivas que son espacios donde emerge y se foguea un empresariado nacional responsable orientadas a reinvertir resultados en el país y cadenas productivas en las que prima la especulación financiera y la fuga de capitales.

De ahí que no haya recetas fundamentalistas de todo o nada, algo así como que es esto y no hay otras opciones; estos planteos no son verdades sino engaños o negligencia. Si bien hay parámetros objetivos que es necesario conocer, no son los parámetros que los intereses hegemónicos quieren contrabandear como límites “naturales” para proteger sus intereses. Como siempre, toca evitar tanto voluntarismos como determinismos y confiar en la búsqueda responsable de la innovación que sirva al bienestar general. Esta apreciación vale en campos tan diversos como la política, la economía, el desarrollo territorial, las relaciones humanas e internacionales y, por cierto, también para establecer espacios de negociación de precios y condiciones comerciales al interior de las cadenas productivas.

 

[1] Libros Los hilos del desorden, Un país para todos, Crisis global: ajuste o transformación. Una apretada síntesis puede verse en el artículo ¿Arde el mundo?

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