Salidas de la crisis, trampas democráticas y la descuidada pobreza rural

En este número abordamos tres temas de la mayor importancia. Pugnas entre poderosos intereses van marcando las salidas de la crisis y los desafíos que deberán enfrentar nuestros países. Hubo un momento -al estallar la crisis y requerirse una cuantiosa intervención pública- donde la posibilidad de ajustar el rumbo y mejorar nuestra forma de funcionar fue muy grande. Sin embargo, el pánico, el peso de los intereses afectados y la inercia ideológica de los timoneles privilegiaron el «salvataje» por sobre la transformación. Se argumentó que después, siempre después, habría tiempo de mejorar el funcionamiento sistémico. Lo que algunos no previeron y otros calcularon perfectamente fue que, una vez alejados un tanto del abismo, quienes nos condujeron a la explosión recuperarían su capacidad de incidir decisivamente sobre el curso a seguir. Hoy los efectos están a la vista: una economía que amaga recuperarse pero dejando detrás un tendal de nuevos desocupados y una mayor desigualdad social. En este contexto no será sencillo revertir la situación y encontrar un sendero más sustentable de desarrollo pero hay que intentarlo.

Ninguna democracia es perfecta y en todas ellas se dan trampas democráticas (como la señalada en el párrafo anterior) que atentan contra sus postulados fundamentales. Mientras que por frustación o cálculo político algunos reniegan de la democracia, otros muchos bregamos por superar sus lacerantes problemas profundizándola y encarando lo mejor posible la resolución de las trampas democráticas. Mejorar la democracia es un proceso de larga data, siempre incompleto, siempre perfectible, al que cada generación suma los cambios que es capaz de generar.

La pobreza rural fue una altísima prioridad en la agenda de desarrollo de comienzos del siglo pasado. Una vez que sus expresiones más agudas fueran superadas en los países afluentes, sus principales centros de pensamiento estratégico perdieron interés en el tema. En cambio, en nuestros países del Hemisferio Sur la pobreza rural está aún gravosamente vigente y es un imperativo ético y económico encararla: allí anida un tremendo potencial humano y productivo hoy completamente desvalorizado.

Hasta el próximo mes. Cordial saludo.

Los Editores

Deja un comentario