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Otro Rubicón: ¿Cuán lejos llegará Trump y con cuáles consecuencias geopolíticas?

El nuevo gobierno estadounidense se enfrenta al giro más importante en las relaciones entre las grandes potencias que hubo desde el colapso de la Unión Soviética. Como el gobierno representa un cambio en el régimen en Estados Unidos, las consecuencias geopolíticas también serán trascendentales. Serán vendidas como un revival estadounidense, pero pueden llegar a convertirse en un declive, irregular y beligerante.

 

En enero me tomé unas vacaciones de la realidad—o irrealidad—estadounidense en Italia y reflexioné sobre el presente dilema geopolítico desde las espléndidas ruinas de Paestum. Paestum fue una ciudad fundada por los colonos griegos (Aqueos). Sus impresionantes templos están aún intactos luego de más de 2.500 años de desastres naturales y revueltas sociales. Cuando los romanos se hicieron cargo de Paestum dedicaron uno de esos templos a Mens Bona, la deidad romana de la razón, llamada a supervisar la capacidad de discernimiento de la clase política. Esto ocurrió entre los siglos I y II AC, cuando Roma era una república gobernada por una oligarquía que buscaba ser sabia. A continuación van unas notas.

Quizás sin querer, en la reciente elección presidencial los estadounidenses desencadenaron un golpe de estado. ¿Un golpe de estado democrático? La expresión suena absurda y sin embargo explicaré cómo a cierto nivel tiene sentido. Por supuesto no es un clásico golpe de estado del tipo abrupto militar que leemos en los manuales prácticos desde Curzio Malaparte[1] hasta Edward Luttwak[2] y de los cuales fui testigo en Argentina con demasiada frecuencia[3]. Es más bien un proceso en cámara lenta y en varias etapas, siguiendo la lógica que opera detrás de los actores—las artimañas de una perversa razón, como en las tragedias de Shakespeare o en un pesado tomo hegeliano.

Enfrentados a la elección entre dos candidatos de dudosa reputación, a través del proceso enrevesado de elección indirecta, los estadounidenses lograron obtener un resultado extraño que dejó a todos perplejos. Ahora tienen que vivir con un impredecible outsider que ha desafiado las instituciones de los dos partidos mayoritarios y quién quizás logre demoler el entramado institucional de la república así como fue establecida al final del siglo XVIII—un verdadero acabador, según he explicado en un previo artículo de Opinión Sur[4].

A lo largo de los años muchas de las célebres instituciones estadounidenses han sido erosionadas. El sistema bipartidista quedó enredado en el atascamiento que afectó al gobierno y produjo un vacío en la cima. Esto a su vez creó la oportunidad para que alguien ajeno a la comunidad politica ocupara esa cima. El primer resultado es que la política se ha convertido en disgregadora al interior de cada partido, paralizadora entre los partidos, autoritaria a nivel ejecutivo y extra-parlamentaria en la oposición, la cual, sin los tradicionales canales partidarios, se ha mudado a las calles. Esto provoca la recomendación de otro libro: el más o menos olvidado libro de Elías Canetti Massen und Macht [5] (Masa y Poder), el cual junto con otros textos bellísimos le valió el Premio Nobel (en literatura, ya que nunca hubo un premio en ciencias sociales y la sombría ciencia no se ha sumado aún a la pelea).

Como he escrito anteriormente, la transición desde el gobierno de Obama a la inestable congregación de Trump va más allá de un cambio de gobierno. Es un cambio de régimen. Mucho de los simpatizantes de Trump celebraron su advenimiento como un retorno a unos Estados Unidos imaginarios, que ellos no pueden reconocer en el presente global, multicultural y de alta tecnología y que desearían recapturar.

Las paradojas abundan. El enojo de la clase trabajadora llevó a apoyar a un gobierno plagado de plutócratas, que precisamente no están orientados en pro de los trabajadores. Las políticas de protección social terminaron en un mercantilismo vacío. Trump anuncia con bombos y platillos políticas industriales pero sin industria[6]. Los mexicanos y los chinos son culpados por el reemplazo de empleos por robots. La retirada de los tratados multilaterales acelera el ascenso regional y posiblemente global de China. La lista de paradojas, consecuencias no deseadas y auténticas contradicciones es larga.

El probable acercamiento a Rusia puede acarrear beneficios en la lucha contra el terrorismo internacional[7] pero forzará a Estados Unidos a compartir el premio y el precio en términos de prestigio. Estados Unidos no podrá imponer su agenda. La declaración del nuevo presidente de Estados Unidos diciendo que la OTAN es “obsoleta” contiene un gramo de verdad, pero no toda la verdad. Del mismo modo marca la obsolescencia del orden de pos Segunda Guerra Mundial diseñado por Estados Unidos. En el pasado, lo que era bueno para el ganso (EEUU) era bueno para la gansa (Unión Europea). Hoy lo que es malo para la gansa (UE) es malo para el ganso (EEUU) al mismo tiempo. Como decían en el siglo XVI “tanto bebe el ganso como la gansa[8]” pero la bebida será vodka esta vez. Y hay nuevos gansos en la bandada. Rusia está en ascenso, China también.

En relación con Rusia los hacedores de política y expertos estadounidenses generalmente remarcan que el declive de una ex superpotencia armada nuclearmente puede producir mucho daño. En relación con EEUU agregaría: de te fabula narratur (a ti se refiere la fábula)—que una única superpotencia en declive también puede producir mucho daño si no se ajusta a la nueva realidad de relaciones entre grandes potencias donde no puede dominar más. Con Trump, EEUU parece haber adoptado la postura de retirada beligerante[9]. Los riesgos de una guerra son mayores que antes.

El nuevo presidente está montado en una especie de ola de reacción popular que es un mejunje de quejas legítimas, nostalgia y búsqueda de chivos expiatorios. Esta situación no es exclusiva de Estados Unidos. El espectro de reacción popular recorre todo el mundo occidental. ¿Qué entregará a su base electoral el nuevo presidente, un billonario malhablado que entretendrá al populacho con un festival de escándalos y unas cuantas cazas de brujas mientras otorga grandes regalos a los ricos y privilegiados y algunas concesiones (la mayoría simbólicas) a sus empobrecidos simpatizantes?[10] Después de la elección, pude percibir que la atmósfera se pone cada vez más tensa.

El nuevo presidente está montado en una especie de ola de reacción popular que es un mejunje de quejas legítimas, nostalgia y búsqueda de chivos expiatorios. Esta situación no es exclusiva de Estados Unidos. El espectro de reacción popular recorre todo el mundo occidental. ¿Qué entregará a su base electoral el nuevo presidente, un billonario malhablado que entretendrá al populacho con un festival de escándalos y unas cuantas cazas de brujas mientras otorga grandes regalos a los ricos y privilegiados y algunas concesiones (mayormente simbólicas) a sus empobrecidos simpatizantes?[11] Después de la elección, pude percibir que la atmósfera se pone cada vez más tensa.

Les ahorraré a los lectores de estas notas una comparación adicional entre Donald Trump y Silvio Berlusconi. Muchos ya lo han hecho y la mayoría al nivel anecdótico. Para aquellos interesados en un ejercicio serio en esta línea recomiendo un libro: Maurizio Viroli The Liberty of Servants.  Berlusconi’s Italy.[12]  Durante mi tour italiano visiones más lejanas ocuparon mi mente. EEUU no es Italia. Los problemas internos en los Estados Unidos tienen un impacto global inmediato superando con creces al anecdotario estadounidense, folklórico y parroquial e inclinado hacia las políticas de identidad[13]. Quizás una comparación más apropiada sea con la Roma antigua.

De vuelta en Paestum. En enero, su soledad (no había masas de turistas) me dio la sensación de un lugar embrujado, lleno de ecos de las labores del pasado y de las voces enmudecidas de los muertos. Mis pies se posaron sobre los remanentes de la agora griega y del fórum romano, lugares donde los antiguos ciudadanos solían reunirse y realizar transacciones, entre ellas un intercambio de ideas bajo la guía de Mens Bona. Me acordé cómo fue que esto terminó, en etapas al principio y luego de manera abrupta hasta que esas primeras versiones imperfectas de gobiernos del pueblo, por el pueblo y para el pueblo desaparecieron de la faz de la tierra.

A lo largo de este proceso de revocación un paso decisivo fue dado por Julio César el 10 de enero de 49AC (exactamente 2.066 años antes de mi visita a las ruinas de Paestum). Frente al enjuiciamiento por crímenes de guerra, César tenía que rendirse o rebelarse. En ese día él eligió desafiar a la república y avanzar sobre Roma al frente de sus tropas. En sus supersticiones los romanos creían que algunos ríos no deberían cruzarse, como el Rio del Olvido en Galicia, España[14], y ellos creyeron que lo mismo se aplicaba para el Rubicón, el río que corre desde las montañas de los Apeninos hasta el mar Adriático. César lo cruzó y la historia cambió.

El desafío, y la consiguiente guerra civil, no fue un buen augurio para la República. Esta última fue una oligarquía que se basó en lo que Max Weber llamó “elitismo competitivo” (proto-democracia), con una facción inclinada más hacia la Asamblea del pueblo y otra hacia el Senado aristocrático. César abolió este juego de dos partidos, a la vez que asumía el papel de uno de ellos: los populares. De hecho, muchas de las medidas de César verdaderamente parecían hechas para proteger a las personas comunes de la política egoísta de los nobles del establishment, pero él realizó esto como forma de establecer una base fuerte para su régimen personal. Su truco fue ingenioso y exitoso: extender la ciudadanía a los “outsiders olvidados”—aquellos que habían peleado por Roma pero no gozaban de sus privilegios. Desde entonces cesarismo es un nombre usado para caracterizar a un populismo autoritario[15]. Creo que el paralelo con el presente es muy claro[16].

La dictadura de Julio César duró poco. Frente a la amenaza de una tiranía los Senadores romanos usaron el único recurso que ellos consideraron apropiado para lidiar con él—el tiranicidio. Pero el daño ya estaba hecho. Lejos de volver al republicano equilibrio de poderes, Roma cayó nuevamente en una guerra civil hasta que Octaviano, el hijo adoptivo y heredero designado por César, habiendo aniquilado a sus rivales asumió el poder total como el emperador Augusto e inauguró la famosa pax romana. La república nunca fue oficialmente repudiada. Augusto fue un consumado hombre de relaciones públicas. Los magistrados se convirtieron legal y prácticamente en subordinados a un ciudadano con poder sobre todos los demás. Las instituciones republicanas fueron mantenidas pero sólo como una fachada. Se convirtieron en cáscaras vacías.

El régimen imperial era frágil no obstante. Pese a la paz Augustiana, recibía constantes desafíos tanto desde el exterior como desde el interior del mismo imperio. La sucesión era extremadamente irregular. Era un imperio espasmódico. De los 85 emperadores romanos, solamente 5 fueron buenos, con Marco Aurelio destacándose por sobre el resto. Sin embargo, no menos de 17 fueron asesinados. Roma sufrió extralimitaciones imperiales y corrupción interna. Decayó y desapareció como la mayor potencia del mundo. Dejó un legado espectacular al cual varios seguimos rindiendo homenaje hoy; pero pereció.

De regreso de mis ruinas, en los Estados Unidos de Trump, considero que vale la pena plantear nuevamente el interrogante: ¿Somos Roma?

 

[1] . Curzio Malaparte, Coup d’Etat: The Technique of Revolution, New York: Dutton, 1932.

[2] Edward N. Luttwak, Coup d’Etat: A Practical Handbook, revised edition, Cambridge: Harvard University Press, 2016

[3] Juan E. Corradi, The Fitful Republic, Boulder: Westview Press, 1985

[4] “The accabadors: A brief sarcastic account of the European disunion,” Opinion Sur,

July 2016.

[5] First published in 1960.  English edition in 1984.

[6] . N.T.: Juego de palabras en el original “Trump trumpets industrial policies without industry.”

[7] . Ver la propuesta de Luis Moreno Ocampo: https://www.justsecurity.org/36449/trump-work-russia-challenge-status-quo-control-isis/ para una postura opuesta consultar: Daniel Benjamin, “Russia is a Bad Ally Against Terrorism,” Op ED, The New York Times, January 23, 2017.

[8] N.T. En ingles en el original “as deepe drinketh the Goose as the Gander” significando que lo que es bueno para uno es bueno para el otro, las reglas aplican igualmente para ambos. Juego de palabras con la referencia al vodka que sigue después.

 [9]South China Sea: U.S. Will Defend International Territories From China, White House Says,” Stratfor, January 24, 2017.  Este es el análisis de la  Rand Corporation: http://www.rand.org/content/dam/rand/pubs/research_reports/RR1100/RR1140/RAND_RR1140.pdf

[10] . Con una política fiscal favorable a las corporaciones y los ricos, el dinero puede ser que vuelva a EEUU pero seguramente servirá más para alimentar nuevas fusiones y adquisiciones que para crear nuevos empleos. El empleo industrial es probable que baje no que suba. Ciertamente ésta no es una receta para un apoyo sostenido, salvo que las tensiones internacionales alimenten el ansia por guerra en el extranjero y represión en casa.

[11] . Con una política fiscal favorable a las corporaciones y los ricos, el dinero puede ser que vuelva a EEUU pero seguramente servirá más para alimentar nuevas fusiones y adquisiciones que para crear nuevos empleos. El empleo industrial es probable que baje no que suba. Ciertamente ésta no es una receta para un apoyo sostenido, salvo que las tensiones internacionales alimenten el ansia por guerra en el extranjero y represión en casa.

[12] Maurizio Viroli, The Liberty of Servants.  Berlusconi’s Italy, Princeton: Princeton University Press, 2011.

[13] . En mi opinión, el concepto de poder blando a recorrido su camino como un oxímoron académico. Hoy Carl Schmitt es más relevante que Joseph Nye.

[14] La leyenda decía que aquellos que lo cruzaran no sabrán más quienes son.

[15] Ver [15] Franz Neumann, “Notes on the Theory of Dictatorship,” en The Democratic and the Authoritarian State, Glencoe, Ill., The Free Press, 1957

[16] “Por mucho tiempo, un pequeño grupo en la capital de nuestra nación ha rapiñado las recompensas de un gobierno mientras que el pueblo ha soportado el precio. Washington floreció, pero el pueblo no participó de su riqueza. Los políticos prosperaron pero los empleos se fueron (…) Los olvidados hombres y mujeres de nuestro país no serán más olvidados.” (extracto del discurso inaugural de Donald Trump al asumir la presidencia de EEUU).

 

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