¿Quién decide?

Éste es el último de una serie de ocho artículos de Neva Goodwin; sus conclusiones.

Como hemos mencionado anteriormente, existen modelos relevantes a los cuales recurrir de países donde razonables políticas de asistencia social e impuestos le otorgan al gobierno los medios para lograr el primer requisito de una economía ideal:apoyar a todos, especialmente a aquellos que no pueden trabajar o no consiguen trabajo. Sin embargo, todo estado de bienestar que conozco aún necesita prestar más atención al trabajo que no se realiza a través del mercado de empleo formal. Existe un movimiento en esta dirección en países donde los gobiernos proveen el apoyo que permite a los padres cuidar a sus propios hijos. La alternativa—pagar por guarderías que permiten a los padres realizar otro trabajo de mercado—es extremadamente ineficiente e ignora el tremendo valor que tienen para la sociedad las buenas prácticas de crianza de los padres y madres actuales. (Mis amigas feministas tienen numerosos puntos de vista diferentes sobre este tema).

En el artículo del último mes, propuse dos tipos de programas específicamente relacionados con el trabajo que pueden tanto proveer empleos mejor pagos—un programa de obras públicas—cuanto apoyar el esencial trabajo no remunerado que se realiza dentro de los hogares—un programa de ingreso mínimo. Este último podría diseñarse para reemplazar gran parte de los muy porosos sistemas estaduales y federales de seguridad social que existen actualmente en los Estados Unidos.

Modestas sumas de dinero para apoyar actividades voluntarias o que no reciben paga podría permitir al sector sin fines de lucro aportar mucho más a la calidad de vida. Un ejemplo sería el banco de tiempos, un sistema de intercambio donde el tiempo, no el dinero, es la moneda que permite la conexión entre capacidades subutilizadas y necesidades insatisfechas. Los sistemas de bancos de tiempos generalmente fueron más exitosos en escenarios de jubilación donde existe un montón de capacidades humanas sin buena aplicación; pero Edgar Cahn, uno de los principales inventores y promotores de dichos sistemas, ha reconocido que para durar requieren de un gerenciador consistente que probablemente necesite realizar esta función como un trabajo pago [1].

No todo lo que queremos lograr puede realizarse simplemente adaptando los modelos existentes pero mucho sí puede lograrse de este modo. La tributaciónes una forma muy conocida de cambiar los precios. Aquellos que no quieren admitir que el gobierno está o debería estar en el negocio de los incentivos cambiantes defenderán los impuestos, si es que lo hacen, solamente como una forma de recaudar fondos que tiene el gobierno. Sin embargo, más allá que nos guste o no el actual régimen, deberíamos también admitir la realidad y trabajar para utilizar los impuestos para provocar los resultados que queremos, más que los resultados que no deseamos. Ejemplos constructivos deberían incluir los impuestos a los bienes y servicios suntuarios o de lujo colocados en valores suficientemente altos como para desalentar el consumo de estatus –Véase Robert Frank, 1999, Fiebre de Lujo (Luxury Fever). The Free Press; otro ejemplo sería una estructura progresiva de impuestos a los ingresos que comenzara a un nivel alto y estuviese diseñada para establecer una relación razonable entre la compensación de los ejecutivos de altos ingresos con el salario promedio del segmento, por ejemplo, con el 20% más bajo de ingresos de la economía [2]. Ya que hablamos de ello, los impuestos a las ganancias de capital deberían ubicarse en un nivel alto para salir de la situación actual, donde ingresos de renta pasiva son gravados a una tasa substancialmente más baja que los ingresos del trabajo. Las propuestas de establecer impuestos sobre las emisiones de carbono son especialmente importantes en un momento donde la descarga de gases con efecto invernadero representa una severa amenaza al futuro.

Existen otros muchos programas de gobierno que podrían ser reformados para mejor alinearlos con la realidad ecológica y el bienestar humano. Los subsidiosson un buen ejemplo. Un comentario de la organización Grist sobre un reporte del FMI acerca de los subsidios globales a los combustibles fósiles destaca que los subsidios globales directos que promueven el consumo de combustibles fósiles, como ser precios de la nafta por debajo del valor de mercado, ascienden a 480 mil millones de dólares al año, mientras que subsidios implícitos, incluyendo externalidades no internalizadas, pueden resultar tan altos como 1.9 billones de dólares al año. Estas cifras eclipsan los subsidios globales para energías renovables. Nuevamente, esto ejemplifica la situación actual donde los precios son muy eficazmente manipulados; empero dado que la teoría e ideología económica dominante no cree que esto debiera ocurrir, se lo realiza sin la debida consideración pública de los valores que la manipulación favorece. Incluso si no hubiésemos incrementado el grado al cual los precios están ahora sesgados por la acción gubernamental, podríamos acercarnos mucho más al mundo ideal desplazando ese esfuerzo hacia los valores reales que necesitan ser expresados.

Mucho se dice acerca de las asociaciones público-privadas. Un área crítica para que esto funcione en pos del interés público es invertir en investigación y actividades productivas que más beneficiarían a la sociedad respetando al mismo tiempo los límites de la naturaleza. Supongamos que quisiéramos comenzar desde un concepto de desarrollo restaurativo: no sólo mantenernos donde estamos, como en la noción de sustentabilidad, sino también reconstruyendo la salud de los sistemas ecológico y social que han sido dañados durante el último siglo. Quizás fuese necesaria una disciplina académica de desarrollo restaurativo o alguna organización, similar al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), que pueda delinear formas para identificar actividades que promuevan el desarrollo restaurativo. Estas actividades incluirían presumiblemente la implementación de energía renovable, infraestructura, educación y salud, así como investigación en todas esas áreas.

El precio del capital—el retorno esperado que puede atraerlo hacia un lugar en vez de hacia otro—no es lo único que determina hacia donde fluye: la existente distribución de la riqueza, modas de pensamiento, expectativas, egos, todo juega un gran papel aquí, como ocurre en otras áreas de fijación de precios. El Banco de Dakota del Norte es un ejemplo exitoso de un enfoque alternativo respecto a la propiedad y la inversión del capital. Custodia fondos del Estado así como depósitos de los individuos e instituciones; los invierte en formas que benefician a los habitantes de ese estado y estas inversiones han resultado ser mucho más seguras que las de los bancos estrictamente orientados por el lucro [3].

Considerando una gama de escalas, tanto más pequeñas como más grandes que el estado de Dakota del Norte, en todas es necesario priorizar inversiones constructivas. Una cuestión apremiante es cómo atraer fondos de inversión a esas áreas y lejos de las actividades destructivas. Rich Rosen del Instituto Tellus en Boston sugiere usar los consejos asesores de servicios públicos como modelos para seleccionar y dirigir mejor el uso de los nuevos capitales de inversión. Como ha destacado, el mundo no puede depender de los mercados de capital tradicionales para adecuadamente priorizar la necesidad futura de capital entre industrias claves y al interior de ellas (Rosen, 2009). Un colega de Rosen, Paul Raskin ha descripto la situación hacia la cual deberíamos movernos como una donde:

“Los bancos de inversión comunitarios y regionales que son controlados por el estado y apoyados por procesos participativos de regulación, reciclan el ahorro público y los fondos de capital originados en el cobro de impuestos. Para recibir fondos de estos bancos, los empresarios que buscan capital deben demonstrar que sus proyectos, en adición a la viabilidad financiera, promueven más amplios objetivos sociales y medioambientales.” (Paul Raskin, 2012 “Escenas de la Gran Transición” artículo en inglés en http://www.thesolutionsjournal.com/node/1140).

Esto debería implicar buenas noticias para los sistemas cooperativos de propiedad obrera, que repetidamente han enfrentado dificultades en el levantamiento de capitales.

He dado sólo unos pocos ejemplos concretos de áreas donde algunos de los más espinosos problemas pueden ser resueltos a través de observar atentamente cómo se establecen los precios. Estos ejemplos incluyen:

- implementar un estado benefactor más orientado hacia el bienestar general, incluyendo especialmente un ingreso básico garantizado;

- mejorar el apoyo a las organizaciones sin fines de lucro que facilitan que las personas puedan realizar aquel trabajo que es más necesario para la sociedad;

- apoyar programas de obras públicas en los cuales ni el sector privado ni el de sin fines de lucro pueden asumir tareas que son necesarias para la sociedad;

- cambiar la estructura impositiva para que sea cada vez más progresiva y desaliente el consumo que resulta perjudicial para el medioambiente así como para otros consumidores y demás individuos que son negativamente afectados por los actuales patrones de consumo;

- alinear subsidios gubernamentales con las prioridades sociales y medioambientales; y

- reconocer que la inversión es un bien público que debería priorizar el bienestar sustentable y el desarrollo restaurativo.

Es posible pensar estas opciones cuando reconocemos que los precios no están establecidos por Dios o la Naturaleza: ellos son el resultado de decisiones humanas. Esas decisiones humanas pueden ser hechas sobre bases estrictamente individualistas en un contexto de mercado, en cuyo caso los resultados terminan estando sesgados a favor de quienes, con mayor riqueza y poder toman las decisiones o, por el contrario, pueden ser tomadas comunitariamente.

La cuestión detrás de todo esto es: ¿quién decide? En la medida que la respuesta fuese propia de la arena política, necesitaremos resolver cómo hacemos para elegir personas en las cuales confiemos, lo que implica sacar al dinero de en medio de la política. La confianza es un poderoso conductor de los asuntos humanos. Deberíamos retirar nuestra confianza de aquellas empresas que sólo buscan ganancias excluyendo el bienestar social. Los mercados pueden ser una parte importante de muchas soluciones y los gobiernos nunca son perfectos, pero no deberíamos confiar en los economistas que nos dicen que los mercados tienen todas las soluciones. También es importante contemplar que haya control social de las acciones de gobierno en paralelo con el apoyo que necesitan para poder cumplir su trabajo mejor que como hoy ocurre con el deficientemente financiado, falto de personal y desmoralizado sector público en los Estados Unidos.

Cuando solamente nos focalizamos en las intrincadas cuestiones de escala y crecimiento económico, los problemas parecieran ser imposibles de solucionar a nivel de diseño—sólo cabría esperar un desastre. Pero cuando hayamos desenredado la madeja, jalando del hilo de la teoría de los precios y del hilo del trabajo, podremos comenzar a visualizar los senderos que habremos de tomar.

Notas

[1] Véase New Economics Foundation 2008

[2] Este enfoque es mejor que atar los salarios de los gerentes y directivos al salario menor o a la mediana de salarios de sus propias compañías, porque en el último caso hasta es posible manipular el sistema—por ejemplo, subcontratando los trabajos menos remunerados—para de esta manera incrementar el promedio de salarios de la empresa sin realmente mejorar el salario de sus trabajadores. Atar los salarios gerenciales a los ingresos de los que ganan menos por el contrario crearía un incentivo para mejorar la condición de los pobres.

[3] Desde el éxito del Banco de Dakota del Norte en capear la Gran Recesión, cerca de 20 estados han introducido leyes para crear sus propios bancos estaduales.

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