Profundizar la inclusión social

Ante situaciones de extendida pobreza e indigencia, los países del Hemisferio Sur hacen bien en encararla en primera instancia como una situación de emergencia social. Cabe luego profundizar las políticas y acciones de inclusión social de modo que la población adquiera la capacidad de sostener por su cuenta un buen vivir: ello implica acceder a una educación de excelencia (inclusión educativa) y a un patrimonio e ingresos que aseguren el buen vivir familiar (inclusión productiva).Ante situaciones de extendida pobreza e indigencia, los países del Hemisferio Sur hacen bien en encararla en primera instancia como una situación de emergencia social. Esto implica salir rápidamente al cruce de las graves carencias alimentarias y de salud para, casi en simultáneo, abordar los problemas de alojamiento, agua potable, saneamiento ambiental y seguridad ciudadana. La calamitosa situación de muy grandes sectores poblacionales no admite dilaciones y corresponde acudir a atender con efectividad sus precarias condiciones de vida.

“Efectividad” implica que aun en la emergencia es necesario escoger las mejores formas de intervención y organización. Emergencia no es excusa para “sembrar al voleo” la crítica ayuda que poblaciones históricamente postergadas requieren. Queda mucho por hacer y por reflexionar en este crucial frente de trabajo, como ser, conciliar la urgencia de proveer servicios elementales con el respeto a la dignidad de las familias facilitando su activa participación en el esfuerzo y evitando la intervención de caciques locales que lucran de un modo u otro con estos programas.

No es el objeto de estas líneas considerar la fase inicial de la emergencia sino, una vez lanzada, considerar como profundizar las políticas y acciones de inclusión social. Sin embargo, la urgente intervención puede condicionar la profundización de la inclusión social ya que establece tipos de relacionamiento entre la población y el Estado (nacional y local) que pueden favorecer o entorpecer las acciones ulteriores.

La sustentabilidad de la inclusión social

El éxito de una política de inclusión social se mide con mejoras en las condiciones de vida de la población en situación de pobreza e indigencia pero, en última instancia, la política de inclusión social habrá sido efectiva si esa población adquiere la capacidad de sostener por su cuenta un buen vivir. Esto es, que ha tenido acceso a una educación de excelencia (inclusión educativa) y que ha logrado con esfuerzo productivo acceder a un patrimonio y unos ingresos que le permitan sostener ese buen vivir para sí y su familia (inclusión productiva).

Una educación de excelencia puede caracterizarse de muy diversas formas que quienes trabajan y han reflexionado sobre este tema conocen mejor que este autor. Baste para los fines de este artículo señalar que debiera ser una educación que le permita a una persona reflexionar, comprender y actuar acorde tanto con sus anhelos e intereses como los de los demás integrantes de su comunidad y de su país. Esa educación de excelencia provee un amplio rango de conocimientos, instrumentos y valores entre los que escogerá aquellos que estime apropiados para su desarrollo y el de su comunidad.

El otro crítico factor para asegurar la sustentabilidad de los esfuerzos de inclusión social es que la población tenga acceso a un empleo digno o a una buena actividad productiva por cuenta propia. Este es el aspecto que abordaremos en las líneas que siguen.

La inclusión productiva

Acceder a un empleo digno implica obviamente que existan apropiados puestos de trabajo y, al mismo tiempo, disponer de la capacitación requerida para desempeñarse con efectividad. La oferta de puestos dignos de trabajo depende de la situación por la que atraviese el país y la localidad, particularmente de la existencia de cadenas de valor promisorias y bien conformadas. Es un campo donde la acción de inclusión social tiene relativamente poca incidencia excepto en lo que hace a capacitación y facilitar acceso a las oportunidades laborales (información, contactos, referencias).

Donde sí las políticas de inclusión pueden hacer una gran contribución es en el área de conformar o reforzar emprendimientos productivos en los que pueda integrarse un buen sector de las personas que emergen de una situación de pobreza e indigencia.

Esos emprendimientos productivos debieran hacer parte de sectores promisorios (no residuales) y operar con la efectividad necesaria para poder evolucionar en la economía local o nacional. Para ello, el principal desafío suele ser superar la muy pequeña escala típica de los sectores carenciados y situarse en un tamaño medio que permita (i) contar con áreas diferenciadas de gestión y (ii) acceder a un umbral superior de oportunidades.

Lograr esto no es sencillo pero es posible si se lo encara adecuadamente. Se necesita utilizar ingeniería organizativa que permita asociar en una unidad productiva a un conjunto de pequeños emprendedores hoy dispersos y a un socio estratégico que provea moderna gestión, apropiada tecnología, contactos con proveedores, acceso a mercados y a financiamiento. A estos dos actores debiera sumarse un tercero, el Directorio del emprendimiento, integrado por personas que faciliten una buena marcha y aseguren un equitativo reparto de los resultados del proceso productivo entre pequeños productores, socio estratégico y reinversión de utilidades. Es lo que denominamos emprendimientos inclusivos.

En esta esfera podría concentrarse buena parte de los esfuerzos de profundización de la inclusión social. El desafío es cómo hacerlo. En general, los funcionarios de las áreas de desarrollo social no suelen tener experiencia para identificar oportunidades económicas que sirvan a familias en situación de pobreza y, lo más importante, para asistir luego en el montaje o fortalecimiento de emprendimientos productivos inclusivos. Sin embargo, ese personal tiene una extensa experiencia y conocimiento de las comunidades, sabe de sus necesidades y potencialidades, ha labrado relaciones de confianza y comprende los códigos de conducta y los anhelos de las poblaciones con las que trabajan; son críticos activos que no se improvisan. Con ese sustento es posible conformar pequeñas unidades focalizadas en desarrollar emprendimientos inclusivos que llamamos desarrolladoras de emprendimientos inclusivos [[Ver su caracterización en el artículo [Desarrolladoras de emprendimientos inclusivos,->http://opinionsur.org.ar/wp/desarrolladoras-de-emprendimientos-inclusivos/?var_recherche=desarrolladora Opinión Sur, diciembre 2009]], conformadas por equipos que combinan experiencia social y productiva.

He aquí un área estratégica para movilizar el protagonismo productivo de poblaciones en situación de pobreza donde el gobierno local, provincial y nacional puede convocar a otros actores (comunidad científica y tecnológica, organizaciones territoriales y de desarrollo, asociaciones empresariales y sindicales, entre otras) para profundizar y agregar sustentabilidad al proceso de inclusión social.

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