Pésimos liderazgos

Aunque en esta época algunas democracias han escogido pésimos liderazgos, es penoso admitir que la imposición de liderazgos que no representan al pueblo, que además son canallas, embaucadores y, con frecuencia, mediocres, han existido desde los albores de la humanidad. A veces los calificamos como impresentables pero el daño que son capaces de causar al país, al mundo y al planeta es espantosamente enorme. ¿Cómo aparecen y se mantienen estos personajes? No son pocos los mecanismos utilizados para imponer impostados liderazgos pero un factor que sobresale es el rol de las elites, de los grupos que detentan el poder económico y comunicacional. Con ese poder logran incidir fuertemente en la elección de los liderazgos, incluyendo los políticos, mediáticos y judiciales.

Si bien las elites son diversas, diferentes según los tiempos y las latitudes, todas operan para sostener sus prebendas y privilegios, es decir, el sustento de su poder. Como sus intereses son minoritarios no pueden defenderse abiertamente, necesitan inventar enemigos que supuestamente atentan contra las mayorías que ellos protegen. De esta forma desvían odios, rencores, frustraciones que de otro modo se volcarían sobre las propias elites. Al accionar para imponer liderazgos cómplices, los financian, les facilitan permanente cobertura de medios y les aseguran impunidad judicial si algunas de sus fechorías fuesen descubiertas.

Así como enuncia el conocido dicho “dime con quién andas y te diré quién eres”, podría elaborarse otro equivalente que señale “dime cómo son las elites que te someten y te diré el tipo de liderazgo que tendrás”.

Los artículos de este número de Opinión Sur, cada uno en su especificidad, encaran este crítico aspecto de la realidad contemporánea.

Cordial saludo,

Los Editores

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *