Permanente concentración con pausas redistributivas

El poder económico y decisional está concentrado cada vez en menos manos; es un proceso que parece imparable. Sin embargo, de tanto en tanto reacciones sociales amenazan desbarrancar la continua concentración. Para evitar ese desenlace, se toleran ciertas pausas redistributivas. En ellas el poder concentrado no detiene su marcha ya que no pierde su patrimonio de activos e influencias sino recortes en sus ingresos;  mantiene su capacidad de moldear el funcionamiento global y de cada país. De ahí que en las pausas redistributivas resulte crítico desmontar con firmeza los motores que impulsan la concentración.

Hoy 26 personas poseen igual riqueza que el 50% más pobre de la población mundial: 3,800 millones de personas. Si se agregan los otros multimillonarios y después los simples millonarios, más todo lo ocultado a las estadísticas disponibles, estaremos en ese fatídico 1% de las personas que se han apoderado de la casi totalidad de la riqueza mundial. Algo inaudito e inaceptable. Se trata de una apropiación del esfuerzo de miles de millones de seres que son castigados con infinitas penurias materiales, culturales y espirituales. Prima indignidad por doquier, tremenda crueldad social, destrucción sanguinaria del planeta, mientras los tunantes rebuznan en sus privilegios.

¿Cómo ha ocurrido esta deshumanización? ¿Quiénes la impulsan? ¿Se creen dueños del mundo? ¿Puede pensarse que han conformado sus enormes patrimonios y correspondiente influencia con el sudor de su frente? Imposible acumular tamaños recursos sin apropiarse de lo producido por el 99% de los habitantes del mundo, la inmensa desamparada mayoría de la humanidad.

La desaforada concentración de riqueza y del poder decisional sigue destrozando el ambiente, fragmentando sociedades, acorralando solidaridades sin cuidar del hermano caído o excluido, asfixiando la economía real y el mercado interno de casi todos los países, silenciando las voces que proponen otros rumbos y mejores formas de funcionar. Estas cuestiones son denunciadas  alertando que llevan a callejones sin salida que incluso amenazan la continuidad del proceso concentrador. Recurrente inestabilidad económica, duras reacciones sociales a privilegios que contrastan con sus condiciones de vida, un caos ambiental que compromete la sustentabilidad planetaria, son factores que, cuando se acerca el abismo, dan pie a ciertas aperturas políticas. Emergen gobiernos de base popular que apuntan a transformaciones redistributivas, algunos de corte renovador, otros restauradores de épocas perdidas.

Estos procesos surgidos en medio de graves turbulencias y múltiples necesidades e intereses, no suelen estar en condiciones de revertir las causas de la concentración. Aunque bienvenidos, su esforzado accionar sólo logra establecer pausas redistributivas, valiosas de por si aunque no sustentables. Es que el orden concentrador no cede graciosamente su poder sino lo preserva a través de trincheras mediáticas, judiciales y políticas que fueron estableciendo durante sus años de preeminencia. De este modo, cuando retroceden en el control del Estado, sostienen con sus recursos e influencias el accionar de sus cómplices y amanuenses que traban toda reforma significativa. Saben desestabilizar a los nuevos gobiernos de base popular que, si son efectivos, logran limar los más crueles efectos del proceso concentrador aunque, no debiera sorprender, con ello involuntariamente evitan su colapso y extienden su espacio de reproducción.

Es positiva la redistribución de ingresos pero, sin redistribuir riqueza e influencias desmontando los motores que sostienen la concentración, tarde o temprano la virulencia destructiva retomará el ritmo que hoy prima en el mundo. Ofrezcamos algunas explicaciones de las varias a tener en cuenta.

Por de pronto, si se mantuviesen intactos los mecanismos que alimentan la concentración, es decir, si los patrimonios y el poder decisional de los grupos concentrados siguiesen creciendo aunque sea a menor ritmo por la redistribución de ingresos que le es impuesta, la amenaza de retorno se convertirá en realidad. Su capacidad de cooptar o comprar voluntades quedaría en pie, mientras los gobiernos transformadores se desgastan en los desfavorables avatares que han heredado y las múltiples trabas que les son impuestas.

Además, quienes más lucran cuando los gobiernos de base popular logran reactivar el mercado interno son los grandes actores económicos que, con su poder oligopólico que seguirá intacto, pueden seguir practicando abusos de mercado.

Así, ciclo tras ciclo el poder concentrado sigue reforzándose mientras la humanidad respira el alivio que brinda la pausa redistributiva y tiende a bajar sus defensas. El propósito dominador permanece firme más allá que se utilicen más sutiles modalidades de sometimiento. Décadas atrás primaba la represión abierta, golpes de estado encabezados por militares o imponiendo gobiernos o reinos autocráticos. Hoy se practican los “golpes blandos” donde la represión existe pero para cuando no sea suficiente el accionar mafioso de sectores de la justicia, los medios y la política coaligados para colonizar mentes y formatear subjetividades.

Hacia donde rumbear

Transformar el presente modelo hegemónico concentrador no requiere de parches por más bien intencionados que fueren. Son tan fuertes y permanentes las fuerzas a enfrentar que habrá que focalizarse en desmontar sus bases de sustentación. Esto implica plantear otro rumbo y forma de funcionar. Hay un trabajo enorme hacia adelante para transformar instituciones establecidas para mantener contenidas a las castigadas mayorías, por otras que promuevan y sostengan un país para todos. No se trata de barrer indiscriminadamente lo existente sino que vale preservar o mejorar aquello que sirva al bienestar colectivo y el cuidado del planeta. Pero está claro que también habrá que generar nuevas e innovadoras instituciones que oficien de columna vertebral de un nuevo orden social. Habrá mucho por innovar en economía, educación, salud, justicia, medios de comunicación, representación democrática, la política.

En lo socioeconómico un aspecto clave en las pausas redistributivas es cómo utilizar los recursos que quedan disponibles para ser reasignados. Obviamente que una parte tendrá que asignarse a cubrir necesidades básicas de sectores populares que son impostergables (como alimentación, salud, alojamiento digno, saneamiento ambiental, entre tantas otras).

Otra parte de los recursos a distribuir debiera asignarse en apoyo a transformaciones de fondo, es decir acompañar cambios que se propongan a nivel de regular los movimientos de capitales y su permanente fuga a otros países o a guaridas fiscales, la evasión tributaria de grandes corporaciones y familias acaudaladas, el establecimiento de estructuras tributarias progresivas, la asignación responsable del gasto público, el control de los factores que generan inflación, no más sobre endeudamiento soberano, establecer otra estructura productiva que incluya sobre bases de justicia y equidad a toda la población que desee trabajar. Estos y otros críticos temas fueron cubiertos en artículos anteriores; aquí sólo destacamos ciertos temas productivos que adquieren mayor relevancia en el contexto de pausas redistributivas.

  • Uno refiere a transformar la matriz productiva y el funcionamiento de las cadenas de valor. Habrá que apartarse de la economía convencional para poder transformar la matriz productiva de un país. No faltan instrumentos; están los ya conocidos que habrá que reformatear para encarar este desafío con políticas activas en materia fiscal y crediticia; también otros menos utilizados como refuerzos de capital para impulsar actividades intensivas en trabajo y de baja intensidad importadora. Es que para asegurar trayectorias transformadoras sustentables, habrá que evitar que la propia dinamización económica no lleve a una más de las recurrentes crisis de sector externo que condiciona duramente nuestro desarrollo.
  • Un segundo tema a destacar hace al funcionamiento de las cadenas de valor. Hoy esas tramas productivas permiten una enorme diferencia de capitalización entre las empresas que lideran las cadenas de valor y el resto de participantes sin los cuales la producción no podría materializarse. Está claro que al interior de las cadenas los más poderosos se apropian del mayor valor producido. Para evitarlo, es necesario establecer espacios de negociación de precios y condiciones de comercialización al interior de las cadenas, alterando la desigual correlación de fuerzas. Hay bastante trabajado en este novedoso campo; Opinión Sur ha sumado una propuesta.
  • Un tercer tema de estratégica importancia refiere a promover la emergencia de nuevos tipos de actores económicos que se sumen con plena capacidad al aparato productivo existente. Son emprendimientos de tamaño medio, capaces de incluir en su seno amplios sectores populares hoy dispersos, desempleados o trabajando en nichos nada promisorios en cuanto a ingresos presentes y posibilidad de crecer con el tiempo. Aquí se incluyen franquicias populares, sistemas comunitarios de acopio y transporte, agroindustrias locomotoras, cooperativas de segundo grado y holdings de cooperativas (tercer grado), centrales de servicios, comercializadoras comunitarias, supermercados de productores, entre tantas otras. Además de su capacidad productiva, estos nuevos actores serán portadores de valores solidarios al interior del propio emprendimiento, con el conjunto de otros actores semejantes y con las comunidades en las que se desenvuelven. Existe una variedad de formas de promoverlos y asistirlos, entre ellas la propuesta de establecer desarrolladoras y fideicomisos especializados en este tipo de emprendimientos inclusivos.

Un anhelo casi universal

Para desmontar el proceso concentrador y partir hacia nuevos rumbos y formas de funcionar ¿será necesaria una dramática explosión social que aniquile a los 26 ultra ricos? No soluciona porque aparecerán otros 26. Es la dinámica concentradora la que debe ser desmontada, de lo contrario terminarán siendo fútiles los valiosos esfuerzos que miles de millones de personas de buena y regular voluntad están realizando en pro del bienestar general y el cuidado ambiental.

Vale explicitar que transformar por medios pacíficos y democráticos el proceso concentrador es un enorme pero factible esfuerzo colectivo de naturaleza esencialmente política en su más alta, efectiva y solidaria acepción. No falta talento, tecnología ni recursos para sostener esa travesía de justicia y equidad pero será necesario combinar una firme y esclarecida determinación, buen esfuerzo organizativo, formar millones de cuadros militantes por un nuevo orden, local primero y global en cuanto sea posible. Es este un anhelo casi universal que ha estado presente desde los albores de la humanidad. Para bien de todos y del planeta ojala ese anhelo se mantenga firme en las generaciones presentes y pueda motivar a las que seguirán.

Si te interesó este texto puedes suscribirte completando el formulario que aparece en este página para recibir una vez al mes un  breve resumen de la edición en español de Opinión Sur

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *