¿OPOSICION O COMPOSICION?

En la vida en sociedad, la polarización de la que hoy tanto se habla no está en un irreducible contraste de posiciones ideológicas, sino en la manera patológica  de negociar y administrar diferencias.  La polarización es una perversión formal que destruye la convivencia.

Roland Barthes, cuyos cursos yo seguía allá por 1978 en el Collège de France, fue un profeta de la ambigüedad.  Sus cursos, que daba todos los sábados a la mañana, consistían en una serie de lecciones sobre variadas sutilezas, por ejemplo la relación entre la pintura y la comida en la cultura japonesa, la importancia del silencio, la visión contenida en un haiku, o una epifanía que puede suceder a la vuelta de una esquina, tal como sin saberlo y mucho antes, le sucedía a Celedonio Fernández en Buenos Aires. 

Conservo todavía mis notas tomadas en clase.  Uno de sus primeros cursos se titulaba “Cómo vivir juntos.” Eran clases magistrales, pero sin matrícula ni calificaciones.  Uno asistía simplemente para escuchar y aprender, rodeado de todo tipo de personas.  Recuerdo por ejemplo escuchar a Barthes en una sala abarrotada, con un clochard a mi izquierda y Jean (“Bill”) Baudrillard a mi derecha, y los tres sentados en el piso.  La voz de Barthes (le grain de sa voix) era lenta, clara, y arrulladora[1].  Se guiaba con unas tarjetas de notas que llevaba en el bolsillo.  Barthes pertenecía a una raza hoy desaparecida de grandes pensadores con destellos de genialidad y un carisma enorme pero suave y tranquilo. 

Estaba yo en el Paris del paréntesis cultural ubicado entre la rebelión de 1968 y la frivolidad posmoderna de los 80—una era fenecida, muy anterior el cretinismo internético de los tiempos actuales.  Imagino que algo similar deben haber sido las lecciones de Georg Simmel en Berlín antes de la Gran Guerra.  También las suyas eran  palabras sabias de un gran seductor.  Pero de todas sus charlas de aquellos años, la que mas me impactó fue una lección, en primavera, que Barthes intituló “déjouer le paradigme.” Era parte de su curso sobre el deseo de lo neutro.  Para Barthes, el paradigma  es cualquier oposición tajante y binaria sin apelación a un tercero, sin el tercer jugador (tertius gaudens) del que hablaba Simmel[2]

Para entender a Barthes hay que referirse aunque sea un poquito, a su lingüística estructural.  De acuerdo con esa lingüística, la base de todo lenguaje es el código binario que hoy usan las computadoras: 0-1.  Allí no hay lugar a un tercero.  El lenguaje  se desarrolla como un árbol algorítmico de oposiciones sucesivas, o, en el lenguaje de Borges, como un jardín de senderos que se bifurcan.  Para Barthes, esa matriz es represiva.  En palabras del propio Barthes, la lengua no es ni de derecha ni de izquierda, ni conservadora ni progresista, es simplemente fascista porque obliga a tomar decisiones tajantes para poder hablar.[3]  Nuestra era es fascista, diría Barthes, no por suscribir a una u otra ideología, sino por transformar cualquier tema en una polarización, con la obligación de elegir en forma perentoria. 

Tout est dans la manière, se dice en francés, y la manera de nuestra época es la oposición maniquea entre el bien y el mal, entre el yo y el otro, entre mi tribu y la de enfrente.  En cambio la función, o mejor, la misión, de la escritura literaria es desconcertar o burlar esa oposición, proponiendo complicaciones, negaciones, desviaciones, divagaciones.  Para Barthes, la escritura aspira a superar el fascismo de la lengua.  Al tajante conminar de la interrogación policial “¡Conteste: Ud. es esto o aquello!” la respuesta literaria es “ni esto ni aquello,” o “tanto esto como aquello, y ninguno de los dos.”  El deseo literario no es una búsqueda de identidad (que hoy se ha vuelto desesperada y rayana en el terrorismo:  ‘existo porque mato y porque estallo’), sino el placer de la indefinición: le désir du neutre

Déjouer le paradigme, insistía Barthes, entre una y otra bocanada de humo (horror de horrores: en mi época se fumaba en clase).  La traducción aproximada sería “frustrar, impedir, o deshacer  el paradigma,”  pero que yo prefiero traducir como “burlar las dicotomías.”  Otra traducción podría ser “desconcertar la oposición.”

En materia política, la oposición paradigmática entre amigo y enemigo fue formulada en el siglo 20 primero por la extrema derecha, en un libro publicado en 1932 por el jurista y mas tarde entusiasta suscriptor del nazismo Carl Schmitt, bajo el título El concepto de lo político (Begriff des Politischen)[4].  Sin embargo, la extrema izquierda no tardó en apropiar a su manera la misma distinción.  En el caso particular de la desafortunada república de Weimar, esos dos extremos se unieron contra el centro en una perversa mayoría de los opuestos, e hicieron caer el sistema democrático. 

La democracia moderna (hoy nuevamente en franco retroceso) se ha basado justamente en “frustrar el paradigma” a través de dos procedimientos: el compromiso inter-partidario y la alternancia regular en el poder.  Tal sistema se deshace cuando uno de los partidos monopoliza el dominio y pretende eternizarse en el poder.  Como “no hay mal que dure cien años” los sistemas de partido único eventualmente se agotan o bien en el desorden o bien en el paso abrupto al otro extremo.  Surge entonces una alternancia perversa, de tipo pendular, entre dos polos extremos.  En estos tiempos, América Latina está sufriendo esta alternancia bipolar, entre un cuasi o seudo socialismo popular y un régimen de derecha extremo pero también con visos populistas o seudo-populistas.[5]  Ambos usan el sistema democrático como medio y no como fin, es decir, como un andamio para llegar al monopolio del poder –pero no lo logran. 

Desde un punto de vista geopolítico, tal oscilación pendular retrasa el desarrollo y favorece los rasgos negativos de uno y otro polo.  A mediano y largo plazo la oscilación debilita la soberanía nacional y regional, a pesar de la pretensión de cada uno de los bandos de hacer lo contrario. En cambio, un sistema democrático de alternancia y compromiso no asegura, pero si favorece, no sólo el desarrollo económico[6], sino también el desarrollo de la convivencia civil.

Un primer paso importante para recuperar esa convivencia civil y desarmar la tendencia maniquea es estimular el diálogo y la discusión de distintas propuestas sociales cara a cara, en foros de interacción real y no virtual. 

Los mal llamados “medios o redes sociales” destruyen la sociabilidad y favorecen la irresponsabilidad, aquélla de poder “tirar la piedra y esconder la mano.”  Al fragmentar la sociedad en mónadas estrictamente irresponsables, las redes no eliminan a la convivencia (tarea imposible) sino que la crispan  e irritan y así producen otra sumatoria, que  hoy podemos presenciar y soportar en el comportamiento en lugares públicos y también en otros espacios menos públicos (ex privados), hoy disminuidos y envilecidos por la injerencia mediática: en el automóvil, en el dormitorio, en el ascensor, en una tienda, en los aeropuertos, y en mil otros espacios que hoy se acercan peligrosamente a la antítesis de la convivencia en una especie de ausencia compartida. 

La mejor cotidianidad es el diálogo, el juego interpersonal, y la colaboración por equipo en el trabajo. Las mejores vacaciones son aquéllas con silencio del celular y ausencia de pantallas.  ¿Quién sabe?, a lo mejor aprenderemos otra vez a pensar, y a abandonar el ser (egoísta, identitario y manipulador) a favor del estar con los demás y enel medio ambiente).[7]


[1] Hoy gracias al YouTube la podemos escuchar: https://www.youtube.com/watch?v=dQUIwoik8vY

[2] http://cisolog.com/sociologia/el-conflicto-sociologia-del-antagonismo/

[3] « La langue, comme performance de tout langage, n’est ni réactionnaire ni progressiste ; elle est tout simplement fasciste ; car le fascisme, ce n’est pas d’empêcher de dire, c’est d’obliger à dire. » http://rhuthmos.eu/IMG/article_PDF/Roland-Barthes-Leon-inaugurale-au_a1346.pdf

[4] https://crucecontemporaneo.files.wordpress.com/2015/02/carl-schmitt-el-concepto-de-lo-politico.pdf

[5] El populismo, de uno u otro signo, es en realidad una máscara que disfraza otras carencias.

[6] Como sostengo en mi libro Strategic Impasse (2018), también en material económica es posible lograr compromisos y mezclas sostenibles de capitalismo y socialismo.

[7] Para una aproximación educativa de esta propuesta ver la presentación de la filosofía de Martin Buber, en su librito poético Yo y Tuhttps://www.youtube.com/watch?v=bbewaNDhGBY.  Otra presentación se encuentra en https://www.youtube.com/watch?v=R3P_J_k3yCU

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