No más concentración de la riqueza y el poder decisional

¿Será eterno el desaforado proceso contemporáneo de concentración de la riqueza y el consecuente poder de decidir la marcha global y de cada país? Hay quienes afirman que ese proceso está para quedarse, tal como lo creían aquellas minorías que impusieron imperios y dictaduras. Olvidan que la historia demuestra la caída y desaparición de prácticamente todos los sistemas que se creyeron permanentes. Tal pudiera ser el destino de esta destructiva fase de salvaje capitalismo financiero.

Lo que está por verse es si el presente sistema no resistirá una acumulación de fuerzas sociales que forzarán su transformación o, en cambio, si las propias fuerzas centrípetas que sustentan la concentración terminarán asfixiando y tornando inviable la reproducción del sistema. Lo más probable es que ambas vertientes converjan para precipitar el quiebre del orden predominante. Pero alerta, la experiencia también enseña que lejos de fatalismos o voluntarismos, lo nuevo no nace de ingenuidades ni llega regalado. Surge en cambio de una diversidad de tensiones y pugnas que los más audaces logran encauzar hacia el tipo de construcción social y política que persiguen. Es así que las nuevas sociedades podrían apuntar hacia el bienestar general y el cuidado ambiental pero, cuidado, también nuevas poderosas minorías podrían establecer la predominancia de sus propios sectarios intereses.

Lejos de desalentar, esta perspectiva llama a avanzar con una renovada determinación sostenida en un creciente nivel de esclarecimiento y organización social. A ese esfuerzo nos sumamos.

Cordial saludo,

 

Los Editores

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