Ni Una Menos

El movimiento Ni Una Menos surge en Argentina en 2015 en protesta frente a la violencia contra las mujeres. Ese año, hubo especial cobertura mediática de varios asesinatos de mujeres; penetró en la opinión pública no especializada el debate sobre femicidio para describir aquellas muertes violentas de mujeres en el ámbito privado que hasta ese momento recibían la calificación de crimen pasional.

La exposición mediática, la descripción minuciosa, truculenta, morbosa de femicidios ha actuado en varias dimensiones. Primero, ha resultado ser un lamentable estímulo para la reproducción de acciones similares[1], por el ansia de ser reconocido y aparecer en los medios. Segundo, la reseña repetitiva y frecuente de los femicidios brinda una aparente validación de no ser un caso aislado sino considerarse uno más de un fenómeno más extendido y aceptado, la naturalización de la violencia[2]. Asimismo, la revictimización de mujeres buscando la exculpación o atenuación del acto violento del varón debido a la ropa que llevaba puesta, la hora y/o lugar dónde se encontraba, si le gustaba salir de noche, como si cualquiera de esas características pudieran actuar como justificativo del acto violento. Cuarto, en muchos femicidios se explicitó un patrón con fuerte raigambre sistémica en la estructura patriarcal de la sociedad: la cosificación de las mujeres como propiedad indiscutida y de libre disponibilidad para los varones, máxime cuando hubiese algún vínculo afectivo (noviazgo, matrimonio). La caracterización de estos crímenes como pasionales les da un aura de romanticismo que supone una ceguera y expiación del carácter violento del crimen. Muchos femicidios se dan cuando la mujer dice que no, que no quiere seguir la relación afectiva, que no quiere quedarse encerrada en el ámbito doméstico y quiere salir a trabajar, estudiar, socializar con otras personas, cuando luego de separarse reclama parte de los bienes y/o la tenencia de les hijo/as.

El catalizador para la conformación del movimiento Ni Una Menos fue la noticia del femicidio de Chiara Pérez, 14 años, embarazada, asesinada por su novio en Rufino, Santa Fe y la publicación de un tuit de la periodista Marcela Ojeda al día siguiente (11/05/2015) que decía: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales … mujeres, todas bah … ¿no vamos a levantar la voz? NOS ESTÁN MATANDO.” A este tuit siguieron varios, mujeres periodistas, comunicadoras, artistas. Por la amplia difusión en redes sociales y el apoyo de varias personalidades de la política, artes y comunicación, se logra la movilización de 250.000-300.000 personas en Capital y la réplica de convocatorias similares en 120 puntos del resto del país.

El Colectivo en su sitio de internet reconoce como antecedentes las tres décadas de Encuentros Nacionales de Mujeres, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, los movimientos LGBTIQ y demás grupos de mujeres que se juntaron y organizaron para defender sus derechos (sindicalistas, piqueteras, indígenas, afrodescendientes).

Ni Una Menos comenzó organizado por un grupo de mujeres periodistas y comunicadoras y se expandió para englobar a varios colectivos de mujeres e individuos sin participación formal tradicional. Tiene un sitio de internet (niunamenos.org.ar) y usa las redes sociales para postear consignas, proclamas, declaraciones. Se presenta como “colectivo que reúne a un conjunto de voluntades feministas, pero también es un lema y un movimiento social plural y heterogéneo[3]”. María Galindo dice: “Ni Una Menos no es un movimiento es una movilización. No tiene dueñas ni artífices. No es tampoco un hongo espontáneo, es una rebelión protagonizada por mujeres desde abajo[4].” En palabras de Cecilia Palmeiro, una de las organizadoras: “El grupo es así, no hay ninguna estructura, es una consigna que la gente se apropia. Cualquiera dice que es y deviene Ni Una Menos, es una cosa apropiable y eso es lo mejor de todo. Ni Una Menos no es sólo nuestro colectivo, es una movida como Anonymous. Son modos de acción de la era digital[5].” Hay una red de militantes en todo el país que se relaciona a través de las redes sociales, convoca así a acciones, particularmente movilizaciones en las principales plazas del país para los 8 de marzo, 3 de junio y 19 de octubre. “Nuestra metodología es asamblearia, y en esa búsqueda produce horizontalidad, transversalidad e interseccionalidad. Nuestra palabra se amplifica en el anonimato y en la proliferación del nombre colectivo[6].”

Ni Una Menos se ha manifestado públicamente en lo discursivo con declaraciones y poniendo el cuerpo en las calles de varias plazas de Argentina; con réplicas, inspiraciones y asociaciones con otros colectivos de mujeres y disidencias en otros países. Ni una menos apoya las movilizaciones del 8 de marzo, paros de mujeres, reclamos por Santiago Maldonado muerto por la represión de Gendarmería, movilizaciones de organizaciones sindicales, a favor de apostasías masivas y separación efectiva de iglesia(s) y Estado, Encuentros Nacionales de Mujeres. La agenda de reclamos y tareas de concientización ha dejado cada vez más el ámbito de lo privado, ha destacado su carácter político e instalado firmemente en lo público.

La consigna que dio origen y nombre al movimiento en 2015 fue inspirada en el poema que escribió Susana Chávez en 1995 sobre los femicidios en Ciudad Juárez “Ni una muerta más”, ella misma fue víctima de femicidio[7]. Las demandas originales incluían implementar con asignación presupuestaria la ley de violencia contra las mujeres de 2009[8], elaborar y difundir estadísticas oficiales sobre violencia hacia las mujeres[9], establecer Oficinas de Violencia Doméstica de la Corte Suprema en las provincias, monitoreo electrónico de victimarios para hacer efectivas las órdenes de restricción para proteger a sus víctimas[10], garantizar el acceso a la justicia de víctimas con patrocinio gratuito, crear hogares-refugio, implementar la Educación Sexual Integral con perspectiva de género, capacitar sobre violencia machista al personal del Estado.

Desde entonces diversas movilizaciones ampliaron las consignas. Con el lema “Ni una menos, vivas nos queremos, íntegras, autónomas y soberanas” en 2016 se repudió el encarcelamiento de Belén cuando llegó al hospital con un aborto espontáneo; la represión policial acontecida en el Encuentro Nacional de Mujeres de octubre de 2015, el travesticidio de la dirigente Diana Sacayán, el desguace por el gobierno neoliberal de los programas de Educación Sexual Integral y de protección a víctimas de violencia de género, el escandaloso achique de programas públicos cuyas principales perjudicadas son las mujeres, la revancha misógina y machista implícita en el encarcelamiento de la presa política Milagro Sala.

En 2017, la consigna es cada vez más política y cuestionadora de la (in)acción estatal: “Basta de femicidios, el Estado es responsable” y “vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Se reclamó por la liberación de Milagro Sala, otros once presos políticos de Túpac Amaru y por Higui Dejesús, detenida por defenderse de una violación presentada como “correctiva” de su lesbianismo. Se manifestó contra la deuda externa contraída con el FMI y a favor de la despenalización del aborto. “Por las desaparecidas en las redes de trata, con amplias complicidades de agentes del Estado. Por el Estado policial y los femicidios con armas reglamentarias, porque las respuestas fáciles de “más cárcel, más penas” no sirven, llegan cuando estamos muertas y no hay políticas de prevención”. Se robustecen los reclamos contra situaciones de desigualdad y discriminación basadas en brecha de género: “Porque nuestras jornadas laborales son, en promedio, tres horas más largas que las de los varones; las tareas de cuidado y reproductivas caen sobre nuestras espaldas y no tienen valor en el mercado de trabajo. Porque las trabajadoras están expuestas al recorte de sus derechos, de sus salarios y sometidas a la amenaza del desempleo y al disciplinamiento de la productividad. Porque la desocupación crece dos puntos cuando se habla de mujeres, porque la brecha salarial es, en promedio, de un 27 por ciento.”

En 2018, la consigna es “Sin aborto legal no hay Ni una menos. No al pacto con el FMI”. Las demandas se instalan en la esfera socioeconómica, contra las políticas de ajuste, los despidos masivos, “Desendeudadas Nos Queremos ante la expropiación de nuestro tiempo y trabajo por el disciplinamiento financiero”. Los travesticidios adquirieron visibilidad, sobre todo con la difusión de la esperanza de vida de las personas trans que no llega a los 36 años en países cuya expectativa para la población general supera los 70 años. Se denunció las políticas de racismo institucional contra migrantes y siguieron los reclamos de implementar la Educación Sexual Integral en escuelas. “Se hace oír el Ni Una Menos por aborto clandestino. Ni Una Menos se dice contra el femicidio territorial en América Latina a manos de fuerzas represivas estatales y para-estatales”.

Para 2019 quedó claro el encuadramiento sistémico con la consigna “Ni Una Menos por violencias sexistas, económicas, racistas, clasistas a las identidades vulneradas. Aborto legal ya y abajo el ajuste del gobierno y el FMI”. A medida que se fue extendiendo y profundizando la agenda del movimiento basada en una perspectiva sistémica, Ni una Menos adquirió más fuerza, permanencia y visibilidad. Permitió articular acciones con mayor número y diversidad de movimientos, actores sociales y políticos, nacionales e internacionales. Más que reclamos puntuales, individuales, se politizó la agenda cuestionando el sustento de la estructura patriarcal-machista-colonizante que prima en nuestras sociedades. No sólo se reclaman leyes y derechos sino además formas alternativas de movilización y de hacer política articulada, recuperando comunidad y sororidad. La conciencia está puesta en protegernos contra el sometimiento de mentes, el formateo de subjetividades, la cooptación de voluntades como este sistema de explotación, que se reinventa sin cesar, nos tiene acostumbradas.


[1] . Te voy a quemar como a Wanda Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata, https://perio.unlp.edu.ar/node/901.

[2] . “El sufrimiento y la agresión impuestos al cuerpo de las mujeres, así como la espectacularización, banalización y naturalización de la violencia … crueldad misógina … es la pedagogía que habitúa a las masas a convivir con el arbitrio, con el margen agramatical de la vida humana, con el carácter finalmente ficcional de las instituciones.” Rita Segato, La guerra contra las mujeres. Traficantes de sueños, 2016, pp. 102-103.

[3] . Carta Orgánica en http://niunamenos.org.ar

[4] . María Galindo, Ni una Menos argentina: la rebelión de las mujeres de abajo, Mujeres Creando, Bolivia, 5 de marzo 2017.

[5] . Citado por Romina Accossatto y Mariana Sendra en Movimientos feministas en la era digital. Las estrategias comunicacionales del movimiento Ni Una Menos. Revista de Ciencias Humanas, Teoría Social y Pensamiento Crítico, Año 6 N° 8, agosto-diciembre 2018, pp. 117-136.

[6] . Amistad, policía e inteligencia colectiva. Documentos y manifiestos 2015/2018. Ni Una Menos. Diciembre 2018, p. 4.

[7] . Carmela Torres, “Susana Chávez, un origen de #NiUnaMenos”, La Izquierda Diario, 3 de junio de 2018.

[8] . Ley 26.485 Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.

[9] . Las estadísticas sobre femicidios que se manejaban hasta ese momento provenían del Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Marisel Zambrano de la ONG La Casa del Encuentro, creado en 2009 a raíz del femicidio de Marisel, de 29 años, por su marido José Manuel Zerda por medio de golpes, patadas y abandonando su cuerpo en la cama junto a la beba de ambos de 9 meses.

[10] . Muchas víctimas de femicidios son mujeres que en reiteradas oportunidades han realizado denuncias ante la policía, usualmente desestimadas como “problemas conyugales” que se resolverán solos y ante otras reparticiones del Estado e incluso varios casos mueren a manos de aquellos que fueron denunciados y reconocidos como atacantes en ocasiones previas, violando las ordenes de restricción para proteger a la víctima con complicidad y/o negligencia de los encargados de velar por el cumplimiento efectivo de las penas.

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