Misericordia y entendimiento

La misericordia se fortalece con el entendimiento de como nacen y se desarrollan los procesos que generan y reproducen las situaciones carenciales. Así, la misericordia se presentaría en dos dimensiones igualmente valiosas; una de cuidado y atención directa a necesitados y otra de trabajar para remover las causas que generan la situación en que ellos se encuentran. Entrelazados, misericordia y entendimiento pueden generar una tremenda sinergía transformadora.Que mentes y corazones expresen misericordia mejoraría enormemente las relaciones humanas y lo creado por ellas. La misericordia puede ser enseñada y alentada con la prédica y el ejemplo de referentes sociales, políticos y religiosos; también de las personas y familiares que nos rodean. En última instancia, brota en nuestro interior a partir de la reflexión, la introspección o de una inspiración profunda que fluye desde muy diversas raíces.

Se define la misericordia como la disposición a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos. Se manifiesta como un sentimiento de pena o compasión por los que sufren, que impulsa a ayudarles o aliviarles. Es tener un corazón solidario con aquéllos que tienen necesidad.

Al practicar y sentir misericordia ante el sufrimiento de otros seres emerge como afrenta la inadmisible pobreza e indigencia que aun azota a una enorme parte de la humanidad. No cabe en la realidad contemporánea que perdure la pobreza y peor aun la indigencia; existen los recursos y el conocimiento para acabar con la pobreza material de quienes la sufren y la espiritual de quienes la producen y reproducen.

Líderes sociales y religiosos, personas de buena voluntad, reafirman el llamado de ir al encuentro de los pobres y cubrir sus necesidades. En esa marcha la misericordia sincera, no los remedos de misericordia con que engañan cínicos e hipócritas, es de enorme ayuda porque crea un espacio crucial para llevar la disposición de eliminar la pobreza a todos los niveles del quehacer humano. Con ella se facilitan decisiones para cuidar al planeta y sus comunidades.

Es piadoso, generoso, humanitario mitigar la situación carencial de pobres e indigentes; es una acción que no admite dilaciones ni precondiciones y todo lo que pueda hacerse desde ese espacio de cuidado y amor hacia los demás no sólo vale ser impulsado sino que convoca a todos a involucrarnos. Sin embargo, la acción misericordiosa resulta insuficiente para resolver por sí sola las innumerables y graves situaciones carenciales.

La pobreza existe y se reproduce a través de los tiempos no como un hecho natural e inevitable sino como resultado del rumbo y la forma de funcionar que prevalece en cada fase histórica. Hay intereses cargados de codicia y egoísmo que en su desaforado afán de lucro generan la pobreza mientras que otros ofician de espectadores ante el dolor de los sufrientes. Para abatir la pobreza pesa fuerte un conjunto muy diverso de factores: desde cambiar valores y sentimientos hasta transformar el funcionamiento económico, pasando por lo que amordaza nuestra conciencia y asfixia la creatividad y determinación transformadora.

Si la desenfrenada codicia llegase algún día a desaparecer y el cuidado del prójimo estuviese internalizado en nuestro ser (utopía humanitaria), bien distinta sería la trayectoria del mundo. Lograrlo exige prédica y entendimiento. Sentir la injusticia, la inequidad, el ninguneo de los otros como males a doblegar es crítico; tan crítico como comprender por qué sucede lo que sucede y actuar en consecuencia.

Pobreza e indigencia son el resultado previsible y no inesperado de ciertos procesos económicos impuestos y sostenidos por poderosas minorías que detentan privilegios a costa de los demás. No es sencillo transformar dinámicas establecidas y consolidadas; quienes se favorecen con ellas cuentan con mecanismos institucionales (políticos, ideológicos, mediáticos, judiciales) para resistir transformaciones que afecten sus intereses.

Sin remover las causas que generan su existencia, la pobreza puede ser mitigada mas no resuelta con la acción misericordiosa. Existiendo los recursos y mecanismos necesarios para eliminar la pobreza, la misericordia necesita fortalecerse con el entendimiento de como nacen y se desarrollan los procesos que generan y reproducen la pobreza, para poder luego agregarle direccionalidad a las acciones que moviliza. La misericordia se presentaría entonces en dos dimensiones igualmente valiosas; una de cuidado y atención directa, urgente a necesitados y otra de trabajar para remover las causas que generan la situación en que se encuentran los necesitados.

Un importante eje de entendimiento pasa por comprender la estrecha relación que existe entre la existencia de pobreza y como se genera, distribuye y extrae valor, vale decir, el resultado del esfuerzo productivo [[[Artículo Diferenciar generación, redistribución y extracción de valor->http://opinionsur.org.ar/wp/diferenciar-generacion-redistribucion-y-extraccion-de-valor/. Según termine siendo esa ecuación socioeconómica estaremos en presencia de un proceso concentrador de la riqueza y los ingresos (con o sin crecimiento) o, alternativamente, podríamos transitar una trayectoria de desarrollo sustentable. Esto, por cierto, con las diferencias y singularidades que caracterizan toda situación y fase histórica.

Cuando el planeta entero se ve amenazado por la acción desaprensiva de quienes lo habitamos, cuando nuestras sociedades están quebradas por el privilegio de algunos a costa de los demás, cuando intereses espurios sostienen sistemas delictivos agravados, cuando la desorientación se encauza hacia el nihilismo y recurre a adicciones, cuando la justicia es injusta, la inequidad prima, la desigualdad gobierna, la corrupción enerva decisiones, cuando la política es desvalorizada intencionadamente, cuando los medios se tornan aliados del privilegio y la banalización de la vida, cuando educación y trabajo son desvalorizados, cuando nuestra propia significación existencial está en juego, cabe preguntarse sobre el rumbo que estamos siguiendo y si la organización social que nos hemos dado es la apropiada para esta marcha colectiva en este siglo XXI. Es aquí que la convergencia de misericordia y entendimiento se torna firme basamento para encarar nuevas búsquedas: un nuevo rumbo sistémico, solidario, responsable, justo, y una nueva forma de funcionar que vaya al encuentro de anhelos y necesidades; donde mecanismos sean tan sólo mecanismos y no objetivos en sí mismos. Así el mercado, la inversión, el ahorro, la competitividad, la tecnología, toda la macroeconomía, la mesoeconomía, la microeconomía, pasan a ser críticos mecanismos que es necesario conocer y bien utilizar para alinearlos con los nuevos rumbos y las formas de funcionar que adoptamos.

A pesar que el pensamiento hegemónico ha intentado uniformizar perspectivas, hay mucho escrito, pensado y debatido sobre nuevas opciones y otro tipo de trayectorias, lo que puede servir para ajustar el rumbo, transformar nuestras economías, eliminar trampas y hacer más plenas nuestras democracias, dando paso a un planeta sustentable y a países verdaderamente para todos [[Entre otros textos, [Un país para todos->http://opinionsur.org.ar/wp/un-pai%C2%ADs-para-todos-hacia-un-desarrollo-justo-y-vigoroso/, Colección Opinión Sur]] .

Misericordia y entendimiento, motivación y efectividad, llevan a elevar la mirada, a comprender dinámicas subyacentes, a erguirse por sobre desencuentros. Entrelazados misericordia y entendimiento pueden generar una tremenda sinergía transformadora que no es, nunca lo fue, patrimonio de elegidos ni de privilegiados; es un llamado que nos involucra a todos, un esfuerzo abierto a la participación de fuerzas sociales, religiosas, políticas y económicas.

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