Manipulación de expectativas y desarrollo económico

Las expectativas juegan un importante papel en cualquier proceso de desarrollo económico que son, en esencia, procesos abiertos: sus trayectorias y resultados no están predeterminados sino que dependen del accionar de múltiples grupos e individuos a su vez influidos por la información o desinformación que fluye sobre ellos. Estos procesos tienen diferentes grados de imprevisibilidad pero pueden ser encauzados hacia la dirección deseada a través de políticas públicas, incluyendo intervenciones para configurar expectativas que den sustento a las estrategias adoptadas.
Los procesos económicos suelen estar fuertemente influidos por las expectativas sobre lo que se supone podría suceder en el futuro mediato e inmediato [[Ver Ivarola, L., Marqués, G. and Weisman, D., (2013) [‘Expectations-based Processes – An Interventionist Account of Economic Practice: Putting the Direct Practice of Economics on the Agenda of Philosophy of Economics’->http://www.worldeconomicsassociation.org/files/journals/economicthought/WEA-ET-2-2-Ivarola-et-al.pdf).]. Economic Thought, 2.2, pp. 20-32.]]. La información –cierta o manipulada- que las personas reciben del contexto socioeconómico moldean sus expectativas sobre como evolucionarán aspectos críticos del desarrollo económico (local, nacional o global) y esas expectativas inciden, directa o indirectamente, sobre su conducta social, económica y política.

La ‘nube de expectativas”

La forma como se configuran las expectativas depende de una cantidad de variables, algunas propias de la acción del sector público y otras del accionar privado y de la sociedad civil, todo ello mediatizado por los medios de comunicación públicos y privados y el grado de esclarecimiento que tienen las personas sobre lo que acontece. El sector público genera expectativas con las políticas públicas que adopta y los resultados que emergen de su gestión, incluyendo la publicidad de los actos de gobierno y cómo logra destacar su importancia y significación para el desarrollo. El sector privado influye sobre las expectativas a través de las inversiones que realiza, la publicidad que despliega y los resultados que logra obtener. También contribuyen a moldear las expectativas asociaciones civiles, organizaciones de desarrollo, universidades y usinas de pensamiento estratégico. El conjunto de estas y otras intervenciones son las que configuran lo que venimos a denominar la “nube de expectativas” que envuelve al proceso de desarrollo condicionando logros y trayectoria.

La disputa por las expectativas (qué expectativas generar)

En toda sociedad coexisten muy diversos intereses, cada quien defendiendo los suyos. En la medida que unas expectativas favorecen y otras perjudican a los diferentes intereses, se genera una pugna por hacer prevalecer unas u otras. Los más avezados saben qué expectativas les conviene inducir y cuáles neutralizar de modo que utilizan el poder que disponen para procurar incidir sobre la configuración de la nube de expectativas.

Los actores que promueven procesos de transformación destacan aquello que genera condiciones para iniciar o profundizar transformaciones. Si sus mensajes son efectivos y los hechos les acompañan logran configurar un cuadro favorable de expectativas para con las iniciativas de transformación; si no lo logran tendrán que enfrentar crecientes dificultades para avanzar.

Por su parte, las fuerzas que buscan preservar o restaurar el status quo procuran conformar un cuadro de expectativas contrario a los intentos de transformación. Como el orden establecido favorece a ciertos sectores a expensas del resto de la sociedad, los intereses de los grupos privilegiados no pueden defenderse a campo abierto. De ahí que la estrategia que suelen utilizar para generar expectativas negativas respecto al proceso transformador, y al gobierno que lo lidera, pone fundamentalmente su foco sobre lo negativo que siempre existe en cualquier proceso. Con ello procuran desviar la atención de otras críticas cuestiones del desarrollo que entran en conflicto con sus propios intereses: la acelerada concentración económica y sus tremendos impactos sobre una creciente desigualdad social y la permanente reproducción de la pobreza. Para lograrlo cuentan con la complicidad del poderoso aparato comunicacional que controlan que, con mayor o menor éxito, procura suscitar constante miedo y frustración en la población magnificando hechos que en su justa proporción son de legítima preocupación social; tal el caso de la inseguridad, la corrupción o inconsistencias económicas como la inflación, fuga de capitales u ocasionales retraimientos del consumo y la inversión. Con ese accionar desvían el reclamo ciudadano hacia áreas de problemas que no amenazan el núcleo duro de sus intereses.

Entre esas dos grandes vertientes políticas (fuerzas sociales transformadoras y fuerzas restauradoras del status quo) existen actores con posiciones más eclécticas que también participan con sus propias ideas, convicciones y perspectivas en la disputa por configurar la nube de expectativas que condiciona la marcha del desarrollo económico.

Capacidad para implantar expectativas

La pugna por imponer una cierta nube de expectativas no se limita a identificar cuáles son las expectativas que conviene generar para defender los propios intereses; es además crítico proveerse de la capacidad para implantarlas en la población como opinión pública mayoritaria. Esto explica el afán por disponer de medios masivos de comunicación los que, en la mayoría de los países, atraviesan un proceso de muy peligrosa concentración. La población que es objeto de manipulación mediática no solo vota en procesos electorales (principal objetivo de la nube de expectativas que se procura generar) sino que también toma decisiones cotidianas de consumo, inversión, participación política y movilización social, lo cual incide en grado sumo sobre la trayectoria del desarrollo.

Las intervenciones para configurar y sostener una determinada nube de expectativas no se realizan una sola vez u ocasionalmente sino que, si buscan ser efectivas, necesitan ser constantes y perseverantes. Esto vale para quienes solo procuran defender sus propios intereses y privilegios como para las fuerzas sociales que pugnan por un desarrollo orientado al bienestar general y al cuidado ambiental. En general, las fuerzas defensoras del status quo disponen de suficiente tiempo y energía (no tienen responsabilidad de gestión), de los recursos (acumulados a partir de los privilegios que detentan) y de la complicidad de ciertos medios y sectores de la política, para sostener de forma indefinida su trabajo de configurar expectativas adversas al proceso transformador. Por su parte, si bien las fuerzas transformadoras que gobiernan un buen número de nuestros países disponen del aparato del Estado que controlan, deben dedicar sus mejores energías a gestionar procesos innovadores que reclaman constante atención y una enorme dosis de creatividad al no transitar caminos ya conocidos. Esto hace que, con frecuencia, no logren contrarrestar la efectividad del trabajo opositor por configurar una nube adversa de expectativas, lo cual es muy grave porque sin una permanente preocupación e intervención comunicacional se arriesga a que la mejor de las intenciones transformadoras pueda quedar asfixiada o acorralada a mitad de camino.

Las formas que se suelen utilizar para incidir en la configuración de expectativas con frecuencia no pasan por proveer información fidedigna sino por la habilidad para comunicar e informar sesgadamente sin que los destinatarios de la información lo perciban o, si lo percibiesen, no les importase. Quienes así informan no explicitan la significación e implicancia de los contenidos que abordan sino que practican una suerte de propaganda encubierta, valiéndose para sus fines de conocimientos de psicología social y, en particular, de psicología de masas. Esta situación se agrava en presencia de una fuerte concentración mediática que hace valer su hegemonía para condicionar fuertemente la toma de decisiones públicas y privadas. Este dominio sobre la conformación de la opinión pública mayoritaria y, por ende, sobre la nube de expectativas, se complementa con la cooptación que los sectores privilegiados ejercen sobre buena parte de los partidos políticos, el sistema judicial, el sistema educativo y las usinas de pensamiento estratégico que, al tornarse adictas a sus intereses (por convicción o por financiamiento) dan una cobertura ideológica y valorativa a las expectativas que se desea imponer.

El condicionamiento de la comprensión y del libre albedrío

Por cierto que la nube de expectativas no surge exclusivamente de la manipulación informática puesto que cada quien posee su propia capacidad para intentar comprender procesos y su libre albedrío para determinar preferencias y decidir como accionar. Solo que la comprensión y el libre albedrío emergen condicionados por una cantidad de factores, uno de ellos la nube de expectativas en la que estamos sumergidos (o nos sumergen). Desde una perspectiva democrática la forma de alterar este círculo vicioso pasa por un trabajo ético y político, individual y social, de permanente esclarecimiento de todos nosotros que ayude a modificar la correlación y movilización de fuerzas que lo hace posible. Es un esfuerzo que acompaña la condición humana desde larga data y que generación tras generación muchos asumimos como propio.

Deja un comentario