Maldades y esperanzas en el acontecer de la humanidad

En más de una ocasión, las democracias son tomadas por asalto aprovechando los defectos del sistema. Sus autores se sirven de los métodos democráticos para ganar el poder y, después de conquistarlo, deniegan a sus adversarios todos los medios que cuando eran oposición se les había concedido; una vez instalados buscan destruir el devenir democrático. Con ese peligro siempre latente, las democracias bien pueden morir por vía democrática, tanto o mejor que por un golpe o planteo militar. El artículo La estrategia del Behemoth analiza este dramático desafío a la convivencia democrática en términos globales, agregando un foco particular respecto al proceso electoral de los Estados Unidos.

Analistas de las guaridas fiscales estiman que alrededor del 30% de los recursos allí escondidos provienen del crimen organizado, 10% de la corrupción y 60% de grandes corporaciones y personas acaudaladas. Estos últimos operan como actores “honorables” aunque fugan excedentes mal habidos que fueron apropiados a quienes no pudieron protegerse de esa expropiación. En ediciones anteriores Opinión Sur detalló algunos de los mecanismos que llevan a la tremenda concentración de la riqueza y el poder decisional que predomina en el mundo, dejando a grandes mayorías arrinconadas en espacios de dura sobrevivencia. La economía popular hace parte de esos espacios. El artículo Más que asistencialismo apoyo de excelencia a la economía popular explora formas de salir de esa oprobiosa encerrona.

En ese contexto de codicia sin fin, ninguneo de los demás, destrucción ambiental, ocurren hechos aberrantes de matanzas y genocidios, millones de muertos por guerras y dictaduras. Hace 75 años el mundo se estremeció con el lanzamiento de bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, dos populosas ciudades de Japón. El artículo Hiroshima, Nagasaki, nosotros es un lacerante recuerdo de aquellas muertes incluyendo el relato de una sobreviviente que arruga el alma.  

Hasta dónde las maldades. A pesar de ellas rebrota una y mil veces la esperanza que existirá un mundo mejor. En eso estamos; sería un sinsentido doblegarse.  

Cordial saludo

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