Las trampas democráticas: resolverlas profundizando la democracia

Ninguna democracia es perfecta; lo sabemos. Más aún, algunas democracias son muy imperfectas; las sufrimos. Las trampas democráticas aluden a un conjunto de circunstancias que generan o reproducen procesos no deseados al interior de una democracia. Frente a esas trampas no son pocos los que, afectados por la situación y frustados por la inexistencia de cambios, reniegan de la democracia. Otros encaran las trampas democráticas profundizando la democracia. ¿Qué consecuencias se derivan de esta básica opción?

Ninguna democracia es perfecta; lo sabemos. Más aún, algunas democracias son muy imperfectas; las sufrimos. La imperfección democrática alude a una forma de funcionar que no se compadece con postulados democráticos; entraña inconsistencias o contradicciones con la naturaleza de una democracia; implica que existen procesos al interior de las democracias que las desvirtúan. A falta de otra expresión denominamos trampas democráticas al conjunto de circunstancias que generan o reproducen procesos no deseados [[Vale explicitar quiénes “no desean” determinados procesos que se dan al interior de una democracia; podríamos escamotear la respuesta indicando que es la sociedad democrática o la mayoría de su población quienes se pronuncian respecto a esos “procesos no deseados” pero el tema queda abierto y trasciende esa genérica respuesta.]] al interior de una democracia.

Son muchas, diversas y cambiantes las trampas democráticas; en general, no aparecen aisladas sino que varias de ellas suelen estar interligadas o son el resultado de un mismo proceso socioeconómico. Entre otras que los lectores sabrán completar, mencionamos las siguientes:

_ – Gobiernos elegidos democraticamente que se transforman en dictaduras.
_ – Desarrollo económico concentrador que consagra desigualdad y pobreza en el cual ciertos grupos logran establecer, sostener o acrecentar situaciones de privilegio.
_ – Sistema judicial venal donde las influencias sociales, políticas o económicas corrompen la labor de los jueces, los oficiales de justicia y la policía.
_ – Sistemas delictivos agravados, como el tráfico de personas, drogas y armas, que se reproducen al interior de las democracias en ocasiones con la complicidad o negligencia de las autoridades democráticas.
_ – Actos de corrupción que posibilitan a grupos o individuos acceder ilegitimamente a recursos que no les pertenecen.
_ – Manipulación de la opinión pública a través del control oligopólico de la información, de la formación de valores y de la concepción de utopías referenciales.
_ – Sistemas educativos no formadores de mentes libres y democráticas.

Frente a la multiplicidad y envergadura de las trampas democráticas no son pocos los que, afectados por la situación y frustados por la inexistencia de cambios, reniegan de la democracia. En verdad, no es sencillo encarar los problemas desde el interior de un contexto que hizo posible que las trampas emergiesen y se instalasen en la vida democrática. Pero al renegar del sistema democrático se comprometen muchos otros logros que costaron décadas obtener. Concientes de las dificultades pero también de lo que ofrece un orden democrático, la alternativa es superar las trampas profundizando la democracia. En este esfuerzo el dolor y la furia también están presentes pero se asocian con la habilidad y la determinación de proseguir el permanente proceso de mejoramiento democrático. Habrán soluciones inefectivas o futiles pero también otras que lograrán resolver o abatir trampas democráticas específicas. En ciertas coyunturas, como ocurre en la presente gran crisis global, pueden lograrse transformaciones sistémicas que impidan la reproducción de un conjunto de trampas democráticas existentes o que, de aparecer otras nuevas, faciliten sean resueltas por un accionar democrático alerta y efectivo.

Encarando la imperfección democrática

Trabajar para superar gravosas imperfecciones democráticas hace a un aspecto clave del desarrollo político de las sociedades democráticas contemporáneas. Se trata en esencia de concientizar y de movilizar voluntades de modo que puedan superar el accionar de aquellas otras voluntades atrincheradas en el privilegio y la posición dominante generadas por una trampa democrática. Existen pugnas políticas antagónicas cuyo desenlace implica que una fuerza debe doblegar a la otra para resolver la trampa democrática; pero también existen pugnas que logran resolver trampas democráticas alineando fuerzas propias y adversariales a través de hacer converger sus diversos intereses, necesidades y emociones. Esto implicará ceder ciertos aspectos o espacios considerados no esenciales para el objetivo de desmontar la trampa democrática. El riesgo es lograr acuerdos mal estructurados que terminen no pudiendo transformar la dinámica que sostiene la reproducción de la trampa democrática.

Toda propuesta de cambio enfrenta la resistencia de aquellos que ven afectados sus intereses o que creen, en algunos casos infundadamente, que serán afectados. En ocasiones, la resistencia al cambio cumple un rol positivo al desafiar nuestras primeras reacciones, obligándonos a revisar soluciones que hubieran podido ser en un comienzo simplistas o poco efectivas; es que un cambio implica aventurarse hacia un futuro distinto, desconocido, novedoso respecto a lo que hoy existe. De esta forma y sin desearlo, la resistencia al cambio puede ayudar a desarrollar mejores soluciones. En otras ocasiones la resistencia al cambio está tan fuertemente atrincherada en sus privilegios que logra hacer abortar o contener por demasiado tiempo el cambio, represando tensiones que terminan luego expresándose con violencia o a través de intersticios delictivos que atentan contra la seguridad ciudadana y de la democracia como sistema.

Para poder resolver trampas democráticas necesitamos comprender cómo surgieron y se sostuvieron, cuáles son sus verdaderos efectos sociales, económicos, políticos, ambientales pero, además y muy especialmente, nos toca considerar las diferentes opciones que están disponibles para encarar con el mejor resultado posible la resolución de esas trampas. La opción que en definitiva adoptemos tendrá sustento en nuestro conocimiento sobre procesos y tecnologías, en la particular correlación de fuerzas sociales del momento que vivimos, en experiencias similares ensayadas en otras democracias y en nuestra propia utopía referencial que, como tal, orienta nuestras decisiones a pesar que es una realidad eventual en proceso de construcción.

El proceso de resolución de las trampas democráticas

La resolución de trampas democráticas parte entonces de analizar con una visión sistémica las circuntancias que hacen posible su aparición y reproducción. Algunas circunstancias son evidentes, como el juego de influencias económicas y políticas, y otras en cambio más sutiles, como el control ideológico valorativo. Cada conjunto de circunstancias refleja una cierta correlación de intereses, necesidades y emociones, que se traduce en una dinámica socioeconómica mediatizada por formas, modalidades, procedimientos, normas e instituciones que la consagran. Comprender la dinámica de la trampa democrática abre la puerta para identificar soluciones, concebir estrategias para materializar esas soluciones y llevarlas a la práctica a través de adoptar conjuntos de medidas complementarias.

Resolver una trampa democrática significa haber transformado las circunstancias que posibilitaron su existencia. En ese esfuerzo será necesario diferenciar lo relevante de lo subsidiario, desentrañar intereses, tomar en cuenta la perspectiva de los afectados y la diferente visión de estadistas y de operadores, encarar la pugna valorativa. Habrá que ver cómo encarar el egoismo social e individual, la avaricia, la envidia, la codicia, la violencia, y trabajar valores que posibiliten la profundización democrática, como son la cultura del trabajo, el emprendedorismo, la justa compensación por el esfuerzo, la responsabilidad social y ambiental, la solución pacífica de las controversias, la desalienación de nuestra conciencia, la adultez emocional, la firmeza y valentía frente a las amenazas, la cohesión social, la participación política, entre muchos otros.

Dado que toca operar dentro del contexto de las regulaciones democráticas ya existentes, la resolución de trampas democráticas se logra pocas veces a través de un enfrentamiento de “todo o nada” sino, muchas más veces, conquistando puntos de inflexión que logren ir ajustando el rumbo de los procesos. Sin embargo, está claro que cada situación exigirá su propia estrategia de implementación de medidas transformadoras y que habrá ocasiones donde el enfrentamiento frontal terminará siendo inevitable; pero aún en esos casos habrá que escoger cuál es el mejor momento y la forma más adecuada para que la resolución de una o varias trampas democráticas profundice y no perjudique el devenir democrático. Por cierto que no se trata de reemplazar una trampa por otra, o un fundamentalismo por otro de signo contrario, sino posibilitar que en el transcurso de ese esfuerzo de mejoramiento democrático cada individuo y cada organización puedan desarrollar o fortalecer su propia conciencia democrática. .

Crisis como oportunidad para resolver trampas democráticas

En este 2010 que comienza estamos transitando diferentes y apuradas salidas de la crisis global. Algunas buscan reconstruir el mundo de pre-crisis en lugar de transformarlo; otras salidas procuran implantar un mejor rumbo sistémico. El mundo de pre-crisis contenía una diversidad de trampas democráticas tanto en el sistema financiero que fue quien gatilló la crisis, como en otras dimensiones del tremendo proceso de concentración de la riqueza que caracterizó las décadas que precedieron e hicieron posible la gran explosión. La pugna de intereses y perspectivas determinará, a nivel global, nacional y local, si se ajustará para bien de todos o de algunos nuestro rumbo y forma de funcionar.
 
En la anterior edición de Opinión Sur señalamos que nuestra audacia e inteligencia merecen un mejor destino que el lucro, la destrucción social y ambiental, la alienada felicidad sustituta donde nos ocultamos; que estamos lejos de haber logrado procesar y otorgarle sentido al torrente de información al que subitamente hemos accedido; que pareciera que el alud de noticias, de conocimientos, de múltiples relacionamientos superficiales, se arremolinase para aumentar nuestra vulnerabilidad a la manipulación, a la homogeneización del pensamiento, a la pérdida de orientación estratégica.
 
Pero aún inmersos en esa marea creemos que es posible transformar la salida de la crisis en oportunidades para profundizar nuestras democracias. No es tarea fácil alinear intereses tan diversos y muchas veces encontrados pero habrá que hacerlo; nos toca erguirnos por sobre la confusión y adoptar medidas basadas en una nueva utopía referencial que sirva de norte a todos; plantear grandes proyectos movilizadores capaces de darle orientación y significación a las múltiples acciones. Es en verdad llamarnos otra vez a la acción, a un modo de actuar con vigor y compasión, con creatividad y firmeza, aplicando el impresionante conocimiento contemporáneo que hemos acumulado, y que sigue creciendo en forma exponencial, sin dejar rezagados o excluídos. Con los recursos que hoy existen esto es posible; habrá que ver si nuestros valores, determinación y los liderazgos que sepamos ayudar a emerger orientarán el rumbo en esa dirección. Convocatoria ecuménica surgida en múltiples lugares y actores que en lo individual sólo puede emerger del agredido interior profundo de cada uno de nosotros.

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