Las Dos Tendencias: Un esbozo de interpretación

Multi-polaridad y rebelión son dos tendencias que se cruzan y separan en el mundo de hoy.  Se manifiestan en dos planos distintos pero superpuestos: el geopolítico y el social.  Es importante señalar las respectivas características.

-I-

En el mundo actual se perfilan dos tendencias generales en planos distintos y superpuestos.  A veces se separan, y a veces se tocan.  Ambas tendencias son anárquicas.  Ambas desbaratan las presunciones con las que hemos vivido durante varias décadas.

La primera tendencia se sitúa en el plano geopolítico propiamente dicho.  Hace a las relaciones fuerza/espacio entre estados que por el momento parecen sólidamente constituidos.  Tres sobresalen y son centros de imperios: Los Estados Unidos, La República Popular China, y la Federación Rusa.  A la saga siguen la Unión Europea que no logra consolidarse, Japón, India, y los países de la periferia económica y militar en varios continentes.  En este plano la tendencia es clara: en treinta años se ha pasado de la bipolaridad a la unipolaridad, y luego a la multipolaridad. 

La tendencia es anárquica porque no se ha encontrado un equilibrio estable en la troika de poderes que reemplace al viejo equilibrio nuclear-bipolar de la Guerra fría, o al posterior equilibrio de dominación incontestable norteamericana.  Hoy China avanza, los EEUU retroceden, y Rusia provoca.  No existe un árbitro que regule o morigere la competencia entre los tres.  Por lo tanto, el campo geopolítico se perfila cada vez más como inestable e impredecible, no sólo para el observador externo sino para los propios actores.

En materia de relaciones inter-estatales, las tácticas oportunistas y de corto plazo han reemplazado a las estrategias. El  creciente autoritarismo en estas tres potencias (sin citar la proliferación de regímenes autoritarios en otros países) exacerba la tendencia anárquica. 

La relación entre dictadores es mucho menos estable que un orden internacional que opera como marco de relaciones entre potencias.  Toda dictadura se enfrenta no sólo con resistencia y hasta con una rebelión, sino con problemas típicos de su estructura y dinámica, entre ellos: la dificultad en asegurar la sucesión, la dificultad de obtener buena inteligencia a causa de la obsecuencia que la rodea, el carácter arbitrario de las decisiones, la dependencia excesiva en relaciones interpersonales al mas alto nivel, y la primacía del interés personal en el frente político interno por sobre toda estrategia de largo plazo. 

De las tres potencias,  China y Rusia tienen dictaduras plenas; los EEUU una dictadura a medias y probablemente de mas corta duración. Las tres se se proclaman, por supuesto, “democráticas.”

-II-

La segunda tendencia es de carácter sociológico, aunque su interpretación por el momento está dominada por un discurso economicista (indicadores de crecimiento bruto y per cápita, evolución de precios, índices de desigualdad, etc.).  Para caracterizarla podemos recurrir a un viejo concepto de Ortega y Gasset (pero no su interpretación): la rebelión de las masas.  Hagamos un repaso de sus principales características dentro del panorama confuso que presentan. 

Las manifestaciones de hoy en día se distinguen de las manifestaciones históricas anteriores en su modo de aparecer y en su modo de actuar. 

Las manifestaciones son más espectaculares y persistentes, con una gama amplia de tácticas, que va desde la desobediencia civil a la violencia.  Las respuestas de la fuerza pública son también distintas: al mismo tiempo desconcertadas y más brutales.

Se han multiplicado las manifestaciones en todos los rincones del planeta y atraviesan la jerarquía de poder entre los países implicados. También son transversales a la estructura social interna de esos países. 

Aquí las dos tendencias –la geopolítica y la social—parecen disociarse y al mismo tiempo imitarse.  La rebelión de las masas puede darse de un momento a otro, en cualquier parte, por motivos diversos.  Un aumento del pasaje del transporte, una eliminación de subsidios, el aumento de los impuestos a la gasolina o el simple anuncio de una reforma jubilatoria, son algunas de las causas inmediatas de la movilización popular.  Son el detonante de prolongadas protestas en las calles, sobre un trasfondo de graves fisuras estructurales no resueltas.

El teatro de las protestas es fundamentalmente urbano.  Coincide con la gran tendencia demográfica universal a la concentración de las poblaciones en grandes ciudades.

Las manifestaciones son acéfalas.  Carecen de un liderazgo definido, ni individual ni colectivo.  Hay sí intervención oportunista de provocadores internos y externos.  No hay canales de encuentro y negociación.   Cuando un gobierno o cualquier detentor de poder quiere negociar con la masa rebelde no encuentra interlocutores fijos.

Predomina la protesta sobre la propuesta.  Los manifestantes se ven motivados por el rechazo al orden existente pero sin una clara visión de alternativas.  Se suceden los motivos protesta para mantener una movilización cuyo principal objetivo es hacerse sentir frente a la marginalidad y el olvido.

Los partidos y las organizaciones laborales existentes han perdido legitimidad.  Existe una total crisis de representación.  Los partidos y las organizaciones tradicionales a su vez se sienten desorientados y aislados, incapaces de hacerse oír y de articular la protesta social.

La violencia se vuelve una forma de comunicación y de auto-representación de grupos cuya inserción social (productiva u otra) se ha vuelto tenue y precaria.  Estos grupos han pasado del status de proletariado al de precariado (marginalidad).  La disrupción es el medio principal de hacerse oír.

La propia disrupción anárquica desorienta a las fuerzas de represión, creando una asimetría de poder no tradicional.  Los nuevos medios de comunicación social facilitan el carácter masivo, múltiple y difuso de la rebelión.

La disrupción se alimenta a sí misma y se vuelve muy prolongada, pero sin destino claro o positivo.

La rebelión es asimétrica en otro sentido: a veces logra tumbar gobiernos pero no logra tomar el poder.  En este sentido está muy distante de ser una revolución en el sentido clásico del vocablo.  El reemplazo es con frecuencia un retorno al status quo ante.

Hay otra asimetría en la rebelión.  Por una lado se observa una gran sofisticación en los medios de comunicación y acción.  Por otro lado, se observa una carencia de organización y liderazgo para efectuar el cambio social sostenible.  Redes sociales y videos sí; equipos para trabajar en el reemplazo, no.  No hay ni partidos multitudinarios ni partidos de vanguardia que orienten la rebelión.

Del otro lado de las barricadas, los poderes establecidos que se ven sitiados por la protesta no logran negociar, se ven aislados, y son presa de interpretaciones simplistas y fuera de lugar (teorías conspirativas, infiltraciones externas, delincuencia y locura, etc.), y sólo atisban a aumentar la represión, que es al mismo tiempo violenta e ineficaz.

-III-

Veamos ahora cómo se cruzan las dos tendencias.

Frente a la rebelión (inorgánica) de las masas, los detentores de poder, orientales u occidentales, de izquierda o derecha, gobiernos democráticos o autoritarios (las dicotomías heredadas cuentan cada vez menos), dirigen su atención prioritariamente hacia el frente interno, y desatienden el pensamiento y el desarrollo de estrategias externas frente a otros poderes estatales o no gubernamentales. 

Hay simultáneamente una crisis de gobernabilidad y un impasse estratégico, es decir un aumento de la anarquía en el orden interno e internacional.  Esta doble crisis refleja a su vez, el estado anómico de la sociedad contemporánea, caracterizado a mi juicio por una tendencia simultánea a la distracción y a la explosión.

El mundo espera, y por el momento no encuentra, formas nuevas de representación sostenida como antesala de nuevas formas de organización social.

Entretanto, si el lector desea sondear las profundidades de la sicología social, sugiero que empiece por leer o releer el ensayo especulativo de Freud,  El malestar en la cultura, y trate de poner al día aquella reflexión.

“A mi juicio, el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta qué punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción. En este sentido, la época actual quizá merezca nuestro particular interés. Nuestros contemporáneos han llegado a tal extremo en el dominio de las fuerzas elementales que con su ayuda les sería fácil exterminarse mutuamente hasta el último hombre. Bien lo saben, y de ahí buena parte de su presente agitación, de su infelicidad y su angustia. Sólo nos queda esperar que la otra de ambas «potencias celestes», el eterno Eros, despliegue sus fuerzas para vencer en la lucha con su no menos inmortal adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?”

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