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La utopía del Fideicomiso Dignidad

¿Quiénes concentran riquezas y el consecuente poder decisional estarán dispuestos a ceder sus privilegios graciosamente? ¿Lo harían si entendiesen que la humanidad ha sido encajonada en un callejón sin salida de imprevisibles consecuencias? ¿Podría alguna vez primar una responsabilidad existencial alejada de la codicia sin fin, el destructivo egoísmo, el permanente maltrato al Planeta?

El mes pasado nos dirigimos a los ocho hombres cuyos patrimonios igualan el patrimonio de 3600 millones de personas del planeta preguntando si estarían abiertos a aportar una parte significativa de sus activos a un Fideicomiso Dignidad orientado a sostener la dignidad de esa enorme mayoría de la humanidad y a asegurar la preservación del planeta.

Estábamos y estamos conscientes que la probabilidad de ser escuchados es mínima o nula. ¿Dónde se ha visto que quienes concentran riquezas y el consecuente poder decisional estén dispuestos a ceder sus privilegios graciosamente? ¿Lo harían si entendiesen que la humanidad ha sido encajonada en un callejón sin salida de imprevisibles consecuencias? ¿Podría alguna vez primar una responsabilidad existencial alejada de la codicia sin fin, el destructivo egoísmo, el permanente maltrato al Planeta? Quizás ayudase si liderazgos con credibilidad convocasen a diálogos donde ésta u otras iniciativas con similares propósitos pudieran ser consideradas.

Vale explicitar que el propuesto Fideicomiso Dignidad no apunta a demoler la realidad existente sino transformarla en base a otro tipo de dinámica económica bien diferente a la que predomina en el mundo contemporáneo. Sus implicaciones serían múltiples.

Destaquemos algunos de los más significativos rasgos de la iniciativa:

  • Su propósito fundacional es defender la dignidad de la mitad más pobre de la población mundial y la preservación del planeta.
  • Esto se plantea sin destruir entramados productivos existentes sino transformando su sentido y significación a través de transferir la propiedad de activos estratégicos (acciones y títulos diversos) al Fideicomiso Dignidad. Esto ayudaría a transformar la racionalidad de maximizar el lucro sin considerar sus consecuencias sociales y ambientales que hoy guía y organiza el accionar económico.
  • Los activos transferidos al Fideicomiso Dignidad generarían un flujo permanente de recursos que se aplicarían para respaldar múltiples iniciativas específicas en apoyo a los sectores empobrecidos de la población mundial y al cuidado del planeta.
  • La estructura de propiedad y la gobernanza del Fideicomiso se establecerían de modo de asegurar la permanente vigencia del mandato por el que fuere conformado.
  • No sería necesario ni conveniente generar una burocracia administrativa ya que el cambio de orientación y funcionamiento a nivel del Fideicomiso Dignidad y de las iniciativas que se apoyarían podría lograrse con la designación de probos representantes en los Consejos Directivos de las empresas, fondos de inversión, holdings y otros activos que les fueran transferidos. Su desempeño y el de las iniciativas auspiciadas debería ser supervisado en tiempo real con un apropiado sistema de seguimiento y monitoreo.
  • Estos representantes tendrían el ineludible mandato de hacer valer los objetivos del Fideicomiso Dignidad en el funcionamiento de las entidades en cuyos Consejos Directivos participan. Es ésta una crítica función para dar paso a actores económicos de nuevo cuño, algunos novedosos en cuanto a concepción y estructuración y otros surgidos de actores existentes pero transformados sus propósitos, estructuras de propiedad y racionalidad.
  • Es que ya no resiste el mundo que la producción y la economía como un todo se organicen en función de maximizar el lucro de una exigua minoría que deviene cada vez más rentista y especulativa. Un crítico desafío de este siglo XXI es subordinar la economía al bienestar general y el cuidado del planeta y, en ese sentido, el establecimiento de un Fideicomiso Dignidad (o varios si fuera el caso) constituiría un avance significativo en esa dirección.
  • El grupo inicial de aportantes al Fideicomiso podría conformarse como Consejo Asesor para promover que se sumen otros aportantes que ellos ayudasen a movilizar.
  • Los aportantes al Fideicomiso no sólo contribuirían cediendo activos de sus patrimonios sino además con su talento, creatividad, experiencia y relaciones. No se trata de sólo canalizar recursos sino también esos otros críticos atributos y habilidades.

Este tipo de Fideicomiso con el mandato que se le asigna no agota por sí mismo la necesidad de transformar el rumbo y forma de funcionar de los países pero podría ayudar a explorar nuevos, diferentes, mucho más responsables senderos de desarrollo. Si sirviese para abrir nuevas avenidas de pensamiento y de construcción de mejores opciones, incluso alentando a que otras soluciones más sistémicas pudieran emerger, su misión se hubiese cumplido.

Ya señalamos que nunca antes Opinión Sur se había dirigido a quienes más se han favorecido con los procesos de concentración. Esta invocación a que ejerzan su plena responsabilidad con lo que sucede en el mundo hace pare de una importante aunque descuidada dimensión de las utopías referenciales que venimos planteando. Ojala aquellos que han acumulado enormes riquezas sepan actuar voluntariamente antes que forzados por la naturaleza severamente agredida y las legítimas aunque imprevisibles reacciones de los miles de millones de seres que siguen siendo victimizados económica y culturalmente.

Una reflexión final. Sería ingenuo creer que con el establecimiento de uno o varios Fideicomisos Dignidad habríamos transformado la forma concentradora de funcionar que predomina en casi todos nuestros países. Sin duda esos fideicomisos representarían avances significativos en esa dirección y tienen valor en sí mismos. Sin embargo, su aporte se agigantaría en un contexto de revisión de los mecanismos de extracción de valor que sustentan y reproducen la concentración económica, y su correlato en cuanto a concentración de las decisiones. Para lograrlo, el accionar debiera llevarse a nivel de las políticas públicas y orientarse a transformar aspectos centrales que hacen a la matriz productiva, las cadenas de valor, el sometimiento cultural, la legitimidad de quienes nos representan, la inestabilidad de los sistemas causada por el castigo a la Madre Tierra, las tremendas desigualdades, el libertinaje de la corrupción y la impunidad de los poderosos. Todas cuestiones que permean sobre valores de codicia sin fin, voracidad consumista, destructivos egoísmos, el “qué me importan los demás”. No son pocas las reflexiones sobre el fangoso sustrato del presente devenir; alientan a concebir otras formas de ser y de vivir en sociedad. Somos conscientes que podemos avanzar, sea a pasos largos o cortos. Es en ese contexto de búsqueda que se inscribe la propuesta Fideicomiso dignidad.

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