La penosa recomposición del tablero geopolítico

En inglés la expresión es “Do not throw the baby away with the bath water.”  En español la expresión sería “Que no se te vaya el bebé por el desagüe.” Se aplica a aquellos casos en que la eliminación de algo indeseable acarrea consecuencias aun peores que lo que se quiere corregir.

Convivencia y alternancia son características centrales de la democracia moderna.   Hoy ambas están en franco retroceso.  Como el modelo predominante de la democracia contemporánea se originó en Francia y en los países anglo-sajones  –el Reino Unido y los Estados Unidos—y estos últimos han sido el epicentro de la actual globalización, con el rechazo creciente de ésta –sobre todo a causa de sus fallas estructurales y de sus excesos—la democracia también ha perdido una buena cuota de legitimidad. 

La contribución positiva de la democracia a la convivencia humana es la siguiente: es un proceso largo y sostenido, con altibajos, de sustituir el poder arbitrario de unos pocos por uno mas amplio y justo, y garantizar la participación popular en esa sustitución, de manera sistemática.  Para frustrar la arbitrariedad del poder y el monopolio de la dominación, la democracia moderna instituyó entre otros, dos procedimientos clave: el compromiso inter-partidario y la alternancia regular en el poder. 

Tal sistema se deshace cuando uno de los partidos monopoliza el dominio y pretende eternizarse en el poder, confundiendo la parte por el todo.  Como “no hay mal que dure cien años” los sistemas de partido único (o súper-dominante) eventualmente se agotan o bien en el desorden o bien en el paso abrupto al otro extremo.  Surge entonces una alternancia perversa, de tipo pendular, entre dos polos extremos.[1]  En estos tiempos, América Latina está sufriendo esta alternancia bipolar, entre un cuasi o seudo socialismo popular y un régimen de derecha extremo pero también con visos populistas o seudo-populistas.[2]  Ambos usan el sistema democrático como medio y no como fin, es decir, como un andamio para llegar al monopolio del poder –pero no lo logran. 

Desde un punto de vista geopolítico, tal oscilación pendular retrasa el desarrollo y favorece los rasgos negativos de uno y otro polo.  A mediano y largo plazo la oscilación debilita la soberanía nacional y regional, a pesar de la pretensión de cada uno de los bandos de hacer lo contrario. En cambio, un sistema democrático de alternancia y compromiso no asegura, pero sí favorece, no sólo el desarrollo económico[3], sino también el desarrollo de la convivencia civil.

Países y regiones sin mucho poder que no logran consenso, unidad y solidaridad a través de un manejo sabio del compromiso y la alternancia, se vuelven peones en el tablero mayor de la pugna de potencias externas.  En la actualidad tal es la tragedia –con distintas modalidades y en distintos actos—tanto de Europa como de América Latina.  Por ejemplo: la cerril obcecación de una buena parte de la población inglesa por lograr una soberanía fuera de Europa (en vez de reforzar una soberanía regional europea) es caso elocuente de un nacionalismo suicida.

Por el contrario, la actual campaña  del presidente francés consiste en subrayar el peligro de la tentación nacionalista para una unidad continental que considera, con razón, como indispensable para tener peso y voz en el mundo.[4]  La unidad de Europa está en peligro[5].  Si la Unión Europea desaparece el destino del continente es la sumisión a potencias extra-regionales.

El caso de América Latina es mas preocupante aun.  La oscilación pendular de regímenes de izquierda a regímenes de derecha ha inaugurado una nueva década posiblemente perdida de desarrollo y de justicia. En  términos de Hegel y de Churchill, la oscilación pendular condena a nuestros países a consumir mal una historia que producen otros.[6] Son peones en tablero ajeno, o, para decirlo en criollo, países que corren de una vereda a la otra “como perro en cancha ‘e bochas.”[7]

Las potencias externas que han de jugar con estos peones tienen tres características principales: son (1) fuertes, (2) viables por el momento, y (3) muy poco agradables –a saber, unos Estados Unidos ensimismados y belicosos, una Rusia que se ha vuelto un petro-estado despótico, y una China productivista, autoritaria, y neo-colonialista.  Los tres son nacionalistas y juegan en varios tableros: el clásico tablero del “Gran Juego” en Asia Central[8], el tradicional tablero explosivo de Medio Oriente, el  nuevo tablero de un África desarrollista[9], y los tableros secundarios de Europa y América Latina, con escaramuzas en el sudeste de Asia y al sur del Rio Grande.  El lector no tiene mas que recorrer estos tableros para percatarse que la tercer guerra mundial  –anárquica, dispersa, multidimensional–  ya está en curso.

Cabe hacer algunas observaciones sobre las potencias y los tableros.  En mi primera caracterización las llamé “fuertes.”  Esa fuerza varía de caso en caso pero en todos ellos es el resultado de ciertos vectores, a saber: un vector demográfico en el caso de Asia (un tercio de la población mundial) y de menor significación en el caso norteamericano (6% de la población mundial), pero compensado hasta hace poco por un buen flujo inmigratorio (hoy en crisis) y una ubicación geográfica privilegiada, bioceánica, con una gran superficie de clima templado y relativamente aislada. 

Otro vector es la innovación tecnológica, en el que los Estados Unidos llevan la delantera.  Una gran parte de la lucha inter-potencias se jugará en este tablero en tres dimensiones: invención, aplicación, y escala, cada una de distinto peso según las potencias y distinto modelo de participación entre el sector público y el privado (la pugna por el dominio de la plataforma 5G y la inteligencia artificial es el ejemplo mas vistoso). 

Un tercer vector es el poderío militar, en el que las apariencias engañan.  Por ejemplo, la enorme superioridad bélica norteamericana es sorprendentemente ineficaz en su función ostensiva, que es ganar guerras (no lo logra), pero eficaz en sus funciones latentes o disimuladas (sostenimiento del empleo público, inversión tecnológica de alta gama y gran escala).  Es un modelo de capitalismo de estado –a diferencia del chino–  sui generis y disimulado.  Por su parte, las potencias rivales son capaces de desafíos asimétricos que paralizan a su adversario superior y compensan sus propios flancos débiles.[10] 

El cuarto y último vector es cultural.  La tradicional ventaja occidental (sobre todo norteamericana) está cambiando por causas internas y externas.  Estas están ligadas justamente al surgimiento de un “nacionalismo”  que tiene poco que ver con los nacionalismos retrógrados europeos estilo húngaro,  o el nacionalismo  bochinchero norteamericano estilo Trump.  Este último lleva a los Estados Unidos a abdicar su otrora vocación universalista y evangelizadora.  Es sin duda un retroceso del llamado soft power –mayor imposición y menor seducción. 

Al contrario, las grandes potencias rivales reivindican cada vez con mas ahínco su particularismo cultural sempiterno y masivo.  Se trata de un nuevo nacionalismo que no se limita al estado-nación tradicional[11] ni se somete al universalismo occidental, sino que encuentra su expresión en lo que podemos llamar un “nacionalismo de civilización” –por ejemplo “civilización hindú,” “civilización china,” y “civilización eslava.”  Por consiguiente, el modo de expansión de estas potencias no es, como sucedía otrora con el imperialismo occidental, moralizador e incluyente, sino mas respetuoso de otras culturas pero al mismo tiempo mas jerárquico (‘no nos imiten porque somos superiores’) y tributario (‘podemos ayudarlos a ser Uds. mismos pero a cambio de un tributo material definido por nuestros intereses’). 

Detrás de la serenidad y el aplomo de Oriente hoy asoma en el mundo un tipo distinto de arrogancia.

Cuando al primer Primer Ministro Hindú  Jawaharlal Nehru le preguntaron qué pensaba de la civilización norteamericana, respondió con una amplia sonrisa:  “Creo que sería una buena idea.”

“¿Cuáles cree Ud. han sido las consecuencias de la Revolución Francesa?”  preguntó Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado norteamericano a Chou En-Lai, Primer Ministro Chino, en 1971, cuando se paseaban por un jardín.  Luego de una pausa reflexiva,  Chou le respondió: “No lo sé.  Todavía es muy pronto para sacar conclusiones.”

Conclusión: en cada coronación papal, el maestro de ceremonia del Vaticano se postra tres veces frente al Pontífice y le recuerda, entre humos de incienso: «Pater Sancte, sic transit gloria mundi!» (“Santo Padre, así pasa la gloria de este mundo!”)


[1] Mi primer intento de aplicar este esquema al desarrollo argentino se publicó bajo el título The Fitful Republic. Economy, Society, and Politics in Argentina (Denver: Westview Press, 1985). Ver: http://journal.telospress.com/content/1985/65/178.abstract

[2] El populismo, de uno u otro signo, es en realidad una máscara que disfraza otras carencias.

[3] Como sostengo en mi libro Strategic Impasse (2018), también en materia económica es posible lograr compromisos y mezclas sostenibles de capitalismo y socialismo.

[4] Victor Mallet, “Macron in drive to head off EU nationalists,” Financial Times, 5 March 2019, p.2.

[5] Pero ojo: los nacionalismos europeos no son causa, sino consecuencia de errores estratégicos en el diseño de la Unión Europea.  Ver Juan E. Corradi,  Why Europe? The Avatars of a Fraught Project: https://www.amazon.es/Avatars-Fraught-Project-Opinion-Collection-ebook/dp/B00CYQP2FG

[6] En 1831 Hegel veía a América Latina con un desprecio típicamente europeo: “América ha demostrado siempre en ella misma ser impotente física y psíquicamente, y así ha permanecido hasta hoy.”  En 2019 le toca a la misma Europa compartir ese destino. Sin embargo el juicio no tiene porqué ser perentorio.

[7] Una milonga de Aníbal Troilo lleva ese título y se refiere al tráfico urbano:

De una vereda a la otra
de asombro en asombro vivo;
cuerpeando los colectivos
como perro en cancha ‘e bochas.

[8] https://documentop.com/china-en-asia-central-el-nuevo-gran-juego_59fc4c8f1723ddad6dddfa7c.html

[9] Recomiendo la presentación del juego chino en África en https://www.lemonde.fr/international/video/2019/02/22/pourquoi-la-chine-investit-l-afrique_5427046_3210.html

[10] Andrew E. Kramer, “Russian General Pitches ‘Information’ Operations as a Form of War,” The New York Times, 2 March 2019.

[11] Gideon Rachman, “The rise of the civilization state,” Financial Times, 9 March 2019, p.9.

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