La dominación se transforma permanentemente

La dominación y el sometimiento han existido desde épocas ancestrales con fases de impiadoso salvajismo y otras más moderadas. La dominación se transforma con el tiempo y el cambio de circunstancias, pero pocas veces ha sido eliminada por completo. ¿Es esto inevitable? ¿No hay forma de quebrar esa nefasta trayectoria histórica particularmente en esta fase del llamado “realismo capitalista” que, como siempre, se declara eterno e inamovible?  Hay quienes creen que lo que se plantea como imposible puede tornarse posible.  

La tendencia secular ha sido que un tipo de dominación ha dado paso a otros tipos sucesivos o simultáneos de dominación. En fases de fuertes sacudones sistémicos los grupos dominadores fueron reemplazados por otros nuevos dominadores mientras que en transiciones débiles los mismos grupos dominantes o sus descendientes se mantuvieron como dominadores. En todos los casos, como un inexorable común denominador, la dominación es ejercida por poderosas minorías.

Con frecuencia esas poderosas minorías se imponen directamente por la fuerza represiva que controlan pero otras veces lo hacen erigiéndose como defensoras de engañadas mayorías. Son múltiples y diversas las formas de dominación y generalmente se superponen varias sobre un mismo territorio.

Las fuerzas hegemónicas (hoy en día poderosos grupos financieros) ejercen su dominación sobre el conjunto global o nacional pero cuentan con complicidades locales que consagran esa dominación. Son actores locales erigidos en cómplices quienes, de una forma consciente o inconsciente, voluntaria o forzadamente, ayudan a materializar la dominación hegemónica

Generalmente, la dominación somete a grandes mayorías colonizando sus mentes. Esto es, las minorías se aprovechan de la ingenuidad, la ignorancia o la desinformación de ciertas mayorías sometiéndolas de la manera más ruin que existe: moldeando la subjetividad de individuos y de grupos sociales de modo que no reconozcan sus propios intereses y valores de solidaridad para con los demás, y adopten como suyos los intereses y valores de quienes los someten. Para ello, quienes dominan deben apropiarse de medios y mecanismos a través de los cuales es posible moldear subjetividades: entre otros, medios masivos de comunicación, redes sociales, sistema educativo, usinas de pensamiento estratégico (think tanks), buena parte de partidos políticos, la justicia y organizaciones de la “sociedad civil”. Utilizando su poder económico y las influencias que de ahí se derivan alcanzan su objetivo.

Resistir y doblegar la dominación

La dominación no es eterna e inamovible como procuran hacer creer los dominadores para disuadir la resistencia y evitar que pueda ser doblegada. Plantean como imposible lo que puede tornarse posible.  En más de un sentido la historia de la humanidad no es sino la historia de la desaparición de imperios o sistemas que se creyeron eternos.

Existe una diversidad de acciones y estrategias para resistir y doblegar la dominación, entre las que vale destacar la estratégica acción de esclarecimiento y organización social. Un esforzado trabajo para esclarecernos y ayudar a esclarecer a segmentos mayoritarios de la sociedad y, en ese proceso, robustecer y articular los principales movimientos sociales de modo de movilizar  voluntades mayoritarias opuestas a la dominación.

Se trata de una lucha desigual si fuese encarada en los términos y circunstancias impuestas por los dominadores pero que es posible nivelar utilizando fórmulas alternativas de actuación. Esas modalidades alternativas de accionar no se encuentran en recetario alguno, a pesar que con frecuencia las mayorías oprimidas añoran encontrar recetas mágicas para salir del encierro al que fueron condenadas. Lo penoso es que montados en esos profundos anhelos aparecen los embaucadores de siempre proponiendo visiones simplistas de aparente contundencia; no son sino cantos de sirenas para camuflar engaños y traiciones.

Las estrategias transformadoras exitosas han sido siempre singulares, realizadas aprovechando al mismo tiempo las fortalezas latentes en los segmentos mayoritarios (diversas según países, fases y sociedades) y las tensiones, codicias y contradicciones que se producen al interior del poder hegemónico, muchas derivadas de las propias tendencias concentradoras que generan turbulencias, inestabilidad y eventuales crisis, antes sectoriales o regionales y ahora cada vez más globalizadas. Algunas de esas estrategias fueron publicadas como artículos en Opinión Sur y otras como libros.

Pugna cultural

La cultura social no es plana, homogénea ni inmune a absorber modalidades novedosas para alterar la correlación de fuerzas predominante. De eso se trata, de conformar un contra poder capaz de neutralizar el accionar del poder hegemónico creando condiciones sociales y políticas para posibilitar otro rumbo y forma de funcionar de países y localidades.

Como la dominación ha adquirido un definitivo carácter sistémico y es liderada por grupos financieros de escala global, se impone establecer relaciones de coordinación y cooperación con otros movimientos nacionales y locales que también buscan desprenderse del yugo que cubre al planeta todo, cuidando siempre de aceptar la diversidad de modalidades de actuación que cada situación exige.

Por siglos los distintos tipos de dominación fueron esclavistas, extractivos de los recursos de los sometidos, utilizando ventajas comerciales, de transporte, tecnológicas, de información y poder militar. Con el tiempo se fue conformando una arquitectura institucional de organismos internacionales dedicados a preservar el orden establecido por países centrales. De esas capas de dominación y sometimiento fue emergiendo una clase financiera globalizada que, enancada en impresionantes innovaciones comunicacionales y de desarrollo científico y armamentístico, se erigieron en timoneles de la marcha de la humanidad. Es conocido el desaforado proceso de concentración de la riqueza y el consecuente poder decisional que prima en el mundo.

Desde los intereses de la clase financiera dominante se irradian nefastas influencias sobre la geopolítica y la amistad entre naciones, la fragmentación social y la carrera armamentista, la subordinación del conocimiento científico al objetivo de lucrar con la salud (medicamentos y equipamientos de punta aplastando la medicina humanista/no clientelar), el uso y abuso de destructivas modalidades productivas (con agroquímicos que contaminan poblaciones, suelos y aguas, acelerada robotización para apropiarse de aún mayores tasas de ganancia) y tantas otras dimensiones de la vida contemporánea. Se nos ha impuesto la preeminencia del mundo financiero sobre el de la economía real, el lucro egoísta sobre el bienestar general.

Esa ínfima minoría de poderosos grupos económicos sigue apropiándose de la mayor parte de la riqueza que existe en el mundo y con ello de los mecanismos que mantienen la dominación como son los motores que hoy generan y reproducen la concentración.

Es una marcha casi suicida de dominación social y destrucción ambiental, muy difícil que pueda sostenerse sin cambios porque encierra enormes fuerzas desestabilizadoras en lo económico y lo político. La revolución comunicacional utilizada para someter moldeando las subjetividades, esterilizando el albedrío, manipulando la opinión pública con engaños, mentiras, imposición de creencias, inoculación de valores, deja grietas más permeables que las cárceles de ladrillos y el terror que impone la opresión.

No faltan esperanzas ni sendas liberadoras; conscientes, eso sí, que los dominadores nunca regalan el poder que detentan y saben cómo ajustarse a nuevas circunstancias reformadoras y aun revolucionarias. Seguirán empleando el engaño y la mentira, expandiendo incredulidades, desesperanzas y el cruel cinismo que reemplaza el involucramiento y el compromiso, como bien señalaba Nietzsche.

 

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